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jueves, 7 de abril de 2022

"El año 1000", de Valerie Hansen (2020)

  "El año 1000", de Valerie Hansen (2020)

Subtítulo:  Cómo los primeros exploradores iniciaron la globalización

Ver el link del resumen original en:

https://evpitasociologia.blogspot.com/2022/03/el-ano-1000-de-valerie-hansen-2020.html

Sociología, historia universal, globalización, redes de transporte, Edad Media

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Ficha técnica

Título: "El año 1000", de Valerie Hansen.

Subtítulo:  Cómo los primeros exploradores iniciaron la globalización

Título original: The Year 1000. 

Año de publicación en inglés: (2020)

Editorial: Paidós

En español: 2021

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Biografía de la autora Valerie Hansen (hasta 2022)

Valerie Hansen ocupa la cátedra Stanley Woodward del Departamento de Historia de la Universidad de Yale y es una especialista reconocida a nivel mundial en historia de China y la ruta de la seda.

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Texto de la contraportada

"Se cree que los años inmediatamente anteriores al 1000 d.C. carecieron de desarrollos culturales importantes o encuentros geopolíticos, que los europeos aún no habían llegado a América del Norte y que la hazaña marítima más importante fue la invasión vikinga de Gran Bretaña. ¿qué hay de cierto en todo ello?

Valerie Hansen, historiadora galardonada y profesora en la Universidad de Yale, demuestra que el año 1000 nuevas rutas comerciales unieron todo el mundo por primera vez, dando paso a lo que ella denomina el big bang de la globalización, y que marcó el comienzo de una nueva era de exploración y comercio que allanó el camino a los europeos tras la llegada de Colón al continente.

Basándose en nuevas fuentes históricas y arqueológicas, Hansen expone los contactos entre Europa, el mundo islámico, Asia, el Océano Índico, el Pacífico y el mundo maya mucho antes de que los historiadores habían establecido y demuestra convincentemente cómo estos encuentros prepararon el escenario para la globalización que dominaría el mundo durante los siglos venideros. 

El año 1000 es el relato intelectualmente atrevido sobre cómo se forjó el mundo moderno"

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ÍNDICE

1. El mundo en el año 1000

2. Hacia el oeste, joven vikingo

3. Las autopistas panamericanas del año 1000

4. Esclavos europeos

5. El hombre más rico del mundo

6. Asia Central se divide en dos

7. Viajes sorprendentes

8. El lugar más globalizado del mundo

Epílogo

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RESUMEN

Por E.V.Pita (doctor en Comunicación Contemporánea, licenciado en Derecho y Sociología)

El libro es muy entretenido y relata las principales rutas que había en el mundo en el año 1000 y que unieron a todo el globo en una trama de itinerarios que unían el centro de América con los confines de China, aunque es dudoso que un tronco cortado por los vikingos en Vinland (más abajo de Terranova) acabase en la corte china.

La primera ruta que aborda la historiadora se refiere al descubrimiento de los vikingos de la costa canadiense y la zona de Terranova y las bahías próximas. No se sabe muy bien donde estaba Vinland pero la autora apunta más abajo de Terranova, donde el clima es más cálido y Erik el Rojo podía vender lo de "Tierra de Vinos" aunque no haya viñedos. Las costumbres de los nativos descritas por viajeros europeos siglos después coincide con lo narrado con los vikingos. Al ver poco rentables estas tierras, se limitaron a usarlas para aprovisionarse de leña y troncos. Construyeron algunas fortalezas o granjas-herrería en estuarios, que abandonaron al poco. 

Como otras teorías, cree que los esquimales eran más aptos que los vikingos para sobrevivir al clima helado y tenían mejores técnicas para cazar focas, así que los nórdicos se marcharon de Groelandia tiempo después de irse de Vinland.

La autora habla de una segunda ruta vikinga, la de los rus, que crearon un territorio independiente en la zona actual que englobla a Moscú y Kiev. Tras hacerse con el trono de ambos reinos, Vladimir preguntó a cuatro sabios qué religión deberían adoptar su reino pagano (por cuestión de alianzas), Tuvo que escoger entre la judía, la cristiana ortodoxa bizantina, la cristiana romana alemana o la islámica. Vladimir se inclinó por la ortodoxa porque sus lazos comerciales estaban más vinculados a Bizancio, y sus vecinos eran de la misma religión. De esta forma, se unió a un bloque religioso para siempre.

Los rus, antiguos comerciantes de esclavos que vendían en Bizancio y Oriente, fueron avanzando hacia el sur y ganando terrenos.

La autora también analiza otras rutas como la maya, que creó grandes comunicaciones en el interior de América, o la africana, que proveía de oro y esclavos a Oriente. Finalmente, cayó en manos de los islámicos, por lo que el mercado africano entró en el gran circuito comercial de todo el Islam, que llegaba hasta Asia Central y la India.

Lugar destacado tiene China, ya que durante la dinastía Song era una gran potencia industrial (por decirlo así) con grandes hornos que calentaban miles de piezas de cerámica que vendían por todo el Índico y por África. Si China no se expandió más fue porque sus navegantes creían que más allá de Filipinas había un gran abismo, error que no se corrigió hasta la llegada del galeón de Manila desde México a Filipinas en el siglo XVI.


lunes, 1 de abril de 2019

Resumen del libro "Imperiofobia y leyenda negra", de María Elvira Roca Barea (2016)

Resumen del libro "Imperiofobia y leyenda negra", de María Elvira Roca Barea (2016)

Resumen original y actualizado en:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2019/03/imperiofobia-y-leyenda-negra-de-maria.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación y licenciado en Sociología y Derecho.

Sociología, relaciones internacionales, propaganda, imperios, civilizaciones

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Ficha técnica

Título: "Imperiofobia y leyenda negra"

Subtítulo: Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español

Autora:  María Elvira Roca Barea

Edición: Siruela, Madrid, 2016

Número de páginas: 476

Méritos: Lleva 25 ediciones

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Biografía oficial de la autora

María Elvira Roca Barea ha trabajado para el Consejo Superior de Investigación Científica y enseñado en la Universidad de Harvard. Ha publicado varios libros y artículos de revistas especializadas, también ha dado conferencias dentro y fuera de España.

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Texto de la contraportada

"María Elvira Roca Barea acomete con rigor en este volumen la cuestión de delimitar las ideas de imperio, leyenda negra e imperofobia. De esta manera, podemos entender qué tienen en común los imperios y las leyendas negras que irremediablemente van unidas a ellos, cómo surgen creadas por intelectuales ligados a poderes locales y cómo los mismos imperios las asumen. El orgullo, la "hybris", la envidia, no son ajenos a la dinámica imperial. La autora se ocupa de la imperofobia en los casos de Roma, los EE.UU. y Rusia, para analizar con más profundidad y mejor perspectiva el Imperio español. El lector descubrirá cómo el relato actual de la historia de España y de Europa se sustenta en ideas basadas más en sentimientos nacidos de la propaganda que en hechos reales.

La primera manifestación de hispanofobia en Italia surgió vinculada al desarrollo del humanismo, lo que dio a la leyenda negra un lustre intelectual del que todavía goza. Más tarde, la hispanofobia se convirtió en el eje central del nacionalismo luterano y de otras tendencias centrífugas que se manifestaron en los Países Bajos e Inglaterra. Roca Barea investiga las causas de la perdurabilidad de la hispanofobia, que, como ha probado su uso consciente y deliberado en la crisis de deuda, sigue resultando rentable a más de un país. En un lugar común por todos asumido que el conocimiento de la historia es la mejor manera de comprender el presente y plantearse el futuro.

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ÍNDICE

(resumido)

PARTE I

Imperios y leyendas negras: la inseparable pareja

1. Leyenda negra: origen y significado de la expresión

2. Los imperios: del imperium al imperialismo

3. Roma y su leyenda negra

Roma como Imperio Inconsciente

4. Antiamericanismo: la leyenda negra contra EE.UU.

5. La rusofobia antes y ahora

6.La imperiofobia: modelo universal

PARTE II

1. Italia

Sangre mala y baja
Il Capitano Spavento y Lope de Vega

2. El Sacro Imperio, Países Bajos e Inglaterra: ¿guerras de religión o guerras antiimperiales?

3. Alemania: protestantismo y regresión feudal

Martín Lutero

La guerra civil del Sacro Imperio

4. Inglaterra: de las Invencibles a Tony Blair

La ley del silencio

5. Los Países Bajos: el triunfo definitivo de la propaganda

La guerra civil en los Países Bajos

La "guerra de papel": la creación del Demonio del Mediodía

6. La Inquisición y la Inquisición

El Santo Oficio

Las brujas

7. América

El estilo español de imperio: ciudad, camino y hospital

Propaganda: de fray Bartolomé a la izquierda indigenista

De las Leyes de Indias al Derecho Internacional


PARTE III

La leyenda negra desde la Ilustración a nuestros días. Asunción y negación

1. La hispanofobia en el Siglo de las Luces

Llegan las pelucas: la hispanofobia ilustrada

El fracaso imperial francés

La lucha a muerte por la administración de la moral: la destrucción de la Compañía de Jesús

La censura universal y el Index inquisitorial

El triunfo definitivo de la ley del silencio

2. El siglo XIX: nacionalismo, liberalismo y racismo científico

3. Siglos XX y XXI: Conclusiones

El Imperio Viejo y el Imperio Nuevo: de la guerra de Cuba a la revisión histórica.

