lunes, 2 de septiembre de 2019

Resumen del libro "Breve historia de la Economía", de Niall Kishtainy (2017)

Resumen del libro "Breve historia de la Economía", de Niall Kishtainy (2017)

Resumen original y actualizado en el siguiente link:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2019/09/breve-historia-de-la-economia-de-niall.html

Resumen elaborado por E.V.Pita (2019), doctor en Comunicación y licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, historia de la Economía, pensamiento económico, teoría económica

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Ficha técnica

Título: "Breve historia de la Economía"

Título en inglés: "A Little History of Economics"

Autor: Niall Kishtainy, 2017

Edición en español: Malpaso Holdings SL, Barcelona, 2019

Número de páginas: 337

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Biografía oficial del autor Niall Kishtainy  (hasta el 2019)

Niall Kishtainy es profesor de Historia de la Economía en la London School of Economics y autor de The Economics Book y Economics in Minutes. También ha sido asesor de política económica del Gobierno del Reino Unido y de la Comisión Económica para África de las Naciones Unidas.

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Texto de la solapa

¿Cuáles son las causas de la pobreza? ¿Son inevitables las crisis cíclicas en una economía de mercado? ¿Es beneficiosa la intervención del Estado en la economía o, por el contrario, es fuente de problemas? Aunque las respuestas a estas preguntas básicas nos conciernen a todos, el vocabulario económico puede ser un obstáculo para muchos. Breve Historia de la Economía, escrito de forma amena y accesible, está pensado para todos aquellos lectores que quieran iniciarse en la teoría económica, y también para aquellos que, poseyendo ya conocimientos económicos, deseen tener una panorámica de la historia de la Economía y de sus ideas fundamentales".

"Niall Kishtainy inicia al lector en el pensamiento esencial de, entre otros, Adam Smith, David Ricardo, Karl Marx y John Maynard Keynes, al tiempo que desarrolla temas como la invención de la moneda, el auge del capitalismo, la Gran Depresión, la iniciativa empresarial, la economía conductual, la desigualdad y las crisis financieras. Esta obra permite comprender las ideas, fuerzas y dilemas económicos que dan forma a nuestro mundo"

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ÍNDICE

1. Cabezas frías, corazones calientes

2. Cisnes de alto vuelo

3. La economía de Dios

4. En busca del oro

5. La abundancia natural

6. La mano invisible

7. Un encuentro entre el maíz y el hierro

8. Un mundo ideal

9. Demasiadas bocas

10. Obreros del mundo

11. Un equilibrio perfecto

12. Bloquear al sol

13. Las ganancias de la guerra

14. El trompetista ruidoso

15. ¿Coca Cola o Pepsi?

16. El hombre con un plan

17. La presunción de dinero

18. Por el desagüe

19. La destrucción creativa

20. El dilema del prisionero

21. La tiranía del gobierno

22.  El gran impulso

23. La economía de todo

24. Creciendo

25. La dulce armonía

26. Un mundo dividido

27. Llenemos la bañera

28. Un gobierno de payasos

29. La ilusión monetaria

30. La predicción del futuro

31. El ataque de los especuladores

32. Salvando a los desamparados

33. Conocerme, conocerte

34. Promesas rotas

35. Mujeres desaparecidas

36. Mentes en la niebla

37. La economía en el mundo real

38. La locura de los banqueros

39. Gigantes en el cielo

40. ¿Por qué ser economista?

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RESUMEN

El libro hace un repaso ameno por las grandes teorías económicas de la historia desde Aristóteles, partiendo de la idea de que la Economía (que procede del griego "oíkos" (casa) y "nomos" (ley) estudia la distribución de las cosas partiendo de la idea de que hay "escasez" (una definición de Lionel Robbins en 1930) mientras que los deseos de las personas son ilimitados (les limita el coste de oportunidad, lo que obliga a elegir). Usa ejemplos y anécdotas de cada autor para explicar sencillamente los argumentos económicos más importantes.

Los economistas también tienen en cuenta los sistemas financieros, el consumo y el crecimiento de la riqueza en cada país, así como el mercado y el capitalismo (compra de comida, tierra y trabajo). A ello se suma la "economía positiva" (búsqueda de leyes económicas ni buenas ni malas). Por su parte, la "economía normativa" dicta si una situación económica es buena o mala (justa). Según Alfred Marshall, los economistas necesitan tener la "cabeza fría y el corazón caliente" pues aunque son científicos han de sentir compasión por el sufrimiento humano e intentar cambiar las cosas.

El autor añade que además de "cabeza fría y el corazón caliente" los economistas necesitan "ojos autocríticos" ya que a comienzos del siglo XXI, hubo una gran crisis económica ocasionada por las actividades imprudentes de los bancos. Muchas personas culparon a los economistas de no haberla previsto y algunos sospechaban que la misma se debía a la influencia que los beneficiarios de una economía dominada por las finanzas y grandes bancos ejercían sobre ellos.

Platón y Aristóteles fueron los primeros en imaginar sistemas económicos. Platón proponía un Estado gobernado por los reyes-filósofos y los guardianes, y sostenido por los trabajadores en la base de la pirámide. En cuanto a Aristóteles, no entendía la razón de que la competencia genera un beneficio social y pensaba que el comercio era "antinatural". Dijo que la riqueza venía de actividades económicas naturales pero una vez cubiertas las necesidades del hogar, no se necesita más. En cambio, no hay límite natural en la acumulación antinatural de riqueza (por ejemplo, prestando dinero y cobrando una tasa de interés). A pesar de ello, los estados griegos triunfaron al comerciar.

En la Edad Media, San Agustín de Hipona decía que el dinero era necesario para que los pecadores pudiesen sobrevivir. Sentó las bases de una sociedad jerárquica feudal ("la cadena del ser"), donde los campesinos entregaban los cultivos al señor y guardaban algo para ellos. Por su parte, Tomás de Aquino dijo que vender algo por una ganancia era correcto mientras el dinero se usase de forma correcta (el "precio justo", el que se cobra normalmente en la comunidad sin engaños) y criticó la usura (pues cuando el dinero se usa para comprar y vender "agota" el dinero) y la Iglesia arremetió contra los prestamistas y los mercaderes. A pesar de ello, las empresas medievales empezaron a ganar mucho dinero en el nuevo mundo que se avecinaba.

