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lunes, 12 de febrero de 2018

"¿Por qué manda Occidente... por ahora?", de Ian Morris (2011)

Resumen: "¿Por qué manda Occidente... por ahora?", de Ian Morris (2011)

Resumen original y actualizado en:

http://evpitasociologia.blogspot.com/2015/01/por-que-manda-occidente-por-ahora-de.html

https://resumendelibrosdehistoria.blogspot.com/2017/12/resumen-por-que-manda-occidente.html

Autor del resumen y comentarios: E.V.Pita, licenciado en Sociología y Derecho.

Sociología, Historia Universal, ciclos de la economía, Civilización

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Título: "¿Por qué manda Occidente... por ahora?"
Subtítulo: Las pautas del pasado y lo que revelan sobre nuestro futuro.

Título original: Why the West Rules... for Now?

Autor: Ian Morris

Fecha de publicación en inglés; Farrar Straus and Giroux, 2010.

Fecha de publicación en español:  Editorial Ático de los Libros / Colección Ático Historia,  2014

Premios: Premio PEN de No Ficción 2011 y ha sido finalista del prestigioso Premio Orwell, que se concede a los mejores ensayos publicados en inglés.

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Texto de la contraportada

"Una historia de la civilización como nunca antes se ha escrito

Occidente desencadenó en su revoluciòn industrial la impresionante energía del vapor y el carbón, y, al hacerlo, cambió el mundo para siempre. Fábricas, ferrocarriles y barcos de guerra provocaron que Occidente se hiciera con el poder en el siglo XIX y el desarrollo de los ordenadores y las armas nucleares en el siglo XX garantizaron la supremacía global. Ahora, al inicio del siglo XXI, a muchos preocupa que el ascenso económico de China e India signifique el fin del dominio de Occidente. Para saber por qué manda Occidente y si seguirá mandando en el futuro, debemos estudiar el pasado.

Ian Morris nos acompaña en un viaje apasionante que se remonta al inicio de la civilización humana y reconstruye el surgimiento y caída de estados e imperios en busca de pautas y reglas que nos ayuden a comprender qué sucederá en el futuro inmediato. Ayudándose de la geografía, la sociología, la biología y la historia militar, Morris consigue elaborar una asombrosa teoría que cambiará para siempre cómo comprendemos la historia del mundo".

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Biografía oficial del autor (hasta 2011)

Ian Morris es doctor en Historia por la Universidad de Cambridge. Ocupa la cátedra Jean y Rebecca Willard de Clásicos y es el profesor de Historia en la Universidad de Stanford. Ha publicado diez ensayos académicos y ha dirigido excavaciones en Grecia e Italia. Es miembro fundador y ha sido director durante dos mandatos del Centro de Arqueología de la Universidad de Stanford. Entre 2000 y 2007 dirigió las excavaciones realizadas por este centro en Monte Polizzo, Sicilia. Vive en las montañas de Santa Cruz, en California, 
¿Por qué manda Occidente... por ahora? le valió el premio Pen de No Ficción de 2011 y ha sido aclamado de forma unánime.

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ÍNDICE

Parte I

1, Antes de Oriente y Occidente

2. Occidente toma la delantera

3. La medida del pasado

Parte II

4. Oriente recupera terreno

5. Igualados

6. Decadencia y caída

7. La era de Oriente

8. Alcance global

9. Occidente recupera terreno

10. La era de Occidente

Parte III

11, Por qué manda Occidente

12. ,,,, por ahora

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Comentarios previos:

Ian Morris se encuadra dentro de la línea, iniciada por Jared Diamond, que sostiene que las grandes diferencias económicas a lo largo de la Historia Universal se deben a cuestiones geográficas. La mayoría de los autores de Sociología estarían en contra de la tesis geográfica porque parece más probable que se deba a factores legales, sociales, de propiedad o políticos (de nada sirve nadar en petróleo si el sistema politico y legal no dinamiza la economía).

Resumen:

Morris establece una cronología humana basada en los siguientes cambios en periodos cálidos y fríos: Hace 18.000 años hubo el último máximo glaciar, en 14.000 se llegó al máximo de frío, en el 12.700 hubo un glaciar tardío que duró hasta el 10.800 y de nuevo bajaron las temperaturas hasta los 10.000 AC. A partir de ahí se produce un calentamiento global que coincide con la expansión de la agricultura (el llamado Dryas reciente que va del 10.800 al 9.600 AC) y luego el clima se estabiliza durante otros 14.000 años (que es el tiempo que ha durado la Humanidad hasta ahora). Dice que hay una "latitud con suerte" que va desde España a Oriente Medio, Sanghay y Japón. El núcleo central de esa latitud sería Oriente Próximo, territorio sobre el que bascularán los grandes imperios antiguos.

La zona más favorecida serían los Flancos Montañosos (en las montañas de Siria) y desde ahí se habría difundido la genética y la agricultura a Europa y parte de Asia.

Respecto a la divergencia Oriente-Occidente, Morris construye varias tablas. Ambas zonas parten con la misma puntuación de 4 puntos en el año 14.000 AC pero en el 11.000, Occidente tiene 6 puntos y Oriente, 4, en el 5.000 AC, Occidente ya alcanzó los 8 y Oriente los 6. El siguiente pico está en el 2000 AC, cuando Occidente llega a los 25 puntos y decae mientras que Oriente sigue su ascenso hasta los 20 (año 1000 AC). Del 1000 AC al 100 AC hay un crecimiento paralelo hasta los 30 puntos.
Una ruptura importante es en el año 100 DC, porque Occidente entra en caída libre desde su techo de 45 puntos hasta los 35 mientras que Oriente sube a los 35 y cae a los 30. Practicamente, en el año 500 hay una convergencia. El desplome de Occidente sigue hasta el año 700 y luego empieza a recuperarse hasta los 30 puntos en el 1100. Mientras, Oriente ya ha llegado a los 41 puntos y, por primera vez, Oriente se pone por delante de Occidente (imperios Wei Occidental y Oriental, Imperio Liang, y luego Imperio Tang). A partir del año 1000, Occidente recupera los 35 puntos en 1300, cae a los 30 en 1400 y vuelve a subir a 35 en 1500. Mientras, Oriente inicia su declive en 1200 y llega a 35 puntos en 1400 para luego recuperarse hasta 1500. Occidente con diez puntos en paralelo sigue detrás.



Ian Morris usa estudios estadísticos para examinar cómo evolucionaron las economías de Occidente (Europa y Oriente Próximo) y Asia (China, India, estepas). En su libro, sostiene que Occidente se adelantó 14.000 años a Asia (que solía llevar 3 siglos de retraso) porque las condiciones geográficas y climáticas de Oriente Próximo eran mejores [nota del lector: como señalan Jare Diamond en Armas, gérmenes y acero] para cultivar trigo o domesticar ganado (había muchas más especies). De ahí que surgiesen los primeros imperios que construyeron las pirámides o los canales de riego. Pero a partir del primer milenio antes de Cristo se colapsaron Mesopotamia, Creta y Egipto y Asia empezó a acercarse a Europa hasta que casi se igualaron en tiempos del imperio romano y la dinastía Han (entre el siglo 3 antes de Cristo y el quinto después de Cristo). Mientras Europa se hundía en la Edad Media, Asia, a pesar de sus guerras y la pista, pudo crecer económicamente hasta el año 1.100. Una ciudad destacaba entre otras: Kaifeng. Pero esta ciudad cayó en 1127 a manos de los guerreros manchúes jurchen.
En esa época fue destacado la creación de dos imperios, el imperio Song al sur, cuya capital era Hangzhou, y jurchen en el norte de China, cuya capital era Kaifeng, ambos con minas de carbón.
 En aquella época, China contaba con una potente industria del carbón, altos hornos y se dirigía a una incipiente revolución industrial que no llegó a cuajar. Hacía siglos que imprimía libros, incluso con tipos móviles, y disponía de bombas de agua capaces de secar grandes campos y usaba pólvora en las batallas. Sin embargo, las invasiones mongolas, a partir de 1162, acabaron con el sueño de la industrialización china porque los guerreros esteparios devastaron gran parte de China y Oriente Próximo, desastre que permitió a Europa empezar a ganar pulso porque mientras el núcleo musulmán se hundió sobrevivieron ciudades como El Cairo, Venecia y Génova, que ocuparon el sitio vacío.  En 1279, la dinastía Song cayó en manos de los mongoles y se arruinó para siempre el sueño de una China industrial en el medievo, pues también le asolaron epidemias. China cayó bajo los 4 jinetes del Apocalipsis: migraciones, fracaso del estado, hambre y enfermedades. La visita de Marco Polo en 1290 supuso un antes y un después por el mero hecho de ser él y no un chino el que hiciese la visita a Europa.