La crisis del 2007: España y la prima de riesgo (PIGS y GIPSY)

Aquellos españoles y estos españoles

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RESUMEN

Comentarios iniciales: 

A nivel de Economía, interesa este dato que aporta: La Escuela de Salamanca (ciencia jesuita y dominica) designa a un grupo de iustnaturalistas y moralistas que desarrollaron su labor durante los siglos XVI y XVII. También se llama escuela española de Derecho Internacional, doctores en Salamanca, maestros de Salamanca. Sus iniciadores fueron Francisco de Vitoria, Diego de Covarrubias, Martín de Azpilcueta y Domingo de Soto. Algunos enseñaron fuera.

El Manual de confesores y penitentes de Martín de Azpilcueta y Jaureguizar, doctor Navarro (1492-1586) tuvo 81 ediciones. El Comentario resolutorio de cambios requirió hacer cinco cuestiones. Azpilcueta desarrolla por primera vez conceptos que solo mucho después serán estudiados, como el fenómeno de la inflación y los motivos que la provocan, así como el valor y los precios. Schumpeter dedica páginas a Azpilcueta en la Historia del Análisis Económico. Los define como los fundadores de la economía moderna. La autora dice que antes de ellos, vivían en la invisibilidad a causa de la "ley del silencio" que los hizo desaparecer de los manuales (la autora dice que no es un "despiste": cree que Adam Smith no los citó para no citar a un dominico.

Las principales ideas del libro

La autora parte de una idea principal: en tiempos de la Reforma (siglos XVI y XVII), el mundo se dividió en dos culturas antagónicas: la protestante o antiimperial (Inglaterra, Holanda, parte de Alemania, Escandinavia, Suiza) y la católica o imperio Habsburgo (España, Portugal, Irlanda, Italia, Austria, Francia, Flandes y parte de Alemania). Esta brecha que dividió a Europa se prolongó a lo largo de los siglos ante una guerra propagandística sin cuartel (sin tolerancia en ninguno de los territorios hacia los otros (salvo en Alemania, donde hubo libertad de cultos pero con los católicos relegados fuera de la Administración)) y el resultado fue que, a partir del siglo XIX, los logros católicos quedaron "silenciados" en la cultura protestante y anglosajona, que se convirtió en hegemónica. Esta propaganda anticatólica y el silencio sobre sus logros humanísticos y científicos (sobre si los autores eran religiosos, como Mendel) se prolonga hasta hoy día. El resultado del triunfo de la leyenda negra es que los países católicos son los PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia (ortodoxa) y España) o los GIPSIs (Grecia, Italia, Portugal, España e Irlanda) de la crisis del 2008, los países deudores que tuvieron que pedir el rescate bancario. El otro damnificado es Rusia (ortodoxo). Es una visión del mundo hegemónica que posterga los logros de los países católicos, dice la autora, incluso hoy, y los relega a ser eternos secundarios.

La autora también reflexiona sobre la caída del imperio español en América, que se considera como un gran fracaso de la mentalidad católica frente al dinamismo y el éxito del protestantismo, lo que es fácil de ver en el auge de Estados Unidos y el subdesarrollo de América Latina, espejo del fracaso del modelo español. Pero la autora recalca que esa comparación no tiene sentido, porque el imperio español ya estaba muerto a finales del siglo XVIII (unos años antes de la Independencia de las colonias) y que, de hecho, en la misma época también sucumbieron el imperio británico en América (derrotado por sus colonos) y se hundió el imperio americano francés, en el Missisipi (imposible de mantener por falta de colonos y la presión inglesa). Además, muchos han visto el imperio español como una vieja reliquia de un imperio medieval pero la autora recuerda que se trataba de un imperio con instituciones de la Edad Moderna que duró tres siglos y controló una enorme extensión mundial en cuatro continentes. Aunque se considera que España perdió su imperio en 1898 (con la guerra d Cuba y la pérdida de las Filipinas), el imperio ya había muerto antes de la invasión napoleónica. Añade que lo que luego hicieron los gobernantes de las repúblicas americanas independientes en el siglo XIX ya no le compete a España.

La autora repasa las historias de las "Invencibles" (Felipe II envió hasta tres armadas contra Inglaterra). Añade que Inglaterra ocultó el desastre de su propia ContraArmada, un fracaso estrepitoso de Francis Drake para conquistar Lisboa y sublevar a los portugueses y poner a un rey títere. Perdió a miles de hombres pero de eso no se habla. Ni de la derrota de Cartagena de Indias a manos de su defensor Blas de Lezo: un gobernador tuerto, cojo y manco.

Sobre la leyenda negra, cree que lo pasó es en Alemania (Sacro Imperio Germánico) y los Países Bajos hubo sendas guerras civiles contra el imperio de los Habsburgo (que era católico) y los protestantes captaron ese descontento como reacción a la centralización imperial. La autora recuerda que el imperio español (al igual que el romano) era homogeneizador: allí donde iba construía carreteras, ciudades, hospitales e iglesias, todo "estandarizado". El problema fue que al intentar modernizar Holanda con instituciones centralizadas, hubo una reacción por parte de los gobernantes locales que se negaban a hacer esas modernas reformas, añade la autora. La reacción de los Orange fue virulenta y ganó la batalla de la propaganda con todo tipo de pasquines y folletos con dibujos grotescos y mentiras contra los españoles. La autora reconoce que el bando católico intentó ser conciliador y contraatacó con extensos documentos jurídicos (para probar que no habían subido los impuestos) pero fue incapaz de comprender el efecto "huracán" de la propaganda de los independentistas holandeses, que no se combate con argumentos sino con otra propaganda igual de mentirosa, explica la autora. A ello se suma, que las imprentas en Holanda echaban humo imprimiendo pasquines incendiarios que tenían gran éxito en la población local. El modelo propagandístico también se extendió en Alemania (los luteranos) e Inglaterra (los anglicanos).

Otra parte de la leyenda negra procede de la brutal conquista de América por parte de los españoles.
La autora critica a Bartolomé de las Casas y dice que el monje que denunció las matanzas indiscriminadas de indios por los conquistadores españoles era un charlatán que solo decía mentiras o exageraba todo para enaltecer su causa, lo que en su época se le consintió al considerar que buscaba un bien más elevado. La autora no niega que el sacerdote tuviese buenas intenciones pero dice que De las Casas, al que poco menos que califica de renegado, no pudo ver tanta barbarie como denuncia pues apenas se movió de una zona de América donde recaló por lo que cuenta es de oídas o directamente inventado. Sin embargo, la autora dice que el testimonio de este honesto sacerdote causó un daño irreparable a la imagen de España ya que la utilizaron sus enemigos para difundir la leyenda negra de un país cruel y asesino de masas. La autora replica que mayor brutalidad fue la de los conquistadores de América del Norte, realizada por protestantes, donde apenas quedan indígenas tres siglos después, pues fueron exterminados metódicamente, y los que quedan están en los estados del Sur, territorio que antes pertenecía al imperio español (Nueva España). En cambio, en América del Sur, gobernada por españoles durante varios siglos, sigue habiendo a día de hoy millones de indígenas, prueba que refuta el genocidio. Añade que en la América colonial se intentó integrar a los indios nativos, se hicieron leyes de protección y que los religiosos y misioneros fueron la avanzadilla para establecer sistemas económicos de producción (luego obsoletos frente a la industria capitalista). Añade que América del Sur tenía cuatro universidades a plena producción antes de que se fundase Harvard y que algunos enclaves de la América hispana disponían de 40.000 libros frente a los 4.000 de los que presumía Harvard un siglo después.

La autora también habla del "ninguneo" de los autores y científicos católicos, "borrados" de las historias de Ciencia elaboradas por los protestantes porque no los tomaban en serio porque muchos de estos eran religiosos (caso de los economistas jesuitas y dominicos). Fue el caso de Balmi, el promotor de la primera vacunación mundial contra la viruela y que, solo después de su éxito, Inglaterra tomó en serio a su inventor Jenner. Gestas como esa cayeron en el olvido internacional, dice.

La Inquisición también forma parte de la leyenda negra de España. Sin embargo, la autora dice que apenas condenaron a muerte a herejes (serían unos cientos o miles de víctimas) frente a los decenas de miles de brujas que ardieron en los países protestantes (recuerda que los calvinistas quemaron al refugiado Servet por hereje). En España, dice, ni siquiera se tomaban en serio a las brujas y los casos se archivaban como supercherías. Además, la Inquisición también acabó siendo un género de novela "gótica", donde se mezclaban sectas, lujuria... tradición que llega hasta libros como El Códice Da Vinci.