El siguiente avance, ya en la era de los descubrimientos, fue el mercantilismo (que dice que un país es rico si tiene mucho oro y plata, una idea errónea conocida como la falacia del rey Midas). Los economistas modernos los critican por obsesionarse con el oro y no con los bienes que necesitamos para vivir. Un autor de la época Malynes dijo que una enfermedad de Inglaterra era el exceso de compras de bienes extranjeros y pocas ventas de bienes a los extranjeros. La solución era poner restricciones al flujo de oro. Otro autor, Mun, propuso vender a los extranjeros tantos bienes como fuese posible. Por tanto, los gobiernos de la época favorecieron las exportaciones y desalentaron las importaciones. Los economistas modernos rebaten que las importaciones son necesarias para el progreso económico.

En la Francia prerrevolucionaria (siglo XVIII), el fisiócrata François Quesnay propuso eliminar los impuestos a los agricultores de Francia y gravar a los aristócratas (idea que defendió Mirabeau en un libro polémico que le costó la cárcel). Los fisiócratas decían que la riqueza era el trigo y el ganado que la tierra produce y los agricultores usan sus cultivos o ganancias de sus ventas para alimentarse y venden el excedente (el producto neto). Creían que el Estado protegía a los mercaderes y gremios (que eran estériles al no generar excedentes) y les había quitado recursos a las granjas productivas. Quesnay creó una tabla económica que representaba la circulación de recursos en la economía. Los agricultores producían el excedente y lo pagaban en forma de renta a los aristócratas, los dueños de la tierra que luego compraban botones de seda y velas plateadas a los artesanos. Los artesanos, a su vez, compraban alimentos a los agricultores, completando así el ciclo. Cuando el excedente se incrementa, fluyen más recursos entre ellos y cuando disminuye, la economía se encoje. El problema era que si se ponían muchos impuestos a los agricultores, producían menos excedentes. Abogó por una política de "laissez-faire" (dejar hacer). Su modelo económica hacía hincapié en cosas reales (trigo, pescado) en vez de solo en dinero.

Adam Smith, en 1776, propuso el concepto de mercado y mano invisible. Argumentó que a la sociedad le va bien cuando las personas actúan por interés propio. "No es la benevolencia del carnicero, el cervecero o el panadero de donde esperamos recibir nuestra cena, sino de la atención del interés propio", dijo. Añadió que nadie les dice cuánto pan o cerveza deben producir, lo deciden por su cuenta con base a lo que consideran que les dará dinero. La sociedad funciona bien así como si una "mano invisible" guiara la sociedad cuando las personas decentes tienen la libertad de intercambiar bienes entre sí, de comprar y vender cosas. A ello añadió el concepto de "división del trabajo" (que ilustró con las distintas fases para fabricar alfileres). La especialización se intensifica cuando también lo hacen los mercados. Para fabricar una camisa, miles de piezas se mueven como un reloj para que llegue al cuerpo del jornalero cuando él quiere. Por tanto, para Smith, la riqueza de una nación era la cantidad total de bienes utilizables (trigo, cerveza, camisas, libros) que produce la economía de un país para sus habitantes. Actualmente, la renta de una nación (renta nacional) es el valor de todos los bienes que producen los negocios de un país. Defendió el papel de los mercados como un ataque al sistema mercantilista (pues restringía las compraventas) pero se preocupó de que la división del trabajo hiciese a los obreros más ignorantes.

Ver el resumen del libro "La riqueza de las naciones", de Adam Smith en:
http://evpitasociologia.blogspot.com.es/2011/11/la-riqueza-de-las-naciones-de-adam.html


En 1830, ya estaba en marcha la Revolución Industrial y Alexis de Tocqueville se asombraba de las fábricas de Mánchester. En la misma época, David Ricardo usó su método lógico y se preguntó cómo dividir la creciente riqueza del país entre los terratenientes, los capitalistas y la masa de obreros pues los elevados precios de la comida encolerizaron a los peones. Ricardo propuso que eran los altos precios de la comida los que ocasionaban las rentas elevadas de los terratenientes. Lo explicó diciendo que cuando crece la población hay que arar las peores tierras para cultivar cereal, que se vuelve más difícil de producir y el precio se eleva. Los terratenientes estaban ganando mucho porque las leyes de Inglaterra prohibían comprar cereales baratos en el extranjero, lo que inflaba las rentas de los dueños de la tierra a la vez que disminuía las ganancias de los capitalistas y empobrecían a los obreros. Por eso, argumentó a favor del libre comercio y propuso eliminar las leyes del maíz por lo que habría un flujo de cereales baratos (y eso haría la comida más barata y los capitalistas pagarían menor salario, por lo que volverían a ganar dinero e invertir de nuevo). Es lo que se denomina "ventaja comparativa" (Rusia tiene una ventaja comparativa al cultivar cereal, que se le da muy bien, y Gran Bretaña en fabricar hierro, por lo que el comercio entre ambas es beneficioso). Defiende que es mejor abrir las fronteras que ser autosuficientes.

Ver el resumen del libro "Principios de economía política y tributación", de David Ricardo en:
http://evpitasociologia.blogspot.com/2012/06/principios-de-economia-politica-y.html


El siguiente pensador económico en analizar es Fourier, que ideó los falansterios (pequeñas comunidades con talleres y bibliotecas e incluso ópera, lugares donde cultivar la personalidad y la amistad). Por su parte, Robert Owen propuso un pueblo modelo donde la gente fabricaba en una jornada laboral más reducida y promover buenos hábitos laborales (los trabajadores recibían puntuaciones con cubos de colores). Fracasó otra colonia con granjas, talleres y escuelas pero todos se escaqueaban del trabajo y discutían. Otro pensador, Henri de Saint-Simon propuso crear una sociedad industrial que sería compasiva y libre de pobreza (creó una religión industrial). Todos creían que los mercados y la competencia no eran el camino a una buena sociedad. Se les considera inventores del socialismo (los individuos no son dueños de recursos en la forma de propiedad privada sino que son compartidas para tener un nivel de vida estándar) o utópicos (mundos ideales creados a partir de la razón y la buena voluntad). Defendieron que las personas no estaban condenadas a la pobreza y creían en el progreso.