En 1421, China dio un último impulso a su carrera hacia la modernidad al enviar una gran flota a Africa. Los portugueses, que se adentraron en el sur de África, apenas disponían de cuatro naves pero empezaron a tomar puertos en Asia a base de cañonazos. Aún así, Europa aún no era rival para una nación rica como China que, sin embargo, se cerró al extranjeros tras sus expediciones marinas. Ian Morris dice que los funcionarios chinos hicieron lo sensato y más razonable al suspender los caros viajes marítimos porque, geográficamente, América quedaba lejos y no había nada atractivo que adquirir ni manera de volver por el Pacífico mientras que Europa (Portugal y Castilla) lo tenían más fácil porque estaban situadas a medio camino del Nuevo Continente. Morris llama "idiota incompetente" a Cristóbal Colón por ser tan temerario de cruzar el Océano tras errar en sus cálculos sobre la extensión de la Tierra y pensar que había llegado a las costas de China. El mismo tratamiento da a Carlos V y Felipe II por meterse en una cadena de guerras para unir la Cristiandad y luchar a la vez contra los turcos, tarea que superaba la capacidad real del imperio de los Habsburgo. Si en aquel entonces, los Habsburgo no pudieron unir Europa, nadie lo podría hacer.

A pesar de ello, entre 1700 y 1773, Europa ya había superado al resto del mundo al poner en marcha la revolución industrial. En el año 1800, el adelanto ya era impresionante debido a la máquina de vapor. A partir de esa fecha, el desarrollo social de Occidente se dispara hasta alcanzar 900 puntos, algo inaudito si se tiene en cuenta que el Imperio Romano en su apogeo solo tenía 24 a 43 puntos, un techo que no pudo superar hasta 1700. Parte de este éxito se debe a un factor geográfico clave: Rusia y China cerraron las fronteras gracias a su potencia de fuego y cortaron la autopista de la estepa: los mongoles y otros nómadas dejaron de ser una amenaza y Europa y Asia ganaron en estabilidad.

Otro concepto que estudia es la "ventaja del aislamiento", que supone que tribus "salvajes" asumen las nuevas tecnologías de culturas superiores, las superan y las vencen. Entre los ejemplos que cita están los mongoles.

También explica que da igual si Oriente alcanzó a Occidente o si luego fue al revés, o si cayó el Imperio Romano y eso retrasó a Europa o que luego las invasiones mongolas hundiesen a China, porque lo importante es que todos esos inconvenientes y retrocesos supusieron un retraso de varios siglos pero no impidieron que  la historia avanzase en su dirección hacia la convergencia económica de ambos continentes.


El libro finaliza con una proyección del futuro. Ian Morris cree que pronto habrá una convergencia de Oriente y Occidente aunque en el fondo tampoco tiene mucho sentido en una sociedad global. También advierte que el mundo va a diverger hacia dos escenarios: el Crepúsculo y la Singularidad. El Crepúsculo sería un futuro devastado por las bombas atómicas en el que peligraría incluso la existencia misma de la humanidad. La Singularidad, por contra, es un futuro lleno de tantos avances tecnológicos que en el año 2103, el mundo tendrá 5.000 puntos de desarrollo social, casi seis veces más que ahora. Nadie sabe de dónde saldrá la energía para mantener tal consumo de energía que necesitarán los 10.000 millones de habitantes del planeta Tierra y que, además, estarían fusionados prácticamente con las máquinas.

lunes, 29 de enero de 2018

"Cronometrados", de Simon Garfield (2016)

Resumen del libro "Cronometrados", de Simon Garfield (2016)

El resumen original y actualizado está en el siguiente link:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2017/07/cronometrados-de-simon-garfield-2017.html

https://resumendelibrosdehistoria.blogspot.com/2017/12/resumen-del-libro-de-simon-garfield.html

Sociología, tiempo, historia, horarios, relojes

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Título: "Cronometrados"
Subtítulo: Cómo el mundo se obsesionó con el tiempo

Título en inglés: Timekeepers

Edición en inglés: Edimburgo, 2016

Edición en español: Penguin Random House, Barcelona, 2017

Número de páginas: 407

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Biografía del autor Simon Garfield (hasta 2017)

Simon Garfield nació en Londres en 1960 y es autor de más de una docena de exitosos libros de no ficción, entre ellos los best sellers internacionales Es mi tiempo, Un libro sobre fuentes tipográficas (Taurus, 2011), En el mapa, de cómo el mundo adquirió su aspecto (Taurus, 2013) y Postdata. Curiosa historia de la correspondencia (Taurus, 2015), y editor de una trilogía de diarios del Mass Observation Archive - Our Hidden Lives, We are at War y Private Battles-, que proporcionan información única sobre la Segunda Guerra Mundial y sus secretos. Por su estudio sobre el sida en Gran Bretaña, The End of Innocence, obtuvo el Premio Somerset Maugham. Vive entre Londres y St. Ives, Cornualles.

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Texto de la contraportada y la solapa posterior

"El tiempo es lo más valioso que tenemos. Este es un libro sobre nuestro afán por medirlo, controlarlo, comprarlo, representarlo, inmortalizarlo, reinventarlo y darle sentido".

"No hace mucho medíamos nuestros días por el movimiento del sol. Hoy la hora nos llega de todas partes con insistencia, y lo que impulsa nuestras vidas es la idea de que nunca vamos a tener suficiente de lo que más anhelamos: el tiempo. ¿Cómo ha llegado a dominarnos algo tan arbitrario?

El tiempo se ha convertido en una fuerza imperante en nuestras vidas. ¿Por qué, tras miles de años orientándonos vagamente con el cielo, hemos pasado a necesitar continua y compulsivamente que nuestros ordenadores y móviles nos den la hora con una precisión milimétrica?

Cronometrados es una brillante investigación de las formas en que hemos percibido, contenido y ahorrado el tiempo a lo largo de los últimos 250 años, narrado con el estilo ingenioso y entretenido tan característico de Simon Garfield. En un momento en que la gestión del tiempo se ha convertido en uno de nuestros mayores desafíos, esta historia nos ayuda a hacerle frente con una luz nueva".

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ÍNDICE

Introducción: muy, muy temprano o muy, muy tarde

1. El accidente del tiempo

Salir del campo
La brevedad de la vida y cómo vivirla

2. De cómo los franceses echaron a perder el calendario

3. La invención del horario

Lo más veloz que hayas visto nunca
¿Ha existido una tiranía tan monstruosa?

4. El ritmo de las horas, la hora del ritmo

Cómo interpretar la Novena
¿Cúanto debe durar exactamente un cedé?
Revolver

5. ¿Cuándo hablar mucho se convierte en hablar demasiado?

En los tiempos de Moisés
Hablar, hablar y hablar

6. Hora de ir al cine

Cómo llegar hasta el reloj
El tren está a punto de efectuar su entrada en la estación

7. Horología, primera parte: cómo hacer un reloj

Un sueño muy difícil
¿Qué es lo que tienen los suizos?