Otra cuestión es que se dice que España era intolerante pero la autora recuerda lo que le pasaba a los católicos que vivían en países protestantes, donde eran masacrados como chivos expiatorios o relegados fuera de trabajos o cargos en la Administración. Pone por ejemplo el caso de Irlanda, gobernada con puño de hierro por Inglaterra, pero también la discriminación de los católicos en el poder en Alemania, que se prolongó hasta el siglo XIX. Los ilustrados también criticaron la intolerancia católica pero en su propio país, Francia, había censura y libros prohibidos. Realmente, no había mucha libertad de expresión en las monarquías absolutas, que se diga.

La leyenda negra contra España siguió incluso en la Guerra de Cuba, donde el magnate de prensa Hearts se encargó de fabricar una guerra acusando de todo tipo de tropelías a los españoles en esas islas y que, según la autora, eran patrañas para vender más periódicos y convencer al público de la necesidad de entrar en guerra por una buena causa. Recuerda que los filipinos pronto se dieron cuenta de que habían cambiado a un dueño blanco por otro aún peor.

La autora también lamenta que algunos historiadores anglosajones (Kramer) sigan diciendo que Castilla tuvo "suerte" al conquistar América y montar un Imperio, que nadie entiende cómo lo pudo lograr ya que no se lo merecía. La autora replica que Colón visitó varios reinos en busca de patrocinadores y nadie tenía dinero para esa expedición salvo Castilla, que además disponía de experiencia de guerra de frontera y sabía como "integrar" nuevos territorios en sus dominios imponiendo las mismas leyes e instituciones. Otros países como Inglaterra o Francia intentaron copiar a España en América pero con poco éxito. Solo la irrupción de un nuevo país capitalista como Estados Unidos, con un nuevo modelo productivo, cambió la balanza pero eso fue ya en el siglo XIX, cuando España ya no estaba allí. Añade que ya en 1800, con la expedición Humbolt, el Imperio estaba en declive pues nadie vigiló de cerca al expedicionario y científico, que se llevó planos de ciudades americanas para ganarse el favor del nuevo presidente Jefferson, lo que prueba que el imperio americano ya estaba sin control efectivo y el gobierno hispano tenía una clara falta de reflejos al no prever la jugada del alemán. Este, en su ancianidad, reflexionó sobre cómo Estados Unidos estaba masacrando a sus indígenas e intercedió en vano por ellos; recordó que en las colonias españolas eran respetados.

La autora añade que todo Imperio ha sido vilipendiado por los conquistados, empezando por los griegos que tildaban de incultos y nuevos ricos a los romanos. Luego, le tocó a España pasar como país intolerante y cruel, mestizo, indolente... y luego a Rusia (que en el siglo XVIII se sacó de la manga un imperio que asombró a Francia), al que menospreciaban por rudos y bárbaros. Finalmente, ahora los europeos se burlan de los norteamericanos por horteras e incultos. La historia se repite.

La conclusión del libro es "y tú más", un argumento que ya ha sido criticado por autores norteamericanos que estudiaron el genocidio americano. Estos dicen que la explicación de los historiadores españoles es que los colonizadores hispanos fueron muy malos pero los ingleses en América del Norte aún fueron más malos y exterminadores. Ese decir, el "y tú más".

viernes, 1 de marzo de 2019

"Una herencia incómoda", de Nicholas Wade (2014)

Resumen del libro  "Una herencia incómoda", de Nicholas Wade (2014)

Resumen original y actualizado en:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2018/09/una-herencia-incomoda-de-nicholas-wade.html

Resumen elaborado por E. V. Pita, doctor en Comunicación y licenciado en Economía y Sociología

Sociología, genética, población, evolución social, cultura, historia humana

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Título: "Una herencia incómoda"

Subtítulo: "Genes, raza e historia humana"

Título original en inglés: "A troublesome Inheritance: Genes, Race and Human History"

Autor: Nicholas Wade

Publicado en inglés en el 2014

Editorial en español: Ariel, Planeta, Barcelona, 2015

Páginas: 295

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Biografía del autor

Licenciado en Ciencias Naturales por el King's College de la Universidad de Cambridge. Fue editor de la revista Nature y se convirtió después en su corresponsal en Washington. Posteriormente se unió a la revista Science para acabar en el New York Times como editor especializado en asuntos de ciencia, espacio, tecnología, defensa y genética.

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Texto de la contraportada

"Buceando en las nuevas evidencias que ha dejado la descodificación del genoma humano, Nicholas Wade nos adentra en las bases genéticas de la raza y su rol fundamental en la historia de la humanidad.

Pocas ideas han sido más perniciosas que aquellas que afirman que hay razas inherentemente superiores a otras. Por esa razón, el debate sobre las diferencias biológicas entre razas han sido completamente proscrito del ámbito científico. La evolución humana, se insiste desde un inusitado consenso, acabó en la prehistoria.

No obstante, el consenso parece ser erróneo. Wade demuestra a lo largo de este libro que la evolución humana siguió su curso, que el aislamiento en que han vivido las distintas poblaciones a lo largo de los siglos han propiciado este desarrollo y que existen distinciones, divergencias, en el comportamiento y por tanto en las sociedades mismas. Que, en consecuencia, atributos como el ahorro, el pacifismo y la alfabetización, propios de las clases medias, han sido lentamente inoculados genéticamente desde la población agraria, culminando en la Revolución Industrial y la emergencia de las sociedades modernas.

Este libro rechaza sin ambages la noción de superioridad racial y demuestra cómo la información genética es vital para entender nuestra historia y las sociedades que la integran, y que la mejor forma de servir al interés público es buscando incesantemente, sin miedo, la verdad científica".

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ÍNDICE 

1. Evolución, raza e historia

2. Perversiones de la ciencia

3. Orígenes de la naturaleza social humana

4. El experimento humano

5. La genética de la raza

6. Sociedades e instituciones

7. La reconstrucción de la naturaleza humana

8. Adaptaciones judías

9. Civilizaciones e historia

10. Perspectivas evolutivas sobre la raza

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RESUMEN

Comentarios iniciales: El autor recalca que el concepto de raza es muy polémico y tiende a ser eliminado en los trabajos científicos porque las políticas que ensalzaron la superioridad y jerarquía de unas razas sobre otras (racismo) desembocaron en graves crímenes en el pasado. Pero, científicamente, según dice, es un hecho que existen tres tipos de raza humana, levemente diferenciadas genéticamente y culturalmente (africana, asiática y caucásica-amerindia), aunque a decir verdad la casi totalidad del genoma humano es idéntico en toda la población mundial, a excepción de algunos alelos (variaciones). El autor indica que estas pequeñas variaciones genéticas (en las que incluye dos razas más como la australiana o la amerindia, y etnias como la judía) han permitido a los distintos pueblos adaptarse al medio ambiente y salir exitosos. Indica que la evolución sigue funcionando, incluso a nivel de inteligencia, en la que los individuos soportan la presión social o se vuelven más pacíficos y cooperativos. En el caso de los judíos, estos se especializaron en oficios de contabilidad y finanzas. Su supervivencia dependía de saber manejar los números, razón por la que su CI es mayor (promedio de 110 frente a la media de 100 americana-europea) que el resto de la población porque, generación tras generación, esta etnia favoreció genéticamente a los más inteligentes.

El autor indica que la evolución humana es un proceso continuo que ha avanzado durante los últimos 30.000 años, con total seguridad, hasta el presente. Desde que los humanos se dispersaron de África hace 50.000 años, las poblaciones de cada continente evolucionaron en gran parte de manera independiente una de otra desde que cada una se adaptaba a su propio ambiente regional. Bajo estas presiones locales, se desarrollaron las principales razas de la humanidad: africanos, asiáticos orientales y europeos, así como otros grupos secundarios. Pero aclara que la naturaleza humana es la misma en todo el mundo. Las sociedades humanas pueden diferir ampliamente, pero los individuos que las componen, no. Añade que la evolución humana ha sido reciente, copiosa y regional. Muchos genes se han visto favorecidos por la selección natural por la presión evolutiva reciente (un 8 % entre los últimos 30.000 y 5.000 años). Considera cambio genético el hecho de cambiar la edad reproductiva del primer hijo o la edad de la menopausia (algo que se observa en las sociedades actuales modernas). Algunos expertos concluyen que "estamos evolucionando y nuestra naturaleza es dinámica, no estática".

La raza africana sería la subsahariana, la asiática oriental serían chinos, japoneses y coreanos, y los caucásicos (europeos, pueblos de Oriente Próximo y del subcontinente indio). En estas razas, dice el autor, han cambiado los genes como el color de la piel y el metabolismo nutricional, sino también aspectos de la función cerebral (de maneras que aún no se comprenden bien). En las razas mixtas (como los afroamericanos) se cuelan un 20 % de genes europeos.