El autor también estudia a Malthus (el Scrooge de la Economía), quien temía el crecimiento continuo de la población: más personas significaba más pobreza y una existencia precaria y si se intentaba ayudar a los pobres, eso solo empeoraría la situación. Dice que los humanos necesitan comida para sobrevivir y tener relaciones sexuales para reproducirse (algo que duplicará la población cada nueva generación). La población se expande geométricamente con el tiempo y en dos generaciones crece de 1.000 a 4.000 y, en seis, a 64.000. No es posible, dijo, duplicar la producción de comida tan rápido y si se conquistaban nuevas tierras, pronto se volvería al punto de partida. Pronto surgirían hambrunas y enfermedades y habría menos nacimientos de hijos (por infanticidio, abortos, anticonceptivos). El resultado es miseria y vicio. La idea de fondo es que los salarios deben ser de subsistencia para cubrir lo esencial (ley de hierro de los sueldos). Además, criticó la ayuda a los pobres y enfermos porque recompensaban la pereza y crea un mayor número de mendigos. Una idea que propuso fue reducir el impulso sexual de la gente y postergar el matrimonio. Sin embargo sus ideas fueron pronto rebatidas por el progreso: mejores medicamentos, anticonceptivos más eficaces, los mejores trabajos redujeron la tasa de fecundidad y las nuevas tecnologías elevaron los estándares de vida y más personas significan más cerebros para crear nuevas ideas sobre cómo producir riqueza.

Ver el resumen del libro "Primer ensayo sobre la población" de Malthus en el siguiente link:
http://evpitasociologia.blogspot.com/2011/10/primer-ensayo-sobre-la-poblacion-de.html



El siguiente autor es Karl Marx, autor junto con Engels, del panfleto El manifiesto comunista. Dicen que bajo el comunismo no habría propiedad privada y los obreros, y no los jefes, tendrían el control total. En 1848, vio una lucha de clases en Europa. Marx creía que los utopistas eran tontos por creer en la bondad humana. Pensaba que la historia se desarrolla por una serie de sistemas económicos y que el capitalismo será reemplazado a causa de cómo los capitalistas obtienen sus ganancias. Estudió el origen de la ganancia de hacer una camisa: exprimiendo al máximo el trabajo duro del obrero (la plusvalía, lo que excede al salario de subsistencia; por otra parte, los obreros compiten entre sí para no perder el trabajo y aceptan salarios bajos). Por ello, el conflicto entre la burguesía y el proletariado es la mayor contradicción del capitalismo. Si los obreros ganan menos y se vuelven miserables e infelices, no tienen dinero para comprar los productos del capitalista. El sistema colapsa y los trabajadores toman las fábricas e instauran un sistema comunitario o comunista que eliminaría la división de la sociedad en clases diferentes en continua lucha entre sí.
Añade que los capitalistas son dueños de la producción y pueden enriquecerse porque las leyes del país y el sistema político les permite ser dueños del capital y conservar como ganancia la plusvalía generada. Marx también desarrolló el concepto de enajenación del obrero, al estar conforme con su trabajo sin cuestionarse su explotación laboral.

Jevons desarrolló la idea de utilidad marginal (la satisfacción que un bien da al consumidor; por ejemplo, no sabe igual el primer caramelo que el décimo). La tendencia de la utilidad marginal es a disminuir conforme se consume más un bien (ley de la utilidad marginal decreciente). Sirve para explicar la manera en la que la gente gasta su dinero. Lo esencial es equilibrar de manera exacta las utilidades marginales de varios bienes. En la vida real, cada persona tiene una cantidad limitada de dinero y cientos de artículos que comprar.

Alfred Marshall continuó el argumento de Jevons y desarrolló la ley de la demanda. Un precio elevado conduce a una demanda reducida de un bien, un precio bajo a una demanda alta y la utilidad marginal decreciente muestra de dónde procede la ley. La ley de la marginalidad describe la manera en que se consume y cómo producen las empresas (produce un bien solo si tiene ingresos extra por venderla (renta marginal) y son más elevados que los costes de producirla (coste marginal). Cada vez es más costoso).
Marshall combinó al consumidor y la empresa en la teoría de la oferta y la demanda. La curva de demanda vincula el precio con la cantidad que el mercado demanda. La curva de oferta vincula el precio con la cantidad que producen las empresas. La oferta y la demanda determinan el precio en conjunto. El mercado está en equilibrio cuando la demanda de un bien es exactamente igual a la oferta. A ello se suma la competencia perfecta en la que ningún comprador ni vendedor puede alterar el precio. Eso hace suponer que hay un hombre económico racional, una persona que decide tras sopesar los costes y beneficios marginales. Ya no hay explotación del trabajador, sino un equilibrio de la utilidad marginal del tiempo de ocio y trabajo. Es la economía neoclásica.

Friedich List, por su parte, propuso proteger las nuevas industrias del siglo XIX de la competencia extranjera a través del arancel o impuesto sobre productos foráneos para permitir que la industria de un país pudiese crecer hasta poder competir en el libre comercio una vez alcanzada la misma etapa de desarrollo. Es la llamada política de protección. Pero los economistas modernos refutan a List y dicen que la protección recompensa la incompetencia y el desperdicio.
En la llamada disputa por el método, List defendió que la Economía debía basarse ante todo en la historia y en hechos concretos frente a quienes propugnaban teorías abstractas. Ambos tenían razón.


Ya en el siglo XX, Lenin (inspirado en Hobson) señaló tres tendencias: la interconexión entre países, el surgimiento de grandes empresas y bancos y el capitalismo de monopolio. A ello se sumaba la tendencia al imperialismo, donde las potencias europeas se apoderaban de territorios extranjeros para crear imperios. Pensaba que las tres tendencias estaban vinculadas. La queja de Lenin era que el capitalismo y la propiedad privada hacían que la guerra fuese inevitable por lo que las clases obreras debían de dejar de luchar entre sí y derrocar a los capitalistas. Pero, el autor del libro replica que los obreros que luchaban en la Primera Guerra Mundial disfrutaban de salarios más altos gracias al imperialismo y preferían mantener su trabajo antes que iniciar una revolución.

Hobson se oponía a que ahorrar era bueno y consideraba que el excedente de ingresos de los ultrarricos enriquecidos con el capitalismo de monopolio no se gastaban ni se invertían, se ahorraban en forma de inversión de nueva maquinaria para producir más bienes que los obreros empobrecidos ya no pueden comprar. La solución es invadir países y colocar allí los productos sobrantes. Hobson llamó al exceso de ahorros la raíz económica primaria del imperialismo. La expansión imperialista evitó el colapso del capitalismo pero era un signo de que este estaba muriendo. Años más tarde, las colonias se independizaron dando lugar a países en desarrollo.