8. Roger Bannister corre y corre

9. Vietnam. Napalm. Niña

El segundo partido
Mi nombre es Muybridge y le traigo un mensaje de mi esposa

10. El turno de día

Aplastaremos, machacaremos, asesinaremos a Yamaha
El jefe del infierno

11. Horología, segunda parte: cómo vender el tiempo

Vasco de Gama Edición Especial
Bienvenidos a Baselworld
Oh oh
En el que se nombra al culpable
El reloj más caro del mundo

12. Tácticas temporales que funcionan

La temporada de las fresas
El sistema de correo electrónico sencillo y optimizado

13. La vida en breve, el arte es duradero

El reloj es un reloj
Los blancos están locos

14. Decelerando el mundo

Un lugar en el que no pasa el tiempo
Vivir a la francesa
Comida aún más rápida

15. El Museo Británico y nuestra historia

El Libro de Horas
Maldecidos y abandonados
Los que se sienten indiferentes

Epílogo: la hora de la humildad

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RESUMEN

El libro tiene interés para esta web porque indaga en la medición del tiempo del mundo, algo que tiene interés sociológico.

El autor pone muchos ejemplos de la medición del tiempo. Por ejemplo, estudia la evolución de los relojes suizos (Swiss made) y de por qué han logrado tanto prestigio. Considera que desde el siglo XVI se especializaron, como otras ciudades, en fabricar relojes de bolsillo cada vez más exactos pero que también contribuyó su red comercial y su política de piezas de repuesto (para que el comprador tenga que acudir a un taller de una marca suiza).

Luego estudia la vida de Bannister, el corredor inglés que logró cubrir una milla corriendo en menos de cuatro minutos (lo hizo en 3.59.40). El corredor, que también era científico, se pasó 50 años contando cómo fue aquella carrera y lo que sintió en los últimos segundos antes de llegar a la meta y desfallecer. Sus botas de aquella mítica carrera fueron subastadas al final de su carrera para sufragarse cuidados asistenciales.

También examinó la vida de un fotógrafo de gran precisión de EE.UU. del siglo XIX que inicialmente era un comerciante que, un día, sufrió un golpe en la cabeza. Fue absuelto por un jurado de matar a tiros al amante de su esposa porque la dejó embarazada y dio a luz un hijo que no era suyo. Los miembros del jurado lo absolvieron, no por una eximente de arrebato, sino porque consideraron que ellos habrían hecho lo mismo en una situación parecida. Eran tiempos del Far West. Dicho fotógrafo estaba un poco "tocado" pero se especializó en agilizar la rapidez de las cámaras.

El autor también repasa otro momento de la fotografía que apenas duró unos segundos pero que sirvió para concienciar del terror de la guerra. Se trata de los niños que corren tras ser atacados con napalm en la guerra de Vietnam. La foto dio la vuelta al mundo y se convirtió en un símbolo. El fotógrafo fue el único que logró la foto porque los demás no tenían carretes de 36 (son 18 doblados). Recuerda que llevó al hospital a la niña, en apenas un instante, pero que luego el revelado le pareció que duraba horas, lo mismo que enviar la imagen por teléfono a las agencias internacionales.

Posteriormente, se introduce en una fábrica de coches para aprender cuánto se tarda en hacer un coche en una cadena de montaje. Lo expulsan inmediatamente al no conseguir el tiempo exigido. Eso le sirve de base para contar la historia del "just in time", el concepto iniciado por Toyota para reducir el tiempo de producción en sus fábricas. Tuvo tanto éxito que Honda lo practicó para competir con Yamaha cuando esta compañía construyó una gran fábrica. Además de la motivación, redujeron pasos de fabricación para eliminar trámites burocráticos. Una de las exigencias del "just in time" era que todos los pasos saliesen a la perfección. Este método tuvo como consecuencia la rotación mayor de las plantillas y una mayor racionalización.

El autor aprovecha para hablar de Taylor, el científico industrial que duplicaba la producción de una empresa en un año mediante el cronometrado de cada fase de la cadena pues observó que los obreros eran un poco "parados". Estableció un tiempo mínimo para cada tarea de forma que la fábrica empezó a moverse a gran rapidez. El problema es que aumentaron el número de supervisores y dio lugar a una macroencefalia en las organizaciones industriales. El autor considera que el "just in time" es una evolución del taylorismo más que del fordismo. La diferencia es que en las cadenas de Ford había cierta consideración del obrero mientras que en el taylorismo es una pieza más del engranaje fácilmente reemplazable.

Garfield continúa examinando los relojes Swiss Made y su publicidad. Cuenta que la aparición de relojes de cuarzo muy baratos y sofisticados en los años 70 supuso un mazazo para la industria suiza pero que pronto se recuperaron económicamente al lanzar el reloj de plástico Swatch, que se convirtió en un icono pop. Los relojes suizos fueron cada vez más sofisticados (con fases de la luna, calendarios, etc...) y algunas marcas incluso vendían la "aventura", caso de Omega, que tuvo la suerte de que uno de los astronautas (Aldrin porque Amstrong se olvidó) usasen en la Luna ese reloj recién sacado de la caja. En algunos relojes se llegó a incluir trozos históricos del barco de Nelson y otras reliquias como la lona que cubrió las alas del avión Spirit of St Louis de Lindbergh que cubrió por primera vez la travesía transoceánica entre Nueva York y París.

El autor también estudia las películas que tratan de los relojes, como es el caso de un documental de 24 horas en las que solo aparecen escenas de películas donde hay relojes. Arranca con una explosión del Big Ben a la medianoche, la famosa escena de Harold Lloyd colgado de un reloj, etc... Otros artistas han seguido la misma idea.

Finalmente, el autor estudia la situación de los chicos del Flash, los corredores de bolsa que hacen operaciones automáticas en cuestión de milisegundos para comprar y vender. La idea era ser el más rápido en operar pero resulta que alguien descubrió que se podían hacer trucos si se iba más lento. Además, pronto surgieron problemas porque los superordenadores generaban "nanocracks" al hundir una compañía al 90 % de su valor en un par de segundos y luego recuperarse la cotización durante el resto de la jornada dejando el crack de 1929 como una mera anécdota. A ello se sumaron los hackers adolescentes que desde la casa de sus padres y en pijama y con un ordenador de mesa eran capaces de alterar sustancialmente el mercado. La policía detuvo a uno de estos gamberros tras cinco años de investigación, lo que dejó en evidencia lo vulnerables que eran los sistemas de la Bolsa a ultravelocidad. Lo que parecía un chollo del libre mercado sin reglas tuvo efectos inesperados aunque no son muchos los casos detectados de hundimientos de bolsa automatizados.



lunes, 18 de diciembre de 2017

"La España vacía", de Sergio del Molino (2016)

Resumen del libro "La España vacía", de Sergio del Molino (2016)

Resumen original y actualizado en:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2017/10/la-espana-vacia-de-sergio-del-molino.html

https://resumendelibrosdehistoria.blogspot.com/2017/12/resumen-del-libro-la-espana-vacia-de.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación Social y licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, sociología rural, población, estructura social, urbanismo, distribución poblacional, demografía
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Título: "La España vacía"

Subtítulo: "Viaje por un país que nunca fue"

Autor: Sergio del Molino

Fecha de publicación: Madrid, 2016

Editorial Turner Publicaciones SL

Número de páginas: 292

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Biografía de Sergio del Molino  (hasta 2017)

Sergio del Molino nació en Madrid en 1979. Es autor de La hora violeta, novela por la que recibió el Premio Ojo Crítico de Narrativa 2013 y el Premio Tigre Juan 2013, entre otros, y que ha sido traducida a varios idiomas. Desde su debut literario, en 2009, ha publicado la colección de relatos Malas Influencias (2009), el ensayo literario Soldados en el jardín de la paz (2009), una antología de sus textos periodísticos más personales. El restaurante favorito de Nina Hagen (2011), la que fue su primera novela No habrá más enemigo (2012) y Lo que a nadie le importa (2014), que anticipa en clave narrativa algunos temas que aparecen en La España vacía, su primer gran ensayo.