A nivel científico, el autor dice que es indudable que hay diferencias entre las poblaciones pero son muy sutiles. Lejos de ser distintas, las razas difieren simplemente en la cualidad que los genetistas denominan frecuencia relativa de los alelos (es decir, cuántas veces sale en una misma población un determinado gen o cualidad). "Tales diferencias existen porque, una vez que se hubieron distribuido por todo el globo, las diversas poblaciones fueron en gran parte independientes unas de otras, y por ello siguieron sendas evolutivas diferentes. En contra tiene a pensadores de izquierda que ven la raza como un constructo social, no una realidad biológica y se oponen "rabiosamente" a cualquier discusión de base biológica de la raza. "Sus ideas son honorables pero sus tácticas no tanto", dice. Lamenta que cualquiera que saque el tema sea tachado de "racista cientifico" y demonizado como racista, por lo que la izquierda académica ha eliminado del debate casi toda discusión sobre la diferenciación acádemica. El autor aclara que aunque haya distintas razas ninguna es superior a otra y que si esto se midiese en términos de éxito evolutivo, lo sería la etnia han, que tiene 1.000 millones o más de miembros solo en China. El autor ha recibido muchas críticas de genetistas académicos.

El autor también recalca que la evolución darwiniana no terminó en la prehistoria en África sino que los humanos que salieron de África también evolucionaron en dos ramas diferenciadas: Por un lado, los que hace 50.000 años salieron de África y se dirigieron al norte (y regresaron al huir de las glaciaciones), al Cáucaso, la India y Oriente Próximo se tornaron blancos (que era el ADN original, luego oscurecido para hacer frente al clima tropical africano). Y por otro lado, hubo otra división, los asiáticos orientales (en concreto, la etnia han, la más numerosa del mundo) adquirieron otros atributos (pelo lacio y grueso, ojos rasgados, rostro redondeado, etc...). Por su parte, los aborígenes de Australia se quedaron "congelados" en el tiempo de hace 46.000 años, en pleno Neolítico, y se adaptaron a un entorno hostil.

Otro de los puntos en los que incide el autor es la influencia de la cultura. Cree que juega un papel fundamental en la historia de las civilizaciones y moldea el carácter o virtudes como el ahorro. Señala que, aunque a nivel individual, un individuo se parece a otro, las sociedades no se parecen en nada (China, Occidente o África). Unas culturas aún no han salido del tribalismo (caso de África o los países árabes) y otros son grandes estados modernos (siendo China la primera que creó uno). A ello se suma que la cultura define a una población (Nota del lector: por ejemplo, los protestantes aman el trabajo duro, la frugalidad y las innovaciones, los mediterráneos apuestan por el ocio, la buena comida y la salud, los chinos por el trabajo y el esfuerzo, razón por la que triunfan fuera de sus países sin que los lugareños sean capaces de imitarlos; si solo fuese un hábito cultural, los inmigrantes se adaptarían a la nueva cultura y serían menos trabajadores). A ello se suma que algunas organizaciones gubernamentales son disfuncionales, caso de los gobiernos autoritarios que frenan la innovación, pero también cree que si los habitantes aceptan esos gobiernos fuertes es porque han heredado el gen de obediencia a la autoridad (ya que los rebeldes y pendencieros fueron eliminados o murieron sin dejar descendientes generación tras generación hasta que quedó una población homogénea, pacífica y genéticamente dócil que no cuestiona la autoridad).

Uno de los ejemplos más impresionantes del libro se refiere al experimento realizado por genetistas rusos que seleccionaron zorros agresivos, dóciles e indiferentes al hombre. Pasadas 25 generaciones y 40 años de experimentos, los zorros dóciles se asomaban en sus jaulas para que los investigadores les diesen caricias mientras que los agresivos les intentaban morder. El grupo de control, los zorros sin ningún caracter especial, seguían teniendo la misma naturaleza de siempre. El autor sugiere que si es posible domesticar a una población de zorros, los gobiernos antiguos también podrían haber hecho lo mismo con las poblaciones de agricultores a lo largo de generaciones, hasta labrar su carácter dócil. Por ejemplo, con leyes que castigaban la rebeldía y premiaban la obediencia al gobernante. Todo desobediente que se salía de la norma, era marginado y perdía la oportunidad de propagar su herencia genética. De esta forma, la población agrícola se curtió en determinados caracteres pasados 2.000 años.
Posteriormente, habla del gen MAO-A, que influye en la agresividad y que varía sustancialmente entre las razas y las etnias, lo que sugiere que este gen ha sido sometido a presión evolutiva.

Viene a decir que la historia de las Civilizaciones es un darwinismo social aplicado en estado puro. En Europa, en la Edad Media no cuajó un estado fuerte y, prácticamente, cada uno hizo lo que quiso, pese a las protestas del Papado, que tampoco tenía una fuerza aplastante. Nadie podía dominar al resto. De esta forma, surgieron las universidades medievales independientes sin que nadie pudiese controlarlas totalmente, lo que favoreció la innovación. En el 1500, Europa ya era la ùnica potencia mundial, destacando los ingleses, que tenían un alto índice de alfabetismo para la época y pronto contaron con un Parlamento. Las otras naciones europeas pronto les imitaron, el autor dice que es porque tenían la misma base genética y entendían estos progresos, mientras que Oriente Próximo, África y China se estancaron y renunciaron al progreso para eludir la "intoxicación" occidental. En el fondo, viene a decir que en cada civilización hay un acervo genético común (heredado y que evolucionó generación tras generación) que permite a los habitantes sobrevivir en ese ambiente. Resumiendo este argumento, en China, la población obedece a un Estado fuerte, burocrático y autoritario (que funciona como una máquina bien engrasada desde hace 2.200 años); en Europa y Estados Unidos, sus habitantes compiten por ser el más innovador; y en África, cada familia gobernante ayuda a sus parientes, amigos y vecinos de su tribu (porque la selección natural favoreció a quienes mantenían fuertes lazos familiares y la fidelidad a los más allegados para sobrevivir).

Una de las tesis del autor es que los genes de los supervivientes de cada raza (que solían ser los más ricos) se transmitieron a otras clases sociales más bajas, de forma que poco a poco toda la población se homegeneizó y adquirió las virtudes de las élites que triunfaron en un entorno difícil. Cuenta que la "presión malthusiana" barrió a las familias más pobres (a lo largo de generaciones, los más pobres murieron o no pudieron transmitir sus genes) mientras que los ricos conseguían superar las hambrunas y transmitir sus genes a sus descendientes. Continúa diciendo que algunos de los hijos de los más ricos perdieron su posición social, de forma que los mismos genes de supervivencia se transmitieron a las clases medias y poco a poco a sus miembros adquirieron una predisposición a favor del ahorro, la frugalidad y el trabajo duro. Esto lo ilustra también con una supuesta tradición judía azkenasí (los judíos asentados en Europa y EE.UU.) en la que los comerciantes ricos casaban a sus hijas con los estudiantes más sobresalientes para ser rabinos, a fin de que sus nietos fuesen altamente inteligentes (pero el autor se pregunta si esto no será un mito, ya que la tendencia natural de un comerciante rico es casar a su hija con el hijo de otro comerciante rico como él y no con un estudiante listo pero muy pobre).

[nota del lector: a nivel general, el autor presupone que los ricos sobreviven más que los pobres por que tienen unas cualidades genéticas excelentes que les permiten superar las hambrunas o los momentos de escasez pero también podría ser que se debe a cuestión de simple suerte, como el hecho de heredar una enorme fortuna desde la cuna  (una trampa genética) o que súbítamente un vago haya ganado la lotería sin que nada tuviesen que ver otras cualidades genéticas como el amor por el trabajo duro, el emprendimiento o la virtud del ahorro. Y, por otra parte, Wade no parece tener en cuenta que los pobres pueden ser genéticamente más aptos para sobrevivir a graves hambrunas, habilidad labrada generación tras generación para superar duras penalidades. En todo caso, el autor sí dice que tras una hambruna, sobreviven madres fuertes y esos genes los transmiten a la siguiente generación].

Lo que viene a decir es que algunos pueblos triunfaron porque se propagaron los genes de la personalidad pacífica, el trabajo duro, la docilidad, la obediencia, etc... y tuvieron más éxito que otros más agresivos y violentos, en perpetua guerra y acosados por el hambre, que a día de hoy siguen siendo estados fallidos, sobre todo en la tribal África. (se entiende mejor si ahora se pretende que Estados Unidos se convierta en una federación de tribus, nadie entendería ni sabría cómo hacer eso, ya que el "software" genético de la población está programado para actuar en grandes unidades colaborativas). Lo mismo ocurrió con Europa, que favoreció la inventiva, la discusión y el debate, el cuestionamiento de la autoridad en favor de la razón, unas cualidades que le permitieron progresar más rápido que otros pueblos. El autor pone como prueba que cuando Inglaterra lanzó la Revolución Industrial todos los países europeos se aprestaron a copiarla mientras que en China y el Imperio Otomano no entendían la utilidad de algunos avances técnicos ni sabían cómo copiarlos. Un ejemplo es la invención del telescopio, rápidamente copiado por Galileo, que inmediatamente descubrió cuatro lunas de Júpiter, y por otros científicos. Los jesuitas lo exhibieron como gran novedad ante el emperador chino pero sus sabios solo lo usaron para los cálculos de las festividades y no vieron qué podía tener de utilidad práctica aquel juguete. En el caso del imperio otomano, le dieron un uso militar pero no vieron mayor utilidad, además de prohibir publicar libros impresos, ya fuese de Ciencia o de cualquier otra cosa, lo que le costó un retraso tecnológico de dos siglos.