En la postguerra, destacó el economista Arthur Cecil Pigou, alumno de Marshall. Pigou demostró que los mercados no siempre funcionan a la perfección e inauguró la llamada economía del bienestar, la cual examina el beneficio general para la sociedad que resulta de todas las decisiones tomadas por los consumidores en relación a las compras, ventas y trabajo, y aquellas que las empresas toman en relación a la producción y el empleo. La economía normativa analiza una situación económica, por ejemplo si un mercado presenta un buen o mal desempeño. Pigou argumentó que los individuos toman decisiones que los benefician pero que tienen efectos colaterales perjudiciales para otros (el ruido de la trompeta molesta a los vecinos). No se pueden ignorar los costes sociales. Pone como ejemplo una fábrica de pintura que vierte productos contaminantes al río y perjudica a los pescadores (que reducen sus ganancias). Del mismo modo, una empresa puede invertir mucho en una investigación y de cuyo invento se aprovecharán todos (externalidad positiva).
Los economistas llaman externalidades a la contaminación porque tiene efectos sobre personas o empresas que no son aquellas que las crearon. Pigou demostró que los fallos de mercado surgen cuando existe una diferencia entre los efectos sociales (impactos generales sobre todos) y los efectos privados.
Hay un ejemplo extremo que son los bienes públicos (el ejército o la policía benefician a todos, incluso a los que no pagan nada por ello, los free-riding).
El resultado es que la mano invisible de Smith no funciona cuando las personas generan externalidades o desean bienes públicos. Los mercados no aprovechan al máximo los recursos de la sociedad: se producen demasiadas cosas malas y no las suficientes buenas. Pigou dijo que el gobierno necesita dar un impulso a los mercados en la dirección correcta: alentar las externalidades positivas con subsidios o recaudando impuestos para promover bienes públicos y desalentar las negativas (a través de leyes antimonopolio para evitar que las empresas que controlan un mercado suban los precios).

En los años 30, la economista Joan Robinson, al mismo tiempo que Chamberlin, estudiaron las competencias imperfectas y monopolísticas. Combinaron aspectos del monopolio y la competencia (competencia monopolística o competencia imperfecta) en un mundo con gran variedad de empresas que necesitaban diferenciar su producto que es casi idéntico del de sus competidores a través de grandes campañas de publicidad. Los consumidores valoran la variedad de marcas que ofrecen las industrias con competencia monopolística (caso de Coca-Cola y Pepsi) pero estas no hacen el mejor uso de los recursos de la sociedad.
Robinson también ideó el concepto de monopsonista (un único comprador para toda la producción de un bien). Posteriormente, los economistas estudiaron el funcionamiento de los oligopolios (mercados provistos por un puñado de empresas que se asociaban entre sí para repartirse un mercado o hacían guerras de precios para expulsar a una).

En la misma época, surgió la economía planificada de los soviéticos (donde las fábricas no producían lo que el mercado exigía sino lo que imponía el Gobierno; y los sueldos no eran por esfuerzo y méritos sino iguales por decreto). Según el autor, el comunismo no puede funcionar porque crea incentivos equivocados. Los comunistas decían que en una sociedad comunista la gente es obediente y desinteresada y trabajan duro, no por su bien, sino por la nación.

Ludwin von Mises replicó, en su libro Cálculo económico en el sistema socialista, que las ganancias privadas ya no rigen la economía como en el capitalismo y eso suele involucrar una economía planificada que reemplazaba al mercado. En el comunismo, la comunidad es dueña de la propiedad, no los individuos. En todo caso, sería un fracaso porque es un sistema comunista es irracional que no pueden coordinar los deseos de miles de personas. En cambio, el capitalismo es racional, las personas siempre sopesan el coste y el beneficio (maximizan su utilidad y bienestar) y se organizan en base a los precios (si la gente quiere más relojes de cuco, el precio se elevará y los carpinteros se meterán en el negocio, lo que hará bajar el precio). Los mercados también le dan el mejor uso posible a las materias primas. Los precios distribuyen los recursos a sus usos más rentables: la producción de los bienes más deseados. Por contra, en la planificación centralizada esto está predeterminado por el Gobierno hasta en los detalles más nimios y establecía precios a ciegas. No solo había un exceso de información sino que en la economía de mercado los precios indican dónde se le da mayor uso a las materias primas.

Lange y Lerner replicaron a Mises que aunque la economía necesitaba la fijación de precios, los planificadores podían fijarlos y luego gestionar la economía racionalmente aplicando la ecuación de la oferta y la demanda y calcular los precios óptimos y reajustarlos (Leon Walras dijo en el siglo XIX que todos los mercados en conjunto, cada uno representado por una ecuación, mostraba cuándo estaba en equilibro los mercados para que designasen el mejor uso de los recursos económicos).

Otro autor comentado es Thorstein Veblen, un observador crítico de una sociedad cambiante en los años 20 durante la creciente industrialización de Estados Unidos, el nuevo líder mundial y que generó grandes fortunas y la llamada Época Dorada (Mark Twain) bajo la que yacía una sociedad fabulosamente rica y derrochadora e inmoral. Los escritos de Veblen eran como piedras candentes lanzadas contra las mansiones de los ricos, dice el autor. En La Teoría de la clase ociosa, Veblen dijo que los individuos no toman decisiones en torno a qué comprar y cómo gastar su tiempo mediante cálculos racionales. Para entenderlos, hay que observar sus hábitos, instintos y pautas sociales pues hay "costumbres primitivas" o tribales que perduran en la economía moderna. Por ejemplo, compramos un reloj caro para obtener la aprobación de los demás (en otras sociedades, trabajar era degradante) y en Estados Unidos los nuevos ricos y los herederos de sus fortunas vivían de las rentas sin tener que trabajar. La compra de mansiones, abrigos y viajes a la Costa Azul era consumo ostentoso para presumirLlamó a esos pocos privilegiados la clase ociosa. (usaban fracs y corbatas de seda para recalcar que no trabajaban en nada productivo; la ropa femenina era incómoda para mostrar que nunca había pelado una patata). Los vestidos eran muy caros para presumir de estatus. El consumo ostentoso era un despilfarro pero las clases bajas intentaban imitarlo. Por otro lado, retrató a un grupo de magnates de la industria y el ferrocarril (Vanderbilt, Drew) conocidos como los "barones ladrones" por su instinto depredatorio, que se engañaban unos a otros. [nota del lector: la historia recuerda mucho a La rebelión del Atlas, de Rand]. Frente a ello, estaba el instinto del trabajo útil.