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Texto de la contraportada

"Hay dos Españas: una urbana y europea, y una España interior y despoblada. La comunicación entre ambas ha sido y es difícil. A menudo, parecen países extranjeros el uno del otro. Y, sin embargo, la España urbana no se entiende sin la vacía.

Esa España interior del Quijote, la que divisamos desde la autovía, la de los pueblos que para algunos son la feliz aldea de los veranos infantiles y para otros el paisaje de la leyenda negra, es la España vacía de este ensayo.

Buñuel, Azorín o Almodóvar la convirtieron en escenario. Los políticos la visitan en campaña electoral o la olvidan en cuanto llegan al gobierno. Los urbanitas vuelven a ella soñando con una vida más fácil. Y los que la viven bajan a Madrid a gritar que existen.

Un ensayo originalísimo y emocionante, escrito por una voz joven, con mirada política y sensibilidad literaria. Un libro imprescindible, que le hará pensar en su familia, en sus raíces y en su forma de vivir".

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ÍNDICE

El misterio de las casas quemadas

Primera parte. El Gran Trauma

I. La historia del tenedor

II. El Gran Trauma


Segunda parte. Los mitos de la España vacía

III. La ciencia del aburrimiento

IV. Tribus no contactadas

V. Marineros del entusiasmo

VI. La belleza de Maritornes

VII. Manos blancas no ofenden.


Tercera parte. El orgullo

VIII. Los hijos de la tierra

IX. Una patria imaginaria.

Coda: explicaciones no pedidas

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RESUMEN:

Comentarios iniciales: Estamos ante una gran obra de Sociología, del estilo "La primavera silenciosa", un ensayo que también es útil para los economistas para comprender y visualizar la estructura económica de España con grandes polos industriales concentrados y rodeados de "desiertos" despoblados. 

El autor recuerda sus tiempos mozos, cuando sus padres de Madrid quisieron irse a vivir a un pueblo castellano. A pesar de su vida idílica, los inviernos cortaban las carreteras por la nieve y pronto se mudaron a Alicante. Es la forma de arrancar este libro sobre el abandono del rural, un declive que Delibes ya describió en 1978 en El Disputado Voto del Señor Cayo.

A medida que se avanza por las páginas del libro, el lector toma conciencia del desolador panorama del interior de España, que abarca las dos Castillas, Aragón, La Rioja, Extremadura y (en una extensión que hace el autor) las provincias gallegas de Ourense y Lugo. Estas provincias y regiones se caracterizan por tener pueblos vacíos en zonas desérticas, sin apenas población, con el rural abandonado o explotado por grandes compañías pero que no generan trabajo. Compara los pueblos franceses, italianos o alemanes enclavados a lo largo de carreteras con verdes e idílicos paisajes que siguen vivos y llenos de alegría y rebosantes de niños al otro lado de los Pirineos frente a los pueblos "zombies" castellanos. Mientras Europa ha logrado hacerlos económicamente viables y cada semana celebran una feria con quesos y otros productos locales, en Castilla y Aragón, no hay nadie por las calles y sus paisajes son desolados. [nota del lector: la imagen de los pueblos europeos contiguos siguiendo el trazado de la carretera también es típica de la Galicia costera].

En primer lugar, señala que lo que él llama la España Vacía cuenta con 7 millones de habitantes, aunque solo hay tres ciudades importantes: Madrid, Zaragoza (700.000 habitantes) y Valladolid (300.000) y el resto son capitales de provincia. Su extensión es similar a Bélgica, que tiene el doble de habitantes. Fuera de la capital, todo es un páramo, con una densidad de población de 8 habitantes por kilómetro cuadrado, similar a la de Laponia. En sí, España, con una superficie similar a la de Francia, que duplica a Inglaterra, y por encima de Italia y Alemania, es un país vacío, con poca población respecto a los estados más occidentales. Pone como ejemplo que en todo el Levante agrupa a 17 millones de habitantes y que Andalucía suma otros siete.

El éxodo del rural tiene su origen entre 1945 y 1950, cuando los jóvenes empezaron a emigrar del pueblo a la ciudad en busca de una vida mejor ante la falta de empleo en el campo y por la industrialización en las ciudades, que duplicaron o triplicaron su población en 30 años. Primero se fueron a la ciudad los jóvenes y luego los viejos, en busca de servicios médicos.
 La película "Surcos" relata las míseras condiciones de los campesinos que viven en descampados de Lavapiés, en Madrid, y los jóvenes se dedican a robar y las chicas a prostituirse con los señorones de la capital. La novela "Tiempo de Silencio" aborda la misma cuestión. La pobreza no se podía esconder pero se hizo más humana con el humor de Paco Martínez Soria, el prototipo de "paleto" que se va a vivir a la capital. El autor dice que nadie, en 50 años, hizo nada por resolver el abandono del campo. Explica que el general Franco expresaba su gran admiración por los valores agrarios y ganó la Guerra Civil con la ayuda campesina pero luego siguió representando al capitalismo de siempre. El régimen militar dirigió una política de inundación de valles para construir embalses y generar electricidad para las ciudades y apostó por la creación de polos industriales en Madrid, Bilbao y Barcelona, que se llenaron de inmigrantes del rural. En 30 años, el campo se vació y la mitad de la población estaba viviendo en una gran ciudad. Fue un crecimiento descontrolado, propio del brutal desarrollismo de los años 60, y la estructura económica se vio completamente descompensada, con pueblos muertos en el interior y la costa superpoblada. Recuerda al crecimiento espectacular de China. Del interior no volvió a tenerse noticias hasta que se movilizaron los de "Teruel también existe".

Otra de las cuestiones que llama la atención al autor es que a nivel político el campo está sobre-representado, su voto vale más que el de la ciudad a la hora de obtener escaños, lo que ha llevado a que los grandes partidos inflen su número de escaños a costa de los pequeños partidos que aunque consiguen muchos votos están dispersos por todo el territorio rural. El reparto de escaños por la Ley de D'Hont fue instaurado para dar "estabilidad" a la política pero, según el autor, se hizo para evitar que el partido comunista lograse muchos escaños y, a la vez, favorecer el bipartidismo. El caso es que el voto de un habitante de Soria vale 5,6 veces más que otro de Madrid. De ahí, que los políticos que comprendieron la ley de D'Hont comprendieron que el voto nacionalista y regionalista resultaba mucho más valioso y rentable que el de otros partidos minoritarios. Nadie ha querido cambiar el sistema porque los opositores que llegaron al poder, lo mantuvieron para seguir en el poder.

Más adelante analiza sitios que simbolizan el rural como Fago (en Huesca) o Las Hurdes (en Extremadura). En el primer caso, Fago era un pueblo de 30 habitantes, la mayoría regresados de la ciudad para buscar tranquilidad, algunos de los cuales se volvieron paranoicos y uno de ellos asaltó al alcalde cuando volvía por carretera en medio de la nieve y lo asesinó con tiros de escopeta. Los vecinos se quejaban de que el alcalde ponía multas "injustas" cuando ellos lo que querían en el pueblo era vivir con tranquilidad y no fijarse en dónde aparcaban el coche. El asesino resultó ser un vecino descontento con la supuesta "tiranía" del alcalde. Fago se había convertido en un infierno administrativo. Los periodistas, incluido el autor, tropezaron con el silencio de los vecinos y del único bar que había. El autor señala que el pueblo más cercano estaba a muchos kilómetros y que el resto era desierto aragonés. Los inviernos eran realmente duros y solitarios, como si te aislasen en una celda de castigo. Hasta Internet iba lento.

Fago representaba la soledad paranoica del mundo rural, del aislamiento invernal que hacía perder la cabeza a sus habitantes, que se peleaban por minucias ridículas y vergonzosas como los niños. Pero el autor replica que hay miles de pueblos casi vacíos y solo se han producido un puñado de crímenes. En todo caso, algunos, el crimen de Puerto Hurraco, con nueve asesinados y los dos culpables huidos al monte perseguidos por la Guardia Civil, despertaron a España en 1990 del sueño de modernidad que parecía vivir con el AVE, la Expo 92 y las Olimpiadas de Barcelona.