Wade también examina el papel de las religiones. Sostiene que en el acervo genético hay genes que contribuyen al sentimiento de colaboración, identificación y unidad de la tribu extensa, lo que hace que muchos pueblos estén unidos por una religión y una cultura común. Recalca que el cambio cultural es más rápido que el genético hasta el punto de convertir culturalmente, en un par de generaciones, a naciones agresivas y militaristas en países pacíficos y defensores de los derechos humanos. Aunque Wade supone que la población de dichos países sigue conservando genéticamente esa agresividad que les permitió sobrevivir en el pasado. [Nota del lector: también podemos suponer que ese fuerte militarismo les condujo a brutales guerras donde los más agresivos y violentos murieron en encarnizadas batallas que se libraron de forma industrial (y donde la fuerza física del soldado ya no era decisiva) y, por ello, solo volvieron a casa los soldados más prudentes que se quedaron a cubierto o que tuvieron más suerte en el campo de batalla. De esta forma, el 50 o 70 % de la población con genes más violentos desapareció en esas guerras y el gen se diluyó en las siguientes generaciones].

En la segunda parte del libro, el autor plantea la cuestión de si el comportamiento social humano, y por lo tanto, la naturaleza de las sociedades humanas, ha experimentado un cambio evolutivo en el pasado reciente. En su opinión, "existe al menos una hipótesis plausible de que la selección natural no ha ignorado modelar el comportamiento social de una especie muy social. Si las sociedades humanas han continuado evolucionando a lo largo de los últimos miles de años, un proceso de este tipo iluminaría de manera considerable muchos aspectos de la historia y del mundo moderno". Cree que ayudaría a explicar por qué hay instituciones, que bajo gruesas capas de cultura descansan sobre el comportamiento social humano, que tienden a diferir de una sociedad a otra en pautas a largo plazo.

Cree pausible que un pequeño componente evolutivo ha contribuido a la rica diversidad de las sociedades humanas y ve probable esa alternativa. Sin embargo, el autor lamenta que el dogma dominante en las ciencias sociales sostiene desde hace décadas que todas las diferencias de las sociedades humanas son puramente culturales y cualquier cuestionamiento de esta hipótesis genera agitación. Añade que, en el caso del genoma, "es evidente que estamos abriendo un archivo de datos completamente nuevo acerca de la historia humana".

Termina el libro examinando por qué las sociedades humanas no han podido ser modeladas totalmente por la cultura sino que hay que dejar un margen a la genética. Por ejemplo, no explica de manera satisfactoria, dice el autor, por que las diferencias entre las sociedades humanas se hayan tan profundamente arraigadas como parece ser el caso. Argumenta que si las diferencias entre una sociedad tribal  y un estado moderno fueran puramente culturales, será fácil modernizar una sociedad tribal importando las instituciones occidentales (pone como ejemplo Haití, Irak, Afganistán). Añade que no se puede asumir la tesis cultural de que la mente es una hoja en blanco que nace desprovista de comportamientos innatos. Les reprocha que piensen que la importancia del comportamiento social sea demasiado trivial para que haya sido modelada por la selección natural.

Recalca su tesis de que hay un componente genético del comportamiento social humano, tan crítico para la supervivencia humana, sujeto a cambio evolutivo y que ha evolucionado en el tiempo. La evolución en el comportamiento social ha avanzado de manera independiente en las cinco razas principales y en las demás, y que las leves diferencias evolutivas en el comportamiento social están en la base de diferencias en instituciones sociales prevalentes entre las principales poblaciones humanas.

Aporta como pruebas que las estructuras sociales de los primates, incluidos los humanos, se basan en comportamientos modelados genéticamente. Heredaron la misma plantilla. Además, estos comportamientos sociales genéticamente modelados apuntalan las instituciones alrededor de las cuales están construidas las sociedades humanas. En tercer lugar, la evolución del comportamiento social ha continuado durante los últimos 50.000 años y a lo largo del periodo histórico (falta la prueba que identifique los genes que modelan los circuitos neuronales del comportamiento social y la demostración de que han estado sometidos a selección natural en cada raza). Añade que en las diversas poblaciones actuales puede observarse que el comportamiento social ha evolucionado (pone como ejemplo los 600 años anteriores a la Revolución Industrial inglesa, cuando la población se volvió menos violenta, más alfabetizada y ahorrativa; lo mismo ocurrió con los agricultores asiáticos o con los judíos). Añade que las diferencias significativas son las que hay entre las sociedades humanas, no entre sus miembros individuales. Leves variaciones apenas perceptibles se combinan para crear sociedades muy diferentes.



CRÍTICAS DE WADE A OTROS AUTORES

Críticas a Jared Diamond y "Armas, gérmenes y acero" en el libro "Una herencia incómoda", de Nicholas Wade (2015)

El autor Nicholas Wade, en "Una herencia incómoda" critica a Diamond y lo libro ´"Armas, gérmenes y acero" en las páginas 235 a 237. Se refiere a la explicación del auge de Occidente como una cuestión geográfica, defendida por el geógrafo Diamond. Argumenta dicho autor que Occidente es más poderoso que otros simplemente porque tuvo una ventaja inicial al gozar de condiciones naturales más favorables para la agricultura. La naturaleza de la propia gente o de sus sociedades no tiene nada que ver con ello, en su opinión. Toda la historia humana estuvo determinada por características geográficas como las especies de plantas y animales de que se disponía para su domesticación o las epidemias endémicas en una población pero no en otra. Asegura que Diamond hace afirmaciones "extravagantes" y los lectores de este popular libro pasan por alto una pista sobre la naturaleza del texto: está guiado por la ideología, no por la ciencia. Asegura el crítico que los "bonitos" razonamientos de Diamond acerca de la disponibilidad de especies domésticas o de la difusión de enfermedades "no son evaluaciones desapasionadas de los hechos sino que están enjaezadas al caballo galopante del determinismo geográfico de Diamond, que a su vez está concebido para apartar al lector de la idea de que los genes y la evolución pudieron haber desempeñado algún papel en la historia humana reciente". Añade que "sin duda la geografía y el clima han sido importantes, pero no en la medida abrumadora que Diamond sugiere". Y recuerda que Europa y Asia Oriental, altamente urbanizadas, casualmente están en la misma latitud pero fueron impulsadas en líneas diferentes.

Wade ve lagunas serias en dicho libro. Una es la suposición antievolutiva de que sólo importa la geografía, no los genes. Recalca que el determinismo geográfico es tan absurdo como el determinismo genético, puesto que la evolución tiene que ver con la interacción entre ambos.
Además, Wade reprocha a Diamond que no tuviese en cuenta el auge de la ciencia moderna, la Revolución industrial y las instituciones económicas gracias a las que los europeos escaparon de la trampa malthusiana. Pone como ejemplo que los aborígenes de Australia seguían en el neolítico cuando llegaron los europeos con sus instituciones y convirtieron el continente en un país de economía productiva. Por eso, Wade dice que está claro que el ambiente no es lo único que influye.

Wade reprocha que Diamond diga que "la selección natural que promueve genes para la inteligencia ha sido probablemente más despiadada en Nueva Guinea que en sociedades más densamente pobladas y políticamente complejas... En capacidad mental, los neoguineanos son probablemente superiores, desde el punto de vista genético, a los occidentales". Pero Wade replica: "no hay prueba alguna de que esta improbable conjetura sea cierta".

También califica de "extraña" la afirmación de Diamond de que es más probable que la inteligencia se vea favorecida en sociedades de la Edad de Piedra que en las modernas. Wade replica que en las sociedades modernas la demanda de inteligencia es mayor y que los asiáticos orientales y los europeos tienen puntuaciones más altas de CI que los que viven en tribus o son cazadores-recolectores.

Críticas a David S. Landes y "La riqueza y la pobreza de las naciones" en el libro "Una herencia incómoda", de Nicholas Wade (2015)

El autor Nicholas Wade, en "Una herencia incómoda" critica a David S. Landes y su "La riqueza y la pobreza de las naciones". Señala que el historiador examina todos los factores posibles para explicar el auge de Occidente y el estancamiento de China, y llega a la conclusión de que, en esencia, la respuesta reside en la naturaleza de la gente. Landes atribuye el factor decisivo a la cultura, pero describe la cultura de tal manera que implícitamente se refiere a la raza. "Si hemos aprendido algo de la historia del desarrollo económico, es que la cultura supone toda la diferencia", escribe Landes. "Lo demuestra la empresa de las minorías expatriadas: los chinos en Asia Oriental y Sudoriental, los indios en África Oriental, los judíos y calvinistas en gran parte de Europa, y así sucesivamente. Pero la cultura, en el sentido de los valores internos y las actitudes que guían a una población, atemoriza a los estudiosos. Tiene un olor sulfúrico de raza y herencia, un aire de inmutabilidad", añade Landes. Y Wade le replica que Landes sugiere que la cultura de cada raza ha supuesto la diferencia en el desarrollo económico. El autor Wade concluye que las intensas presiones para la supervivencia ha obligado a europeos y chinos a adaptarse y añade que las instituciones que caracterizan a una sociedad son una mezcla de comportamientos determinados culturalmente e influidos genéticamente. Señala que el cambio cultural es muy rápido, como se demostró con Alemania y Japón, sociedades altamente militarizadas que, tras una brutal guerra, se convirtieron en países pacíficos, un cambio cultural demasiado rápido para ser genético. Landes cree que, además de la cultura, hay un componente genético que influye en el éxito, por ejemplo, de los chinos. Sospecha que el auge de China y el de Occidente son acontecimientos no solo de la historia sino también de la evolución humana.