Ver el resumen del libro "La teoría de la clase ociosa" de Thorstein Veblen en:
http://evpitasociologia.blogspot.com/2013/05/sociologia-estratificacion-social.html


A partir de la crisis de 1929, el economista que tuvo más importancia fue el británico John Maynard Keynes (formaba parte del Círculo de Bloomsbury junto a Virgina Woolf). Dijo que la obra de los economistas del siglo XIX (se centraba en el empleo de recursos escasos y en producir todo lo máximo posible) no podía explicar por qué los países quiebran como en la recesión iniciada con la Gran Depresión de 1929. Keynes dijo que nadie tenía la culpa de que la economía fuese mal (en los años 30 se redujo la producción a la mitad) pues esta funcionaba como un todo. No era tanto problema de escasez como de usar los recursos ya disponibles (la conexión entre producción y consumo estaba rota).

Keynes criticó la ley de Say, la cual dice que todo lo que se produce se venderá porque a las personas les importan los bienes útiles que poseen, por lo que las recesiones son imposibles y la economía tiene un nivel de gasto en el que todas las fábricas trabajan a su capacidad máxima y todo el mundo tiene trabajo. Funciona como el nivel del agua de una bañera: si el consumidor ahorra, es como si el agua se fugase por el desagüe (y hay más quiebras y despidos). La solución a una recesión, según esta ley, es enchufar un empalme con una manguera y verter más agua (inversiones e inyección de dinero en la economía) para llenar otra vez la bañera. Otra idea es abrir el grifo (bajar la tasa de interés pues el precio de pedir un préstamo se abarata y genera inversiones y la Economía se pone en pie por sí sola como un muelle elástico). Pero Keynes replicó que la tasa de interés no ayuda a convertir los ahorros extra en inversión y que las recesiones tenían lugar cuando una cantidad mayor a la que entra en la bañera sale de ella (porque los comerciantes se sienten pesimistas y no invierten como en 1930). En una recesión que generaba millones de desempleados involuntarios, el dinero se iba por el desagüe.

A raíz de estos razonamientos de Keynes, la Economía se dividió en Macroeconomía (estudia la economía como un todo, como el desempleo) y Microeconomía (estudia cómo los consumidores y las empresas individuales toman decisiones).

Ver el resumen del libro "Teoría general de la ocupación y el empleo" de John Maynard Keynes en:
http://evpitasociologia.blogspot.com/2011/06/teoria-general-de-la-ocupacion-el.html


El siguiente autor es el austríaco Joseph Schumpeter, que plasmó sus ideas en el libro Capitalismo, socialismo y democracia. Dice que los frutos del capitalismo moderno (amplia gama de bienes y nuevas tecnologías para producirlos) los crean personajes heroicos cual caballeros andantes: emprendedores como Vanderbilt (ferrocarriles) o Carnegie (acerías). Al canalizar su energía hacia la industria y no la batalla habrían creado riqueza para la sociedad gracias a sus inventos. Son conquistadores que no están preocupados por el dinero, que es el cuerpo y el alma que fluye por el organismo económico. Debido a estos emprendedores con éxito, pronto salen imitadores. Pero ser emprendedor también puede ser ruinoso, por lo que hay ciclos fluctuantes con épocas de innovación, espíritu emprendedor e imitación. Según dicho autor, el capitalismo es una economía en eterno movimiento sin equilibrio y no estática como un retrato (Jevons, Marshall). Las nuevas tecnologías acaban con las nuevas, lo que denominó destrucción creativa. Creía que los monopolios ayudaban a avanzar la economía porque en algunos sectores es necesaria una inversión inmensa. El problema es que cuando las empresas crecen se convierten en aburridas burocracias y dejan de innovar y genera intelectuales insatisfechos en la cima. El capitalismo (es cambio sin punto final) tampoco llegó a su fin porque surgió la llamada economía mixta (se implicó el Gobierno pero con soluciones cortoplacistas).

Ver el resumen del libro "Historia del análisis económico" de Joseph Schumpeter en:
http://evpitasociologia.blogspot.com/2012/12/historia-del-analisis-economico-de.html


Posteriormente, el libro explica la teoría de juegos (una interacción estratégica donde la conducta del rival nos influye y decidimos nuevas acciones y que sirve para analizar mercados complejos y realistas) y el dilema del prisionero (inventada por los matemáticos del Rand y usada para comprender las confesiones de un crimen de dos gánsteres detenidos en la cárcel o la carrera armamentística). Esta teoría, en la que unos jugadores pueden competir o cooperar, se usó mucho en la Guerra Fría ante el peligro de un ataque nuclear. John Nash descubrió una solución al juego (pensando por Von Neumann) sin pactos ni promesas mutuas. El resultado era el equilibrio de Nash en el que cada jugador hace lo mejor teniendo en cuenta lo que el otro jugador hace. Los jugadores, al actuar racionalmente, dan su mejor respuesta pero terminan en una posición que no es la mejor que tienen a su disposición. El dilema del prisionero, donde la cooperación está siempre en riesgo por la ausencia de pactos, aparece constantemente en la economía (por ejemplo, cuando dos competidores de petróleo o cuando intentan cerrar el mercado a un nuevo rival emprenden una bajada alocada de los precios que les perjudica a los dos). A veces, la solución pasa por hacer amenazas creíbles (la llamada Máquina del Juicio Final, programada para lanzar sus misiles en caso de ataque nuclear).

Niall Kishtainy también analiza las tesis de Friedich Hayek (mentorizado por Mises y economista rival de Keynes, quien decía que el Gobierno podía desatascar la economía y solucionar el desempleo). Hayek escribió el libro Camino de servidumbre donde alertó de la creciente intervención del Gobierno en la economía y el fin de la libertad del individuo (algo que equiparaba a la tiranía nazi).
La primera alarma surgió a raíz del best-seller Seguridad Social y servicios afines, de William Beveridge, quien proponía que el Gobierno protegiera a los individuos de las incertidumbres de los mercados, de perder sus trabajos, de no poder alimentar a sus hijos... Debía luchar contra cinco males: escasez, enfermedad, miseria, ignorancia y desempleo. En la postguerra había una economía mixta (un punto intermedio entre capitalismo y socialismo).