Otro caso que analiza es el de Las Hurdes, considerada la imagen de la miseria rural azotada por pobreza, brutalidad y enfermedades infecciosas. En los años 20 del siglo XX, Luis Buñuel rodó allí un pseudodocumental, llenos de monstruo y deformes de feria, bebés flotando en el río, que el doctor Gregorio Marañón rechazó por irreal. La película no pasó la censura y apenas fue vista pero se convirtió en un mito. Hasta el propio Unamuno viajó desde Salamanca a Extremadura para verificar si la parte alta de Las Hurdes era la jungla, sin libros ni nada. Lo desmintió, no le pareció más pobre que otras zonas montañosas que había recorrido antes.

El autor Sergio del Molino concluye que Buñuel quiso seguir la estela de la literatura del momento, estilo Tarzán o El Corazón de las Tinieblas, donde el explorador occidental se adentra en territorio indígena, como es el caso de Las Hurdes. La mala fama de Las Hurdes siguió durante décadas y el Franquismo y luego la Junta de Extremadura se volcaron en esta región para ponerla como escaparate del progreso en el rural, con mucha tienda "delicatessem", etc...

En posteriores capítulos examina el paisaje de Castilla-La Mancha, descrito en El Quijote, y los relatos de los viajeros franceses e ingleses que visitaron España en el siglo XIX atraídos por los tópicos y que estaban aterrorizados con la miseria que veían, por el árido paisaje de Castilla y por la inseguridad de los caminos. El propio cuentista Arthur Andersen no se atrevía a salir más allá de unas manzanas de su alejamiento en Madrid por temor a ser asaltado por bandoleros.

Una idea destacable es que el autor considera que el romanticismo contribuyó a fijar la idea de un paisaje vacío y lleno de pedruscos en Castilla, sobre todo con las traducciones de autores franceses que eran más neutrales pero que la versión española traducía con mayor mordacidad. Los extranjeros sin embargo sí se asombraron de que el país estuviese vacío. Añade que aunque no hayamos leído a Antonio Machado, tenemos una imagen clara y precisa de la ancha Castilla y cuando la visitamos en coche por la autopista la reconocemos al instante. Ese imaginario ha pasado de los libros y poemas al cine y la televisión, de forma que existe en nuestra imaginación la idea de Castilla plana y solitaria.

 Sin embargo, en pleno romanticismo, el poeta y escritor Becquer logró hacerse un hueco en el panorama periodístico de la capital al enviar sus crónicas desde Moncayo y describir sus paisajes de forma totalmente asombrosa para los capitalinos.

Otra de las cuestiones de interés es que Del Molino niega la famosa leyenda que dice que en la Hispania Romana las liebres y ardillas saltaban de árbol en árbol de un extremo al otro del país. No halla ningún testimonio similar en los textos clásicos y los dibujos y grabados y textos del siglo XVIII reflejan un país sin un árbol aunque luego en el XX comenzaron las repoblaciones aunque el paisaje, en esencia, siguió siendo plano y sin sombra.

También se detiene en la ruta de El Quijote. Cree que la mayor parte fue inventada por Cervantes y que no se corresponde con la realidad porque el escritor escribía deprisa y no se fijaba mucho en los detalles (al mismo personaje le ponía nombres distintos o le hacía cenar tres veces seguidas en el mismo capítulo). Además, Cervantes buscaba la risa tabernaria y era muy cruel con los personajes, ridiculizándolos para chanza del público embrutecido. Sin embargo, se ha montado una industria en los pueblos de La Mancha respecto al Quijote diciendo que si pasó por allí o por allá, sin tener en cuenta que era una chanza más del Cervantes, un tipo socarrón en exceso por no decir burlón y que solo buscaba la risa de la taberna. Pero en el imaginario colectivo quedó como un honor que este o el otro pueblo fuesen mencionados en el libro porque creaba una identidad.




jueves, 14 de diciembre de 2017

"Guerra, ¿para qué sirve?", de Ian Morris ( 2014)

Resumen del libro "Guerra, ¿para qué sirve?", de Ian Morris ( 2014)


Resumen del libro original y actualizado:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2017/11/guerra-para-que-sirve-de-ian-morris-2014.html

https://resumendelibrosdehistoria.blogspot.com/2017/12/resumen-del-libro-guerra-para-que-sirve.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación Social y licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, Historia, cambio social, historia de la civilización, estructura social

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Título: "Guerra, ¿para qué sirve?"

Subtítulo: El papel de los conflictos en la civilización desde los primates hasta los robots

Título original en inglés: "War! What is it Good for?"

Edición en inglés: 2014

Edición en español: Barcelona, 2017, Ático de los libros

Número de páginas: 639
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Biografía oficial del autor Ian Morris (hasta 2017)

Ian Morris es doctor en Historia por Cambridge. Vive en las montañas de Santa Cruz, en California, junto a su esposa, gatos y perros y es profesor de Historia del Mundo, Arqueología, Cultura Clásica en la Universidad de Stanford, donde ha sido director del departamento de Cultura Clásica, director del Instituto de Historia de las Ciencias Sociales y del Centro de Arqueología, así como el decano adjunto de la Facultad de Humanidades y Ciencias. En 2009, fue galardonado con el Dean's Award por la excelencia de sus clases. Ha dirigido excavaciones arqueológicas en Gran Bretaña, Grecia e Italia.

Ha publicado diez libros entre los que destaca "¿Por qué manda Occidente... por ahora?" (Ático Historia, 2014). Ha sido galardonado con premios de la Fundación Guggenheim, la Fundación Mellon, la National Geographic Society y el National Endowment for the Humanities y es titular de la Cátedra Jean y Rebecca Willard de Clásicos.

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Texto de la contraportada 

"En este fascinante libro, el historiador y arqueólogo Ian Morris investiga el papel de la guerra a lo largo de la historia. Partiendo de esa premisa, "Guerra, ¿para qué sirve?" nos ofrece un sensacional relato de la violencia a través de los siglos y llega a la sorprendente conclusión de que la guerra ha hecho del mundo un lugar más seguro y próspero. Morris explica que, en la Edad de Piedra, había una posibilidad entre diez o incluso entre cinco de morir violentamente, mientras que en el siglo XX, pese a dos guerras mundiales, la bomba atómica y el holocausto nazi, menos de una de cada cien personas murió a manos de otra.

¿Es posible que algo tan espantoso como la guerra haya sido una fuerza positiva en el avance de la civilización? Morris expone cómo, a lo largo de quince mil años, la guerra ha contribuido de forma decisiva a crear sociedades más grandes y complejas, las cuales, a su vez, han hecho que la vida de sus ciudadanos fuera más segura.

Por último, al comprender exactamente el funcionamiento y la utilidad de la guerra, estaremos en mejor posición posible para saber si, de una vez por todas, se puede acabar con ella".

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ÍNDICE

Introducción: la amiga del enterrador

1. ¿La tierra baldía? Guerra y paz en la Antigua Roma

2. Enjaular a la bestia: las guerras productivas

3. Los bárbaros contraatacan: las guerras contraproducentes (1-1415 d.C)

4. La Guerra de los Quinientos Años: Europa (casi) conquista el mundo (1415-1914)

5. Tormenta de acero: la guerra por Europa (1914-década de 1980)

6. Con uñas y dientes rojos: por qué los chimpancés de Gombe fueron a la guerra

7. La última gran esperanza del mundo: el Imperio estadounidense (1989-?)

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RESUMEN

Habría que encuadrar este libro junto al de Monbiot y otros que defienden un orden mundial, un gobierno global que cree un gran espacio de comercio y cultura e impida los actuales abusos de la globalización donde las grandes multinaciones campan a sus anchas debido a la distinta legislación mundial.