Críticas a Daron Acemoglu y James A. Robinson y "¿Por qué fracasan los países?"  en el libro "Una herencia incómoda", de Nicholas Wade (2015).

El autor Nicholas Wade, en "Una herencia incómoda" critica al economista Acemoglu y al científico político Robinson. Estos concuerdan con Francis Fukuyama al considerar que las instituciones son fundamentales para comprender cómo funcionan las sociedades humanas. Y llegan a esta conclusión por una ruta independiente. Fukuyama identifica el papel de las instituciones en gran medida mediante patrones históricos: Acemoglu y Robinson ponen énfasis en el análisis político y económico. Aseguran que la mayor parte de la desigualdad entre los países del mundo ha surgido desde la Revolución Industrial, antes de cuya época el nivel de vida era casi uniforme, salvo para el exclusivo club de la élite que dirigía cada país. Según ellos, una lista de los 30 países más ricos del mundo incluiría ahora la Gran Bretaña y los países que iniciaron la Revolución industrial. Si nos remontásemos un siglo atrás, la lista sería parecida, salvo Singapur y Corea, nuevos miembros del club. Su tesis es que hay instituciones malas e instituciones buenas o, como ellos las denominan, extractivas e inclusivas. En las primeras, una pequeña élite extorsiona a sus súbditos y se opone al cambio tecnológico porque desorganiza el orden político y económico. Mediante su avaricia, la élite empobrece a todos los demás e impide el progreso, por lo que caen en un círculo vicioso. En cambio, las instituciones buenas permiten el imperio de la ley y los derechos de propiedad compensan el esfuerzo. No hay sector bastante poderoso para bloquear el cambio económico. Un círculo virtuoso entre política y economía mantiene una prosperidad creciente. Al comparar Inglaterra y Etiopía, vemos que Inglaterra es un país parlamentario desde 1688 que se hizo rico y que Etiopía fue absolutista durante varios siglos más y siguió pobre. Admiten que los países absolutistas pueden generar riqueza temporalmente transfiriendo mano de obra de la agricultura a la industria (URSS, China). Si las instituciones inclusivas son la única cosa que importa a la hora de conseguir la prosperidad, de ahí se sigue que la ayuda exterior es inútil a menos que empiece con la reforma institucional, por lo que son necesarias para romper el ciclo de la pobreza.

Para Wade la tesis de Acemoglu y Robinson parece "razonablemente satisfactoria" pero los autores tienen gran dificultad a la hora de explicar cómo surgen las instituciones buenas o, cómo pueden establecerse en un país que no las tiene. "La respuesta honesta, desde luego, es que no hay una fórmula para construir dichas instituciones". Wade replica que no tienen ninguna fórmula que ofrecer porque creen que las instituciones buenas han surgido por casualidad, como rizos aleatorios en las mareas inexplicables de la historia. Argumentan que las instituciones cambian por la "deriva institucional", como si fuese un proceso aleatorio genético o por coyunturas críticas. Pero Wave replica: "¿La suerte es una explicación? ¿Y no la divina providencia o algún signo del Zodíaco? Los autores se ven impelidos a alcanzar estas explicaciones nada satisfactorias porque han descartado la posibilidad obvia de que las variaciones en el comportamiento humano sean la causa de las buenas o malas instituciones. Así se ven obligados a dar de nuevo explicaciones que no lo son, como la suerte o la senda contingente de la historia".

Wade añade que la riqueza de las sociedades humanas no ha seguido alguna senda aleatoria a lo largo del último milenio, sino que más bien, como Acemoglu y Robinson observan, una parte del mundo se ha hecho, de manera uniforme y constante, cada vez más rica a lo largo de los últimos 300 años. Esto no es un accidente, ni suerte, y disponemos de una explicación razonable en términos de la evolución humana", dice Wade. La explicación es que ha habido un cambio evolutivo en el comportamiento social humano que ha facilitado la nueva estructura social, postribal, sobre la que se basan las sociedades e instituciones favorables. Y añade que "los países pobres son los que no se han librado totalmente del tribalismo y del trabajo bajo instituciones extractivas que reflejam su limitado radio de confianza. Añade que, al igual que la invasión de los agricultores de tierras de cazadores-recolectores hace 10.000 años, "ahora nos encontramos en un nuevo proceso de transición en el que las poblaciones han salido ya de las fuerzas modeladoras de la agricultura malthusiana y otras se encuentran en el ajetreo del proceso mesoindustrial".

sábado, 1 de diciembre de 2018

"El triunfo del dinero", de Niall Fergunson (2010)

Resumen del libro: "El triunfo del dinero", de Niall Fergunson (2010)


Sociología, estructura económica, estructura social

Comentarios y resumen con anotaciones: E.V.Pita, licenciado en Sociología y Derecho.

Resumen original y actualizado en el siguiente link:
http://evpitasociologia.blogspot.com/2011/10/el-triunfo-del-dinero-de-liall.html

Título: "El triunfo del dinero"
Autor: Niall Fergunson
Fecha: 2010
Editorial: Destino

Introducción:

Fergunson cuenta una historia de las finanzas desde Mesopotamia hasta la crisis del 2008. La historia, en vez de ser cronológica, la ordena por temas.
En el primer capítulo se habla del dinero como "valor de confianza en que el deudor pagará" y no en valor metálico, algo que ya viene recogido en las tablillas de archilla con mandatos de cobro, pago y compraventa pero que no entendieron los conquistadores españoles que vaciaron una montaña llena de plata en Potosí, Perú, pero ni toda la plata, doblegó a los holandeses porque su sistema financiero era más avanzado en el siglo XVI y XVII.  Además, la afluencia de plata provocó una inflación y 14 bancarrotas en Castilla, lo que mermó su confianza como pagador. Tampoco lo entendió Roma, que agotó sus minerales y por tanto su dinero y la Edad Media estuvo privada de metales y vivió en la penuria.
Relata como Fiubinanci introdujo las matemáticas árabes, lo que mejoró la contabilidad y cálculos financieros, por lo que banqueros como los Medici aplicaron estas finanzas avanzadas, diversificaron, y prosperaron hasta gobernar Florencia y tener sucursales en toda Europa.

En el segundo capítulo, Fergunson estudia la financiación de las guerras napoleónicas y como Inglaterra financió la guerra mediante bonos de deuda pública, respaldada con monedas de oro, mientras que Francia lo hacía con el saqueo de los países ocupados. El financiero Rostchild buscó para Inglaterra monedas de oro (con las que pagar los gastos de las tropas y servicios) en toda Europa gracias a su red de oficinas de sus cinco hermanos repartidas por todo el continente. Hay un detalle curioso y es que Rodtschild supo sacar beneficio de la batalla de Waterloo al usar todo el oro acumulado para comprar bonos de deuda pública británica y ganar un 40% de beneficios (600 millones de libras).

Lo que Fergunson saca de limpio en este capítulo es cómo funcionan los bonos del estado y su correspondencia con la credibilidad y los intereses aplicables según el riesgo de impago que vea el inversor.

En el siguiente capítulo, Fergunson estudia la burbuja financiera de Law, un convicto escocés que alcanzó gran influencia en la endeudada corte borbónica en el primer tercio del siglo XVIII en Francia. Law dirigió un banco central absolutista que emitía billetes y que fomentó la compra de acciones de la compañía del Missisipi, cuyo valor se disparó y tuvo gran éxito entre el público. El problema es que para mantener las altas cotizaciones y evitar un colapso, el Banco Central (Royale Banque) tuvo que manipular los precios del oro y la plata o imprimir más billetes a su antojo, con leyes que cambiaban arbitrariamente. El resultado fue que la inflacción de los productos básicos se disparó y, al final, no fue posible evitar que la burbuja financiera estallase, pasando de un valor de 11.000 francos por acción, a estabilizarse en 9.000 mediante políticas públicas y hundirse a 1.000, llevandonse el ahorro de muchos accionistas. La inflacción desbocada no resolvió la deuda francesa y, varias décadas después, se llevó consigo a la monarquía absolutista. En Inglaterra, en la misma época, hubo otra burbuja con la compañía de los Mares del Sur, que pretendía explotar un monopolio concedido por el Imperio español.