Hayek rechazó ese sistema porque el control estatal de la economía privaría a las personas de su libertad. El progreso había empoderado al individuo mediante mercados que no fueron creados por nadie. El problema surge cuando se quiere acelerar el progreso e interfiere el Gobierno en los mercados para atender los variados deseos de los ciudadanos (más piscinas, más museos). Recordó que en una economía de libre mercado, el vago pierde su empleo y dinero y ser embargado pero en una economía controlada por el Estado, puede ir a la cárcel o incluso ser ejecutado porque todas sus posesiones le pertenecen al Estado, y eso deriva en una tiranía. Aseguraba que sin libertad económica, la libertad política era imposible. Sin embargo, admitió que el Gobierno debía cubrir el desempleo y actuar en mercados donde no está la iniciativa privada, lo que le granjeó crueles críticas de Ayn Rand por no haber ido demasiado lejos.

Ver el resumen de "Camino de servidumbre" de Hayek en el siguiente link:
http://evpitasociologia.blogspot.com/2012/04/camino-de-servidumbre-de-friedrich.html


Posteriormente, Niall Kishtainy estudia la descolonización (iniciada con la independencia de Ghana en 1957) y los países en desarrollo, lo que denomina el Gran Impulso. Un autor de la época es Arthur Lewis, quien dijo que las economías de los países pobres tienen contrastes entre lo tradicional (vendedores ambulantes) y lo moderno (tiendas de lujo). Fundó el campo de la economía del desarrollo (progreso y mejora), junto con Paul Rosenstein-Rodan. Ambos creían que las nuevas naciones estaban lejos de alcanzar su potencial económico y las llamaron países subdesarrollados o en vías de desarrollo (la idea era convertir las granjas en fábricas aunque los mercados no funcionaban bien y había que recolocar a campesinos como obreros). Rosenstein-Rodan propuso que el Gobierno podía dar el salto haciendo inversiones masivas en la economía a través del Gran Impulso. Pero al vincular economía y política se generaron proyectos ineficientes.

Algunos países en desarrollo como Corea del Sur tuvieron éxito porque organizó chaebols (grandes negocios como Samsung y Hyundai con vínculos con el gobierno que recibían préstamos baratos para invertir en áreas clave protegidas de la competencia externa y encaminados a volverse competitivos para exportar bienes). Se crearon así los Tigres Asiáticos: Corea del Sur, Singapur, Taiwan y Hong Kong). En África, los Gobiernos causaron muchas quiebras y en los años 90 optaron por la privatización (liquidación de compañías estatales), lo que también decepcionó.

Otro economista de interés es Gary Becker, quien derribó la diferencia entre económico y social, por ejemplo, al aceptar pagar una multa como si fuese una tasa por un servicio. Utilizó principios económicos convencionales (las personas tienen un conjunto claro de preferencias que no cambian mucho) para analizar toda clase de comportamientos humanos. Las personas son racionales y calculan la forma de actuar que satisface mejor sus preferencias. Becker estudió el racismo en el trabajo y calculó el coeficiente de discriminación (lo que el jefe racista tiene que subir el sueldo a un empleado blanco respecto a un negro). Además de ineficiente, era inmoral.
Otra de las ideas de Becker fue los consumidores de tiempo (ver una saga de Star Wars, tener un bebé...). El ingreso salarial al que uno renuncia cuando se queda en casa con un consumidor de tiempo. Otra idea de Becker fue el capital humano (la idea de que las personas contribuyen a la producción del mismo modo que las máquinas y pueden mejorar su capital humano mediante títulos y diplomas). Hoy en día, los universitarios estudian para graduarse y tener mejores trabajos.

Otro concepto de interés es el crecimiento económico, cuya teoría fue desarrollada por Robert Solow y Trevor Swan. Dicen que los países ricos son aquellos que tienen mucho capital en comparación con la población, lo que significa que pueden producir muchos productos por persona (producción per cápita), por lo que es crucial también el ingreso per cápita. El problema es que cada vez que se invierte más, el producto extra mengua (rendimientos decrecientes del capital). Esto implica que conforme una economía incrementa más sus existencias de capital y su producción, su tasa de crecimiento disminuye y todas las ganancias extras del capital se agotan.
En la teoría de Solow, hay unos inputs (telas, papel) que se convierten en productos (pantalones). La fórmula es el conocimiento: cómo cortar la tela. El progreso tecnológico permite que se produzca más con el capital y la mano de obra y genera bienes nuevos.
Solow dice que los países pobres tenderán a alcanzar a los ricos porque crece a mayor velocidad. La Edad de Oro del crecimiento fue entre 1950 y 1970, donde las familias europeas tuvieron coche, electrodomésticos, televisiones y teléfonos, y aumentó el consumo, aunque el resto del mundo seguía en la pobreza porque la tecnología no es exógena (de algún lado tiene que salir). Solow concluye que el crecimiento tiende a desacelerarse.

Por su parte, Paul Romer consideró la tecnología como algo endógeno que se produce dentro del propio sistema económico. La gente inventa mejores motores para coches porque pueden ganar dinero vendiéndolos. Cada vez que se descubre algo, ese conocimiento se puede usar una y otra vez, por lo que es un bien no rival y puede seguir creciendo, generando mayor riqueza. El problema es que hay poca investigación respecto a la necesaria y obliga al Gobierno a costearla. Los países pequeños no tienen capacidad tan grande para generar ideas.

En los años 50, Kenneth Arrow y Gerard Debreu intentaron responder a la pregunta de por qué la economía de libre mercado no es un caos constante y funciona con plena armonía, por lo que propusieron la teoría del equilibrio parcial (hay movimientos ascendentes y descendentes (ondas) del mercado petrolero, por ejemplo, como si solo dependieran del precio del mismo pero también hay interacciones entre diferentes mercados como el petrolero y el automovilístico).

Fue Leon Walras (siglo XIX) quien propuso el equilibrio general (expresado en una ecuación de oferta y demanda). Para Arrow y Debreu esto ocurre cuando las preferencias del consumidor son racionales y generan una economía consistente, en reposo y sin ondas.

Posteriormente, Wilfredo Pareto indicó que un resultado es indeseable o ineficiente si es posible mejorar la situación de al menos una persona más sin perjudicar a otra. Cuando hay un intercambio, hay una mejora de Pareto, pero si no hay intercambio, los recursos de la economía no se encontrarían en su punto óptimo de uso. Un resultado económico tiene eficiencia de Pareto cuando se llevaron a cabo todos los intercambios y es imposible que nadie esté mejor sin provocar que otro esté peor. Hay una excepción: un supermillonario tiene todo el dinero y dona algo a los pobres, por lo que todos ganan menos él, que está algo peor.