El libro parte de la tesis de que las guerras por la expansión del territorio (que él denomina guerras productivas) crean espacios de gobernabilidad mayores y traen una posterior paz y prosperidad a esas tierras. Por contra, hay otro tipo de guerras defensivas que son "contraproductivas" y que mantienen a los contendientes en un peligroso equilibrio y conflicto perpetuo (en plan guerras feudales).
Así, como ejemplo de guerras productivas están las del Imperio Romano, que pacificó todo el Mediterráneo y el Atlántico Norte y llevó la paz a 60 millones de habitantes que antes vivían enfrentados en conflictos tribales. Lo mismo pasó con la China de la dinastía han o la India. Enormes civilizaciones antiguas, que funcionaban como "bandoleros sedentarios" recaudando impuestos, mantuvieron la paz y favorecieron la agricultura durante muchos siglos. Añade que los antropólogos que estudiaron las tribus del Amazonas durante 30 años descubrieron que una gran parte de los habitantes moría en conflictos violentos, asesinado, en peleas... mientras que en el siglo XX el hombre occidental, a pesar de las dos guerras masivas, tiene una probabilidad de 1 o 2% de morir en un conflicto armado o hecho violento, ya que la violencia ha sido prácticamente erradicada en las civilizaciones más avanzadas donde hay un Estado fuerte.

[nota del lector: el fallo de este argumento es que para conseguir la Pax Romana y mantener la prosperidad durante dos siglos (el I y II DC), Roma libró siete siglos de guerras (con otros pueblos de Itálica, con Cartago, con Galia), masacrando a millones de indígenas europeos o esclavizándolos, para luego disfrutar de dos siglos de paz antes de volver al caos con las guerras civiles propias de un Estado fallido seguidas de una mayor matanza con la invasión de los bárbaros. El balance del Imperio Romano fueron 9 siglos de guerra y conquista, asolando a fuego todo el Mediterráneo y el Atlántico, dejando una estela de millones de muertos, para disfrutar dos siglos de paz, que no duró mucho ya que luego le siguieron otros diez siglos de guerra constante entre señores feudales a lo largo de la Edad Media, por lo decir las guerras entre potencias europeas que siguieron otros 500 años hasta la hecatombe de 1914-1945. Reconstruir el imperio Romano llevó 1.500 años de guerra y sin ningún éxito hasta que, pacíficamente, se firmó el tratado de la UE]


Las grandes civilizaciones antiguas y su caída

El libro arranca con un pasaje de Tácito sobre la guerra de Agrícola en Britania contra los pictos o actuales escoceses. El líder britano Calgaco arentó a miles de guerreros bárbaros para aplastar a las legiones de Agrícola que avanzaban. Avisó de que los romanos solo dejaban tras de sí "tierra baldía". Frente a esta concepción de Roma como ejército que arrasa con todo, está la de Cicerón que canta el orden que se impuso en el Imperio y en el que florecen las artes y las letras superada ya la barbarie de tribus ferozmente enfrentadas entre sí para robar ganado o agua. Con Roma, impera la paz. El autor apuesta por la visión de Cicerón, porque es la que se debe adoptar a largo plazo, la de la creación de una gran civilización que permite territorios llenos de paz, mientras que la del gran jefe  Calgaco es cortoplacista, solo ve la humareda de las cosechas quemadas por las legiones que avanzan hacia él a combatir. 

Ian Morris sostiene que una vez que un Estado alcanza una dimensión grande, tiene incentivos para mantener la paz en su territorio, recaudar impuestos, proteger a su población, etc... aunque sea para que otros no le roben el botín. Si en el pasado, los jefes guerreros eran feroces asesinos, luego devinieron en administradores del territorio conquistado para sacarle buenas rentas. Crearon un estado "hobbesiano" por el que mantenían el orden y el monopolio de la violencia. Esta idea caló de que el Estado era el único con derecho a ejercer la violencia por lo que cualquier pelea, crimen, etc... hecho por un ciudadano era inmediatamente castigado. Al tratarse de un poder fuerte, pocos se podían oponer y el territorio quedó pacificado, por lo que la agricultura y el comercio prosperó sin temor a ataques de bandoleros.

 Es lo que el estadista inglés Hoobes llamó el Estado Leviatán, como un gran poder que contrarreste la violencia natural de los hombres, ya que ellos mismos son lobos para el hombre. Frente a esta idea de que el hombre es un mono ultraviolento está la que extendió Margareth Mead, en un conocido estudio antropológico sobre los nativos de Samoa,  de que el hombre es bueno en su estado salvaje y tiende al amor y la fraternidad con sus semejantes, un poco la filosofía hippie. Pero el autor replica que los samoanos le "tomaban el pelo" a Margareth Mead para reírse de ella, según confesaron unas ancianas recientemente.

El autor se adelanta a muchas de las críticas siendo el argumento principal que los lectores le opones el de "¿Y qué nos dices de Hitler?". Morris replica que el "fuhrer" fue un brutal dictador que impuso su propio Leviatán asesino en toda Europa. Añade que la Alemania nazi era un gobierno dominado por una élite del partido y que tenía objetivos genocidas en un 50 % pero en otro 50 % protegía a sus ciudadanos, pero en todo caso, resultó ser un Estado fallido que fue aplastado por otros Leviatán todavía más poderosos. Recuerda que derrotada y eliminada Alemania como adversario, la guerra siguió en otros lados (en Japón), con nuevas y brutales matanzas. Viene a decir que la Alemania nazi era similar a un virus asesino que mató al paciente, como un caso extremo de Estado asesino que no prosperó porque los otros Estados se dieron cuenta de su peligrosidad y entre todos lo aplastaron. Por tanto, lo considera un caso extremo y raro en su argumentación, que estaría encuadrado como una tiranía que explota y asesina a sus súbditos, en la escala máxima de violencia.

El autor añade que hay otros niveles de Estado: la democracia, el gobierno populista, la aristocracia y la tiranía, y cada uno de ellos se mueve por distintos objetivos e intereses. En el caso de Roma, se trataba de un gobierno de la élite aristocrática cuyo objetivo era enriquecerse mediante la conquista pero que también cuidó de que el pueblo estuviese seguro mediante la ley y el Derecho y que por eso fue un Estado viable y próspero mientras duró. Lo mismo pasó en Egipto. El Estado Asirio era otro tipo de tiranía pero mantuvo seguro su territorio y prosperó.

Ian Morris también examina la escalada bélica desde que las guerras movilizaron a pie a la infantería de los egipcios y persas, con expertos tiradores de flechas, hasta que los arqueros disparaban flechas desde carros y los romanos y griegos inventaron la disciplina (ideal frente a las tribus celtas donde cada uno hacía lo que quería) y fabricaron a gran escala espadas de hierro muy baratas con las formaron enormes ejércitos baratos de hombres libres y que revolucionaron la guerra en el cuerpo a cuerpo (mientras en Oriente atacaban desde lejos o con elefantes, como en la India o como hizo Aníbal).
El gran problema estratégico para las grandes civilizaciones, que movían enormes ejércitos a pie, surgió en el mismo momento que tuvieron que enfrentarse a la caballería de los pueblos nómadas (sártrapas, hunos...), brutales, feroces, y bandidos ágiles y fugaces. La muralla de Adriano o la Gran Muralla China, que durante siglos contuvieron a los bárbaros, no sirvieron de mucho cuando los invasores formaron enormes coaliciones y entraron en la frontera arrasando todo.

 Persia fue la primera en reaccionar ante los bandidos de la estepa y creó lo que es la actual caballería pesada: caballeros con armadura y yelmo y armas pesadas, prácticamente invencibles. Los romanos tuvieron que imitarles y China también, la caballería pasó a ser decisiva en estas guerras contra los nómadas y, aún así, estos arrasaron Eurasia, de una punta a otra, derribaron el Imperio Romano, el Indio y el Chino, que durante siglos solo volvieron a ser sombras de lo que fueron. Fue una debacle de las grandes civilizaciones que tardó mil años en recuperarse.