Las siguientes crisis destacables son la de 1914, que coincide con la I Guerra Mundial, y la de 1929, el mayor crack. Fergunson examina por qué se hundió la Bolsa. Relata que Milton Friedman y otra coatora, "en el libro de economia más influyente del siglo XX", echaron la culpa a la Reserva Federal.

Este dice que Allende era un marxista que quería instaurar un régimen comunista y que fue reemplazado por un brutal régimen militar que era asesorado por el superministro de Economía Piñera, que no venía de Chicago sino de Harvard. Chile fue el primer laboratorio de la nueva economía que retornó a las esencias del capitalismo y desmanteló el estado de bienestar. Pinochet redujo los gastos del Estado del 40 al 22% e instauró un seguro privado de pensiones que fue apoyado por el 70% de los trabajadores. La junta militar convocó elecciones en 1990, cuando la economía se había recuperado. Sobre la recesión que vivió Chile en los años 80, la atribuye a que siguió la paridad con el dólar, lo que le arrastró cuando este varió su cotización. Fergunson dice que Chile, ahora, es el país más saneado de Lationamérica.

[Nota del lector: Naomi Klein da una versión contraria en su libro "La doctrina del shock" (2007): las recetas de Friedman hundieron la economía chilena y hasta Pinochet se guardó la compañía de cobre que privatizó el demócrata socialista Allende antes del golpe para no privar de ingresos al estado. Según Klein, Chile solo se recuperó cuando se aplicó una economía keynesiana a mediados de los 80]


Fergunson estudia más adelante como se desmanteló el estado de Bienestar siguiendo las doctrinas neoliberales. Este sostiene que la seguridad´social pública se volvió insostenible porque había mucho parásito y porque no es eficiente el sistema de pagos actual. Por ello, examina el origen de los seguros y concluye que es mejor que los trabajadores paguen un seguro privado y que así el estado reduzca la carga de gastos. Se basa en el ejemplo de Japon, que ahorra mucho dinero en seguridad social pero brinda un buen servicio.


También estudia los bonos hasta llegar a los créditos basura. Ataca a Stiglitz y Krugman porque, a su juicio, no han explicado bien las crisis de Asia en los 90 al echarle la culpa a los inversores de fondos y especuladores.

Fergunson destaca que tras la crisis de 1929, las hipotecas pasaron a poner plazos a tres o cinco años a 30 años.Fue la primera vez que los ciudadanos pudieron convertirse en una nacion de propietarios, lo que da cierta seguridad pero reduce la movilidad. Anteriormente, los empleados debían pagar el alquiler de la casa y su terrenno a su señor.

Examina la quiebra del terrateniente Buckingham para explicar cómo las tierras y las casas no son los valores más seguros porque ni se revalorizan tanto ni tienen tanta liquidez como un fondo, y que a la larga, la reinversión de dividendos es más rentable (siempre que se diversifique en una amplia cartera de valores punteros). Y recuerda que el valor más seguro y que da más prestigo son unos ingresos regulares como es el salario.

Examina el auge del imperio Británico, su intervención en China durante la guerra del opio y la globalización de sus acciones antes de 1914. Fue un éxito para los accionistas hasta que todo reventó con la inexplicable guerra de 1914 que nadie se esperaba. Es un ejemplo de que las finanzas, como pretendían los "quantos" (grupo de matemáticos inversores de fondos LTJC) responden más a la irracionalidad y es un sector tan impredecible como la conducta humana. Las finanzas son el mejor reflejo de los temores o ilusiones de los hombres, concluye Fergunson.

También habla de Chinoamerica, en la que Estados Unidos es financiado por China para que le compre productos baratos. China, para mantener  barata su moneda, compra dólares que luego presta a su mejor cliente, Estados Unidos. El problema, dice Fergunson, es que USA no tiene dinero para pagar sus deudas y deja caer una posible guerra futura entre China y USA. Desde el 2003, ha habido un crecimiento de los precios que recuerda los años previos a 1914, como anticipo de lo que puede estar por caer.



(continuará el resumen en próximos días)

miércoles, 29 de agosto de 2018

"La riqueza y la pobreza de las naciones", de David S. Landes (1998)

Resumen del libro "La riqueza y la pobreza de las naciones", de David S. Landes (1998)

Resumen original y actualizado del libro:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2018/05/la-riqueza-y-la-pobreza-de-las-naciones.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación, licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, Historia de la Economía, crecimiento económico, riqueza, pobreza

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Título: "La riqueza y la pobreza de las naciones"

Subtítulo: "Por qué algunas son tan ricas y otras son tan pobres"

Título en inglés: "The wealth and poverty of nations" (Why Some Are So Rich and Some So Poor)

Autor:  David S. Landes

Fecha de publicación en inglés: 1998

Editorial en español: Editorial Crítica, Barcelona,  en rústica 2000

Número de páginas: 604

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Biografía del autor David S. Landes (fallecido en 2013)

David S. Landes, profesor emérito de historia y economía de la Universidad de Harvard y autor de dos obras clásicas como The unbound Prometheus (Progreso tecnológico y revolución industrial) y Revolution in Time. A "La riqueza y la pobreza de las naciones" se le considera su obra cumbre.
Landes falleció en el 2013.

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En la contraportada, el libro es alabado por Hobsbawm, Galbraith, Dahrendorf, Porter y Estefanía.

Texto de la solapa

"La riqueza y la pobreza de las naciones está considera como la obra cumbre de David S. Landes. Nos ofrece una gran investigación histórica destinada a estudiar uno de los mayores problemas que se hayan planteado hasta hoy las ciencias de la sociedad: ¿por qué unas naciones son tan ricas y otras tan pobres?

Landes nos lleva a explorar con él el curso entero de la historia, de uno a otro lado del mundo, en un recorrido lleno de anécdotas y de hechos sorprendentes, que revelan su asombrosa erudición, pero que no sirven solamente para entretenernos con su amenidad, sino que se integran en un penetrante análisis de las historias de los vencedores y de los perdedores, y en el esclarecimiento de las complejas causas que explican la diversa suerte de las naciones actuales.

El libro ha recibido grandes elogios de figuras de tanta categoría como los premios Nóbel de Economía, Douglas North y Robert Solow, quien lo ha definido como "un cuadro magistral de los grandes éxitos y fracasos económicos en la historia del mundo", de Eric Hobsbawm o de John Kenneth Galbraith, que lo considera "sencillamente maravilloso". Y ha alcanzado, además, otro reconocimiento que está por encima de toda sospecha: el que implica haberse mantenido largo tiempo en las listas de best-sellers del New York Times, lo que prueba la capacidad para llegar al gran público y para cautivarlo.

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ÍNDICE

Capítulo I. Las desigualdades de la naturaleza

Capítulo II. Respuestas a los condicionamientos geográficos: Europa y China

Capítulo III: La excepción diferente: una senda diferente

Capítulo IV: Invención de la invención

Capítulo V: La gran apertura

Capítulo VI: ¡Al Este!

Capítulo VII: De los descubrimientos al imperio.

Capítulo VIII: Islas agridulces

Capítulo IX: El imperio en el este

Capítulo X: Por amor al lucro

Capítulo XI: Golconda

Capítulo XII: Vencedores y perdedores: balance del imperio

Capítulo XIII: Naturaleza de la Revolución Industrial

Capítulo XIV: ¿Por qué Europa? ¿Por qué entonces?

Capítulo XV: Gran Bretaña y los demás

Capítulo XVI: A la caza de Albión

Capítulo XVII: No se hace dinero sin dinero

Capítulo XVIII: El saber es oro

Capítulo XIX: Confines

Capítulo XX: El estilo sudamericano

Capítulo XXI: El imperio celeste: estancamiento y retroceso

Capítulo XXII: Japón: los últimos serán los primeros

Capítulo XXIII: La restauración Meiji

Capítulo XXIV: ¿Comete la historia errores?

Capítulo XXV: El imperio y lo que vino después

Capítulo XXVI: Pérdidas de hegemonía

Capítulo XXVII: Vencedores y...

Capítulo XXVIII: Vencidos

Capítulo XXIX: ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Adónde vamos?

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RESUMEN

Comentarios iniciales: El libro fue un clásico de la Historia de la Economía pero pasados 20 años se notan algunos fallos técnicos que no pasan una crítica de teoría económica actual. No profundiza en las razones de los problemas económicos (desde el punto de vista técnico) que causaron la ruina de muchos imperios (ibéricos, holandés, chino, inglés) que menciona en el libro. Hoy en día los libros que abordan la pobreza o el crecimiento económico  profundizan sobre los flujos de dinero e inversión y capital, la inflación, etc..., prestan mayor atención a estas cuestiones técnicas. Siendo el crecimiento económico el objeto del libro, apenas menciona la teoría Schumpeteriana o no trabaja más en la de Solow. La cuestión tiene importancia porque en los últimos años se están publicando libros de Civilización Universal ("Homo Sapiens", etc...) que ahondan en las líneas generales del crecimiento económico.