Según Arrow y Debreu, si hay un equilibrio general, este debe tener eficiencia de Pareto. Es el llamado Primer  teorema fundamental de la economía del bienestar (no hay recursos desperdiciados). En el libre mercado, hay armonía y los deseos de las personas se equilibran y nada se desperdicia. El autor del libro advierte de que los resultados de los mercados, aunque sean eficientes, pueden ser muy injustos y recalca que los fundamentos de Arrow distan mucho del funcionamiento real de la economía (pues un comprador podría afectar a los precios de un mercado y ya no sería competitivo; además, también influyen las economías de escala lo que obliga a las grandes empresas a expandirse para ocupar todo el mercado; o cuando la contaminación perjudica a otros). Parece que el mensaje del teorema es que es poco probable que los mercados sean eficientes y tal vez el gobierno tenga que intervenir para impulsar la economía hacia la eficiencia (desintengrando monopolios o poniendo impuestos a la contaminación).

En los años 60, con un mundo dividido por la Guerra Fría (crisis de Cuba), destacó André Gunder Frank. autor del libro El desarrollo del subdesarrollo, quien estudió el capitalismo mundial de las grandes empresas (que reemplazaron a los colonizadores en la explotación del Tercer Mundo) como un centro del sistema con un núcleo de países ricos en Europa y América del Norte, y en el borde del sistema (la periferia), los países pobres de América Latina, Asia y África. Según este autor, el núcleo gana a expensas de la periferia y el destino de los países pobres depende de los países ricos por enriquecerse. Se conoce como la teoría de la dependencia. Decía que las injusticias son una parte inevitable del capitalismo.

Por su parte, otro teórico, Prebisch, vio la diferencia entre los países que exportaban productos primarios (café, azúcar) y los ricos que exportaban manufacturas como televisores y coches (productos en los que se gasta más dinero; sin embargo, nadie compra mucho más azúcar del necesario). Por ello, propuso que los países pobres se diversificasen en vez de especializarse y creasen su propia industria automovilística.

Finalmente, los Chicago Boys (economistas de libre mercado latinoamericanos educados en la Escuela de Chicago) tomaron el relevo en Chile en 1973.

 Sin embargo, finalmente, muchos economistas admitieron diversas injusticias existentes en el mercado mundial como decían los teóricos de la dependencia: los países desarrollados solían imponer un sistema que hacía que sus exportaciones se vendieran libremente en los países pobres o EE.UU. intervenía en el comercio y la política de América Latina. Por contra, los Tigres Asiáticos se enriquecieron.

Tras Keynes, surgieron sucesores como Samuelson, Hansen y Hicks, que matematizaron la economía keynesiana, guía para estudiantes y gobiernos desde 1946 para asegurarse de que la economía seguiría creciendo, caso de Kennedy (que propuso recortar impuestos mediante una política fiscal para que los consumidores gasten más con un efecto multiplicador). Según Keynes, las recesiones tienen lugar cuando los ahorros no se invierten en fábricas y maquinaria, las personas ahorran en vez de gastar, los comerciantes no invierten, hay menos gasto general y la economía deja de crecer.

Hay otro tipo de política llamada política monetaria que advierte de que cualquier elemento que altere la cantidad de dinero en la economía o la tasa de interés que se cobra por tomarlo prestado. El tipo más simple es imprimir moneda o comprar bonos (certificados que generan intereses a quien es su propietario). Una tasa de interés más baja estimula los negocios y hay más gasto en la economía.
Por tanto la teoría keynesiana funciona así: mayor oferta de dinero - tasas de interés más bajas - mayor inversión - mayor renta nacional y empleo. Pero, en el fondo, admite la teoría clásica de que el dinero no tiene impacto real en la economía (el dinero solo se usaba para comprar y vender cosas).

Bill Phillips descubrió que cuando el desempleo era elevado (había muchos recursos sin ser utilizados), la inflación (la rapidez con que suben los precios) tiende a ser baja. Cuando el desempleo era bajo, la inflación tendía a ser alta. Una curva (la curva de Phillips) vinculaba ambos extremos: un poco menos de desempleo venía acompañado de un poco más de inflación. Si la economía se deprimía, los gobiernos gastaban más reduciendo el paro a costa de mayor inflación. Y a la inversa, subía los impuestos o recortaba el gasto para desacelerar la economía. Pero en 1970, la inflación se disparó y los keynesianos perdieron su encanto.

El teórico James Buchanan se valió de un libro de Knut Wicksell para poner en duda al Estado (compuesto de funcionarios y políticos que no eran héroes desinteresados sino que tenían sus propios intereses y que hacían sus elecciones en función de ello de forma miserable y egoísta). Denominó a este nuevo campo la elección pública. Acusó a los gobiernos de los años 60 de gastar mucho y dar privilegios a los fabricantes proteccionistas para mantenerse en sus cargos pero sin mejorar el funcionamiento de los mercados. Esta ganancia extra por no haber hecho casi nada alienta la búsqueda de rentas (las empresas gastan dinero para persuadir a los gobiernos para que les de privilegios, lo que perjudica a los consumidores). También acusó a los keynesianos de gastar dinero por encima de lo recaudado en impuestos y generar un déficit presupuestario, lo que es premiado por los votantes de forma que el gasto seguirá creciendo. Pero se critica que los votantes actúen como hombres racionales que sopesan su voto.

Otro autor monetarista es Milton Friedman, que escribió Capitalismo y libertad, donde criticó la intervención gubernamental (controles en las rentas y establecimiento de salarios mínimos). Friedman rechazó la postura keynesiana de que un aumento de la oferta del dinero estimularía la economía y prefirió la política fiscal (gasto gubernamental e impuestos). La teoría monetarista se basa en la teoría cuantitativa del dinero y la velocidad de circulación del dinero (ritmo con el que la moneda cambia de manos, lo que permite duplicar la renta nacional). Sin una velocidad estable, el vínculo entre el dinero y la renta nacional es débil. Si la velocidad se reduce, la renta es la misma pero el dinero tiene efectos reales a corto plazo al aumentar el gasto y subir la producción. Pero al generarse inflación, se crea una ilusión monetaria (los trabajadores confunden los salarios nominales con los reales y al darse cuenta de su error dejan de trabajar tanto y la economía regresa al nivel original).