A todo ello se suma que las grandes civilizaciones, Roma y China, se desmoronaron simultáneamente en el siglo II DC a causa de una brutal peste que arrasó el continente de una punta a otra, con legiones enfermas que morían a miles en los campamentos, donde el virus infectaba con mayor rapidez. Entre las enfermedades globales y los jinetes nómadas, que causaron un "efecto dominó" al empujar a los bárbaros al interior del territorio romano y de otros pueblos lindantes con China a la India o China. Estas emigraciones masivas de refugiados añadieron más caos y, en 80 años, el Imperio Romano había dejado de existir y en su lugar se formaron reinos bárbaros controlados por señores de la guerra. El intento de Bizancio de reunificar el Mediterráneo fue muy flojo pues no tenía los medios necesarios y cuando el Islam controló el mismo mar, desde Lisboa hasta Pakistán, no pudo funcionar como un megaestado porque los califas dirigían sus propios reinos sin atender a nadie o peleaban entre sí, según señala el autor. 

En el caso de China, las distintas dinastías lograron reunificar el imperio para volver a disolverse poco después. Los herederos de Carlomagno también fracasaron. Durante mil años hubo un ciclo de guerra-civilización-guerra tanto en Europa como en China e India. 

Otro de las distinciones que aborda Morris es la llamada guerra productiva y la contraproductiva. Dice que Roma hizo guerras productivas hasta el siglo I, en las que sus conquistas eran rentables porque ampliaban el territorio y lograban cuantiosos botines. Pero tras la derrota de cuatro legiones en el bosque de Tettoburgo, en el año 9, Augusto ordenó una guerra defensiva y repliegue a las fronteras seguras. A partir de entonces, la guerra fue contraproductiva porque, por un lado era defensiva, y por otro la ganancia de nuevos territorios como Dalmacia, Rumanía, Siria, salían muy caros, incluso por encima del coste, y apenas rentaban nada. China también entró en un ciclo de guerras contraproductivas para defender su frontera de los nómadas, que requerían enormes ejércitos de caballería que hacían guerras preventivas. No obstante, el autor aclara que esas guerras preventivas a veces disuadían a los nómadas de volver a cruzar las fronteras durante cien años, por lo cual también era rentable.

El poder mundial de Europa

Hasta el año 1018, no se hace una nueva escalada armamentística. Esta vez será la invención de la pólvora en China, que usaron para hacer fuegos artificiales o como arma incendiaria, pero no para lanzar proyectiles a gran velocidad, algo que sí aprovechó Occidente.

Europa fue el ganador de la carrera armamentística de la pólvora porque los distintos reinos feudales la adoptaron entusiasmados. Primero, sus cañones derribaron las murallas de los castillos   (los turcos copiaron la idea para conquistar Costantinopla)  y luego, en torno al año 1470, se empezaron a usar arcabuces con gancho. No pudieron sustituir a la caballería hasta que inventaron los holandeses el sistema de carreta o "lagger", mediante el cual las carretas se disponían en círculo y servían de muralla contra los caballos y parapeto para los cañones. A estas alturas, Europa ya había superado a Asia y siguió el avance cuando las potencias europeas dotaron de cañones a los galeones y barcos de línea, con lo que los mares fueron europeos por su gran potencia de fuego. A ello se sumaron tácticas prusianas como las líneas de fusileros que avanzaban en línea hasta convertir sus ejércitos en paredes que escupían fuego, según contaban los supervivientes.

El autor dice que el norte de Europa se distanció del resto del mundo porque permitió el libre comercio frente a los estados del Sur que aún promovían el monopolio comercial. De esta forma, Gran Bretaña dominó todos los mares del mundo e impuso su ley hasta convertir el siglo XIX el mundo en un lago británico mantenido por un orden global inglés.

Desde el punto de vista de la "rentabilidad" de las guerras, el autor dice que Europa masacró a millones de nativos en América (sobre todo por las enfermedades que redujeron la población a la mitad), Asia (India) y esclavizó a varios millones más en África, pero que en gran parte tuvo como consecuencia una ampliación del territorio europeo y la paz en Europa prácticamente desde 1715 a 1800 y de 1815 a 1914. Según su teoría, al final este ciclo de guerras de expansión trajo la paz al mundo y millones de súbditos vivieron en paz y progreso en las colonias británicas (y las hispanas también durante cuatro siglos). [nota del lector: nuevamente vemos un argumento un poco capcioso porque parece que lo que quedó fue más tierra baldía que otra cosa]

Morris señala que hay un ejemplo que podría invalidar su tesis y se refiere a la guerra de Independencia de EE.UU., pues sería el típico ejemplo de guerra contraproductiva que genera mayor caos y violencia al dividirse el imperio británico en dos y, sin embargo, generó una mayor riqueza y prosperidad para el nuevo país y la antigua metrópoli. El autor replica que la clave de por qué esta vez fue distinto hay que buscarla en el comercio; el propio Adam Smith señala que dejar a los operadores y a la mano invisible del mercado trabajar con mayor libertad generará mayor riqueza, como así ocurrió. La libertad comercial benefició a ambos países, así como la fluidez del crédito, que permitió a EE.UU. tender una gran red de ferrocarril a partir de 1830.

El dominio europeo en el mundo se limitaba hasta el siglo XIX a proteger fuertes en la costa en enclaves asiáticos sin preocupar mucho a los gobernantes de la India o China. Si había una batalla naval entre Holanda e Inglaterra por el dominio de Indonesia, los gobernantes asiáticos lo consideraban una "molestia" o una "guerra comercial". Lo mismo pasaba en el Congo y el resto de la costa, donde los portugueses tenían que comprar esclavos a los jefes locales a cambio de armas sin adentrarse en el territorio por miedo a las enfermedades, salvo en Sudáfrica, que estaba libre de gérmenes letales para el hombre blanco. Eso cambió a partir de mediados del siglo XIX, cuando los médicos occidentales lograron vacunas contra las principales enfermedades tropicales, salvo la fiebre amarilla. De repente, el interior de África y Asia quedaron a merced de los europeos, cuyas principales potencias se repartieron el mundo en pacíficos congresos.

 Inglaterra creó un vasto imperio multicontinental en Canadá, Australia, India, Sudáfrica, Zimbawe, Kenia, Sudán, Hong-Kong y otras colonias en el Caribe o el Pacífico aunque impuso un orden global de comercio y crédito que subyugó a países nominalmente independientes como Argentina o Chile. Su poder naval servía de policía mundial allí donde hubiese conflictos [nota del lector: papel que luego siguió EE.UU.]. Cuando el emperador francés Napoleón decretó en toda Europa un bloqueo comercial del Continente a las islas británicas fracasó porque todos los reinos buscaban trucos para eludir la orden y porque la flota naval británica era dueña de los mares.

Otro cambio que observa Ian Morris son las guerras populares que estallaron a partir de 1776. La insurrección de los colonos americanos y la posterior Guerra de Independencia solo fue el comienzo de las guerras nacionalistas y protagonizadas por el pueblo. Al poco, el pueblo y los burgueses tomaron el poder en la Revolución Francesa de 1789, en lo que sería otra movilización a gran escala que se saldó con miles o millones de muertos, sobre todo en el campesinado reaccionario y entre los aristócratas que no pudieron huir a tiempo. Napoleón llevó a la guerra popular a otra escala al movilizar a un ejército de un millón de voluntarios que no eran profesionales como las tropas de Prusia o Inglaterra pero estaban dirigidos por buenos oficiales. Este ejército popular se metió en un buen lío cuando Napoleón invadió España para obligarla a entrar en el orden continental y bloquear a Inglaterra. Los españoles se constituyeron en otro movimiento nacional y popular y sometieron a una pesadilla a las tropas napoleónicas a las que desgastaron con una guerra de guerrillas. Pronto todos los países se dieron cuenta de que el nacionalismo y el patriotismo servía para hacer ejércitos más poderosos y todos comprendieron la importancia de fomentar esas ideas populares. [nota del lector: pero un siglo después, lo que parecía una medicina mágica que lo curaba todo se convirtió en un veneno, siendo el más claro ejemplo la Alemania nazi ultranacionalista]

La guerra de 1914 a 1945

El autor estudia posteriormente el gran conflicto europeo de 1914 a 1945, que equipara a las Guerras Púnicas entre Cartago y Roma porque hubo dos guerra en medio de una tregua de 20 años. Morris recurre a la teoría de Mackinder en el que el mundo está dividido en tres bloques: el Núcleo (serían las estepas nómadas, desde Rusia a China), el Círculo Inferior (que serían los imperios orientales y europeos) y el Círculo Exterior (América, África subsahariana, Japón y Australia).
En el caso de la Gran Guerra del 2014, Alemania se unificó en un momento en que Gran Bretaña había dejado de ser la única nación industrializada y ya no tenía efectivos para vigilar el mundo como una policía mundial: los ingleses relegaron parte de las tareas en EE.UU. y Japón como ayudantes del policía mundial. En ese contexto, Alemania empezó a crecer e industrializarse y a iniciar políticas coloniales en África pero, en contra del consejo del cancíller Bischmark, que apostaba por una senda diplomática y de equilibro, el kayser comenzó a idear planes para "absorber" parte del Núcleo, concretamente los países no-rusos como el Báltico, Ucrania y Bielorrusia. Solo faltaba una excusa para invadir Rusia.
Por otra parte, la posterior matanza que luego se desencadenó tuvo mucho que ver con unas élites que no tenían piedad ni por su propio pueblo porque si no habrían detenido el baño de sangre que costó millones de vidas. En tanto, Inglaterra adoptó una estrategia para cercar comercialmente a Alemania, que dio resultado a largo plazo y que decidió la guerra hacia los aliados, a lo que también contribuyó la entrada al final de EE.UU. El autor señala que, al terminar la guerra, no se resolvió nada y el mundo siguió igual de inseguro que antes, porque los países perdedores se vieron abocados a guerras civiles (Rusia, Alemania), a lo que después siguió la hecatombe económica del Crash de 1929, y diez años después una segunda guerra, esta vez total.

El mundo post-soviético (1989-2017)

La Segunda Guerra Mundial enterró definitivamente a Gran Bretaña como policía global, ya en decadencia desde 1870, y puso en el mundo a dos policías globales: EE.UU. y la URSS, que se repartieron el planeta: el núcleo quedó en manos del Imperio Soviético y otros países comunistas (China), el flanco interior fue una zona occidental o no alienada (Europa Occidental, Asia del Este, India, Persia, Afganistán) y el mundo exterior quedó en manos de USA (Pacífico, Sudamérica). Cualquier injerencia en esas zonas de influencia suponía un conflicto entre ambos policías globales, como fue el caso de Vietnam, el conflicto de los misiles de Cuba o la guerra de Corea. Además, se siguió un proceso de descolonización, primero de la India, y después de toda África, que quedaron bajo control americano por estar en su área de influencia. EE.UU. evitó por todos los medios que no se instalase el comunismo en su área de influencia.
El mundo siguió con dos policías globales desconfiados siempre entre ellos hasta el punto de iniciar una carrera de misiles nucleares que quedó en tablas porque la destrucción mutua estaba asegurada (MAD). Todo ataque era un suicidio asegurado, como dedujo el ruso Petrov ante lo que era un fallo de su ordenador y fue el que evitó la guerra nuclear en los años 80.

Según el autor, el colapso de la URSS fue planeado en los años 50 por USA mediante una estrategia a fuego lento: hacer que el pueblo soviético comprendiese las condiciones miserables en las que vivía comparándose con la fiebre consumista de Occidente libre. A mediados de los años 80, la URSS habia sido derrotada por Afganistán, el petróleo se había desplomado de precio tras unos años de bonanza, y Gorvachov inició el desarme y el desmantelamiento de la URSS: permitió que Europa Oriental se marchase libremente de su influencia, disolvió el imperio ruso y liberó a las repúblicas del Cáucaso. En cinco años, la URSS se había disuelto como un azucarillo en un vaso de agua.
A partir de 1989, con la caída del muro de Berlín, y de 1991, con el desplome de la URSS, solo quedó un policía global: EE.UU. Fue entonces cuando los conflictos se multiplicaron, sobre todo a partir del 2011, pero el autor recalca que fueron guerras de baja intensidad (para EE.UU., se entiende), caso de la Guerra del Golfo, Irak, Afganistán... e incluso Sudán o Somalia. No había posibilidad de que se produjese un gran conflicto a escala mundial con cien millones de muertos, algo que era una alternativa posible en los años 80. En los años 90, 2000 y 2010, allí donde había problemas, acudía el policía global, aunque poco a poco empezó a automatizar la guerra para abaratarla con drones y otras tecnologías que no requieren tropas en tierra.

El autor afirma que ahora el conflicto se desplaza hacia el Este de Asia, concretamente a las islas que rodean China. Ese gigante económico tiene un potente ejército pero está enjaulado porque su costa está rodeada de una cadena de islas hostiles o patrocinadas por EE.UU. (Corea del Sur, Japón, Taiwan, Filipinas, Singapur, Indonesia). El autor sostiene que EE.UU. es el dueño del Pacífico pero que China quiere, por razones de defensa estratégica, romper el bloqueo de esta cadena de islas. Al carecer de flota o de un mar libre por el que navegar, se ve confinada a ser una potencia continental pero no global. Romper el orden en el Pacífico, el mar Americano, supondría un desafío total a EE.UU. Ian Morris sostiene que no habrá quiebras en el sistema actual quizás durante varias décadas pero teme que llegará un momento en que EE.UU., si continúa con su lenta decadencia a nivel internacional, se verá desbordado en su papel de policía global y tendrá que nombrar ayudantes, posiblemente China [nota del lector: y yo diría Rusia]. El autor teme que, al igual que ocurrió con el Imperio Británico (al permitir el crecimiento de Alemania o Estados Unidos), el propio policía global podría estar cavando su tumba al armar a los que en unas décadas serán sus competidores que lo desbanquen de su papel.

Ian Morris recuerda que se hacen muchos esfuerzos para que no vuelva a haber guerras pero él se teme que, en las próximas décadas, antes de 2050, que será inevitable una megaguerra de las de verdad con millones de muertes en todo el planeta, aunque puede que sea menos devastadora que las anteriores guerras mundiales. Eso se debe a que la guerra con robots será inevitable ya que nadie quiere perder esa ventaja militar (lo llama la carrera de la Reina Roja, una carrera armamentística). Esto se basa en la Historia de la Humanidad: primero se lucharon con ejércitos disciplinados a pie, luego con carros de caballos, con caballería, con armas de fuego, con armas nucleares... Y por otro lado recuerda que la guerra es el camino por el que optan aquellos que ven ventajas y algo que ganar. Cuando alguien va a la guerra es porque algo tiene que ganar, alguna recompensa. Mientras alguien haga sus cálculos y vea posibles recompensas, irá a la guerra. La idea de fondo es que la descomposición del Imperio Americano conllevará nuevas guerras y una gran batalla final entre EE.UU. y el país que lo sustituirá como policía global dentro de unas décadas. Sostiene que la situación actual se parece a la de 1910, con el Imperio Británico en horas bajas y una Alemania y un Japón en crecimiento económico desbocado.

Morris también explica cómo serán las futuras guerras. Ya las estamos viendo. En una caravana en una instalación militar de Nevada dos operadores eliminan a objetivos mediante drones a miles de kilómetros. Hacen la guerra cómodamente como si fuese un videojuego. Alguien ha pensado en una idea más eficiente: enviar cazas-robots guiados por un caza humano a la zona de combate. Los robots procesan la información más rápido que el ser humano, cuando estos piensen la maniobra los robots ya los habrán abatido. Por eso, será inevitable una nueva carrera para desarrollar robots asesinos y robots soldados, según afirma el autor.


"El año 1000", de Valerie Hansen (2020)

  "El año 1000", de Valerie Hansen (2020) Subtítulo:  Cómo los primeros exploradores iniciaron la globalización Ver el link del re...