El gobierno puede volver a intentar inflar la economía como un alcohólico y elevar los salarios y los precios más hasta que los empleados se percatan del error y trabajan menos. Para Friedman no era una sorpresa que la curva de Phillips se estuviese desmoronando. Propuso que el gobierno se comprometa con una tasa fija para la oferta de dinero (del 3 %), de acuerdo con el crecimiento de la economía. Cree que la economía tiende a estabilizarse sola y la intervención gubernamental (como en 1930 o 1970) tiende a perjudicarla. Había que mejorar la oferta y no la demanda. Las ideas de Friedman basadas en la economía de la oferta fueron adoptadas por Reagan y Thatcher en los años 80.

Ver el libro Capitalismo y libertad de Milton Friedman en el siguiente link:
http://evpitasociologia.blogspot.com/2014/06/capitalismo-y-libertad-de-milton.html


Otros autores más actuales que menciona el libro son:

John Muth, por su teoría de las expectativas racionales.

Eugene Fama, que aplicó las expectativas racionales a los mercados financieros y su baja capacidad de predicción. De él es la hipótesis del mercado eficiente, en la que los precios de la Bolsa reflejan toda la información disponible.

Robert Lucas: representante de la escuela neoclásica, estudió la compensación del mercado (los trabajadores entienden que sus salarios no se elevarán más y no trabajarán más, por lo que es imposible que el Gobierno estimule más la economía)

- George Soros y Paul Krugman, en el estudio de la especulación cuando se atacan los precios fijos cuando los gobiernos gastan demasiado. Uno protagonizó la crisis asiática de los años 90 y el otro la estudió.

Ver el resumen del libro "El retorno de la economía de la depresión" de Paul Krugman:
http://evpitasociologia.blogspot.com/2011/04/el-retorno-la-economia-de-la-depresion.html

Ver el resumen del libro "Acabad ya con esta crisis" de Paul Krugman:


Amartya Sen, sobre el desarrollo social como expresión de las comunidades para evitar las hambrunas gracias al apoyo mutuo.

Ver el resumen del libro "La idea de la Justicia" de Amartya Sen en el siguiente link:
http://evpitasociologia.blogspot.com/2012/12/la-idea-de-la-justicia-de-amartya-sen.html


George Akerlof como estudioso del mercado de los limones (venta de coches de segunda mano malos, denominada la selección adversa porque el comprador ignora información relevante). Revela que en la economía algunos saben más que otros y creó el nuevo campo de la Economía de la información.

Ver el resumen del libro "Animal Spirits" de Akerlof en el siguiente link:
http://evpitasociologia.blogspot.com/2013/11/animal-spirits-de-george-akerlof-y.html

Ver el resumen del libro "La economía de la manipulación" de Akerlof y Schiller en:
http://evpitasociologia.blogspot.com/2016/07/la-economia-de-la-manipulacion-de.html


Joseph Stiglitz, quien señala que el buen funcionamiento de los mercados financieros depende de que los prestamistas puedan evaluar de modo fidedigno cómo de fiables son aquellos a quienes les prestan el dinero y de que los inversores entiendan el carácter arriesgado de los proyectos de los que ponen su dinero. Sugirió que o la mano invisible no existe o está paralizada.

Ver el resumen del libro "El malestar en la globalización" de Stiglitz en:
http://evpitasociologia.blogspot.com/2011/05/el-malestar-en-la-globalizacion-de.html

Ver el resumen del libro "El precio de la desigualdad" de Stiglitz en:
http://evpitasociologia.blogspot.com/2012/10/el-precio-de-la-desigualdad-de-joseph-e.html

Ver el resumen del libro "La gran brecha" de Stiglitz en:


Finn Kydland estudió la inconsistencia temporal (la creencia de los alumnos vagos de que los profesores no cumplirán sus amenazas si no entregan los deberes porque los tutores no quieren quedarse en clase más horas).

Prescott estudió el mismo problema, aplicado a la economía keynesiana de los años 70. Por eso, propusieron la teoría de la libertad discrecional de decidir (pues el gobierno produce acciones contraproducentes debido a su propia libertad de acción).

- Varias economistas feministas que estudiaron la economía y el papel de la mujer, tanto a la hora de cuidar a los hijos (o pagar por sus cuidados) como por qué son los salarios más bajos.

Daniel Khaneman, que influyó en el campo de la economía conductual, junto a Richard Thaler (que propuso dar un empujón para generar conductas positivas). Estos teóricos probaron que los financieros que provocaron la crisis no se estaban guiando por juicios racionales sino que tomaban decisiones desenfrenadas.

Ver un resumen del libro "Pensar rápido, pensar despacio" de Daniel Khaneman en:
http://evpitasociologia.blogspot.com/2017/02/pensar-rapido-pensar-despacio-de-daniel.html


Ver un resumen del libro "Un pequeño empujón" de Richard Thaler en el siguiente link:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2017/12/un-pequeno-empujon-nudge-de-richard-h.html

Ver un resumen del libro "Todo lo que he aprendido con la economía" de Richard Thaler en el siguiente link:


Robert Shiller, que aplicó la economía conductual a los mercados financieros en su libro Exuberancia Irracional.

Ver el resumen del libro "Exuberancia irracional" de Shiller en el siguiente link:
http://evpitasociologia.blogspot.com/2013/11/exuberancia-irracional-de-robert-j.html

Ver el resumen del libro "La economía de la manipulación" de Akerlof y Schiller en:
http://evpitasociologia.blogspot.com/2016/07/la-economia-de-la-manipulacion-de.html


Alvin Roth  propuso estudiar cómo donar el máximo número de riñones mediante un intercambio ventajoso. Es un diseño de mercados. Tuvo en cuenta la teoría de la subasta de William Vickrey  y su desarrollo valió para organizar exitosas subastas de telefonía.

Hyman Minsky que teorizó sobre el momento Minsky, aplicado a la crisis del 2008. Es el momento en que el capitalismo se vuelve inestable mediante avanza en su desarrollo y se vuelve más arriesgado y las innovaciones en el mercado financiero generan financiamiento especulativo.

Thomas Piketty y la desigualdad del 1 % basado en la formula "g: r  > g", donde R es la tasa de rédito sobre la riqueza y G el crecimiento de la economía. El gobierno, si quisiese, puede jugar con esta fórmula para reducir la desigualdad.

Ver el resumen del libro "El capital en el siglo XXI", de Piketty en:
http://evpitasociologia.blogspot.com/2014/04/el-capital-en-el-siglo-xxi-de-thomas.html

Anthony Atkinson dijo que un salario mínimo generoso podría reducir la desigualdad y mejorar la eficiencia.



"El año 1000", de Valerie Hansen (2020)

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