En el caso de la caída del imperio español o portugués y su atraso tecnológico, el autor explica la debacle (que duró tres o cuatro siglos) mediante cuestiones como la brutalidad de sus gentes, el oscurantismo de la Inquisición, la falta de innovación o directamente la petulancia o arrogancia de los gobernadores y la pereza, ignorancia y la vagancia de los españoles y portugueses mientras que sus rivales ingleses y holandeses, y sus sucesores norteamericanos, eran muy listos y adictos al trabajo. Aunque con su mordaz estilo, el autor da palos a todos y no se calla las verdades, tiene especial inquina con Europa del Sur, a la que acusa de vaga y maleante. Es especialmente sintomático el episodio colombino en el que los españoles, aventureros ignorantes y asesinos sádicos, exterminaron y torturaron a la población de pobres indígenas inocentes y desarmados del Caribe aunque los franceses, un siglo después, tenían que enfrentarse en las mismas islas a peligrosos salvajes armados con flechas venenosas. En cambio, sobre las batallas entre indios y la Caballería en el siglo XIX explica que los nativos "no supieron aceptar el progreso" y se creían que toda la tierra de ellos. Y sobre los británicos en la India, dice que los colonizadores dejaron grandes obras de ingeniería y trenes, algo que los antiguos señores feudales y déspotas nunca habrían hecho ya que se dedicaban a exprimir a la población.

Se echa de menos que hubiese analizado de dónde procedía la financiación del Imperio, las razones de las quiebras, los efectos del oro en la inflación y haber comprobado si realmente la ciencia hispana no estaba tan rezagada y estaba pisando los talones a las grandes potencias del siglo XVIII. En el caso de Turquía, se resolvió de un plumazo, también sin seguir la pista de sus flujos económicos, aunque sí los políticos.

Líneas generales del libro: La tesis central del libro es que una atmósfera que favorece el trabajo, el emprendimiento y el libre comercio es muy buena para hacer negocios (muy en la línea weberiana del protestantismo) mientras que las trabas burocráticas y la política despótica asfixian el crecimiento.

El autor también incide en la ventaja comparativa (el término ricardiano por el que Portugal se especializaba en producir vino de Oporto e Inglaterra en venderle manufacturas). De sus páginas se desprende que la ventaja comparativa ha sumido a muchos países, incluido Portugal, en la agricultura (porque eran más competitivos), lo que postró a dicho país en la pobreza, y los convirtió en clientes de los países industriales, más ricos. Sin embargo, al final del libro, el autor recuerda que naciones como Argelia apostaron por la industrialización pesada (en lo que no eran duchos) y olvidaron los beneficios de la ventaja comparativa, que los teóricos socialistas consideraban "burguesa".

El libro arranca con un estudio de las cuestiones geográficas y climáticas del mundo para averiguar si ello influye en la pobreza y la riqueza de los países. Concluye que sí es un factor determinante. Pone varios ejemplos: Europa tiene tierras fértiles en las que cultivar grandes cosechas y África, en la zona cálida y tropical, cuenta con muchos desiertos o zonas infestadas de mosquitos que impiden el desarrollo. América del Norte dispone de grandes llanuras en las que cultivar grandes extensiones de cereales a gran escala mientras que Sudamérica está jalonada de montañas, selvas o ríos impenetrables como el Amazonas, donde apenas se puede cultivar de forma extensiva.

Respecto a la cultura, el autor se basa en la obra del sociólogo Max Weber sobre la religión calvinista y la adición al trabajo de los países protestantes. Tras discutir varias ideas del libro, el autor, a lo largo de los capítulos, viene a concluir que la adición al trabajo está detrás de la creación de riqueza, casualmente más presente en los países calvinistas como Inglaterra y Holanda.  Califica a los países católicos y a sus gobernantes de "perezosos" e "indolentes" mientras que Europa del Norte o incluso Japón son países cuyos ciudadanos viven para el trabajo y que ven justo ganar mucho dinero. Además, en estos países de moral trabajadora se permite que circulen ideas para mejorar la calidad de los productos e innovar, lo que supone un motor para el avance y el crecimiento económico. Hay cierto afán de innovación y obsesión por lo nuevo frente a lo antiguo.

Respecto a los países, el autor explica que China lideró el crecimiento económico hasta el siglo XII, cuando se quedó estancada. En aquel momento, incluso tenía altos hornos para fundir el acero que funcionaban con carbón. Eso en plena Edad Media. Además, China inventó la pólvora, la imprenta o la brújula pero no supo explotar todo el potencial: no hizo potentes cañones, ni difundió grandes libros que hiciesen circular el conocimiento, ni tampoco exploró los mares salvo una expedición en África que quedó en nada por el aislacionismo del país. A partir del siglo XV, empezó el atraso de China. Los europeos, siempre batallando y compitiendo entre sí, supieron darle uso a la pólvoca. Además, la imprenta difundió el conocimiento y la brújula les hizo dueños de los mares. A todo ello se sumaron dos inventos genuinamente europeos: el reloj y las gafas. Estos nuevos instrumentos exigían un alto grado de precisión y no todos los países lo podían conseguir. También mejoró la precisión de las armas de fuego, decisivo a la hora de combatir contra gigantes como la Rusia zarista, que carecía de armas de repetición en Crimea.

En cuanto al gran salto de la Edad Media, el autor dice que en Europa las ciudades competían entre sí y eran grandes lugares donde difundir ideas. Algunos países eliminaron los gremios de forma temprana, mientras que en otros países estas asociaciones de artesanos impedían que la gente tuviese estímulos para ganar más dinero. Dice que mientras China se convirtió en un Estado burocrático donde las ideas luminosas se apagaban tras la muerte del maestro y quedaban relegadas al olvido hasta que otra generación las recuperaba como tradición, en Europa una idea innovadora era inmediatamente mejoradas por otros y hacía un efecto se suma acumulativa de conocimientos. Así se pudo perfeccionar el armamento y hacerlo eficaz mientras que en China las armas de fuego eran bastante ineficaces y peligrosas para el propio usuario.

Después, estudia el imperio español en América. Compara el descubrimiento con un genocidio porque, ya fuese por la espada o las enfermedades, los codiciosos, ignorantes y degenerados conquistadores vaciaron el Caribe de indígenas indefensos. Sostiene que todas las naciones tienen cosas que esconder (pues Inglaterra también asesinó a indios) pero que los españoles fueron especialmente sádicos pues competían en idear horribles tormentos para los indígenas. Niega que la "leyenda negra" sea mentira. Como otros autores, concluye que España se quedó atrasada a partir del siglo XVII. En 1640, ya era una potencia derrotada por Europa del Norte, adelantada en la técnica y la ciencia. Lo mismo para Portugal. Atribuye la debacle a la Inquisición, que impidió a los científicos estar al día de las nuevas experiencias y aparatos técnicos. Si quería algún instrumento, debía comprarlo a los países ricos del Norte.

Sobre los portugueses dice que entraron en Asia gracias a los cañones de sus barcos. Tenían instrucciones de "separarse y hundir a cañonazos" a cualquiera que les molestase en el Índico. Tomaron bases en África, la India e Indonesia, pero fueron desalojados por los holandeses. En todo caso, los demás europeos procuraban no molestar a los lusos. El autor se pregunta cómo una nación tan pequeña dominó medio mundo. Lo mismo le preguntó un señor feudal japonés al timonel de un galeón español y este le contestó: "En cada país, los misioneros convierten al cristianismo a los sùbditos y luego estos les apoyan para dominar el país". Asustado el japonés, prohibió el cristianismo.

Sobre el imperio holandés, este fue el dueño de los mares durante un siglo y se afincó en Indonesia, donde se dedicó a cultivar especias. El autor dice que, con la Revolución Gloriosa de 1688, un Orange holandés llegó al trono y las inversiones de Inglaterra y Holanda se fusionaron y entrelazaron. El heredero de Holanda fue Inglaterra, que fue tomando posiciones en la India mediante intrigas palaciegas hasta que el subcontinente quedó bajo su control político y militar. El Reino Unido entendió que el negocio estaba en las plantaciones de algodón e instó a estos cultivos en las colonias americanas y en la India.

Sobre la industrialización, en el siglo XIX los países europeos iniciaron una carrera para no quedarse rezagados respecto a Inglaterra. Enviaban alumnos y espías, contrataban artesanos, poco a poco Francia, Alemania, Suiza, Holanda y Bélgica empezaron a destacar quedando el resto más rezagados. Finalmente, se sumó Japón, que a través de la revolución Meiji, se sumió en un frenesí industrializador y comercial de efectos textiles pero también en una espiral nacionalista. El autor alaba la laboriosidad de los japoneses. Cuenta la historia de una tejedora huérfana casada por conveniencia (porque el marido quería eludir la mili) que hilaba día y noche bajo las órdenes de su suegra. Su marido estuvo en Corea de aduanero durante 24 años y volvió con una concubina y maltrató a la esposa y la echó de su propia casa. La mujer, que había trabajado sin parar durante esos años para reformar la vivienda, se enfadó mucho y prendió fuego a la casa y pasó 10 años en prisión, donde contó su drama a otro preso. Al final, los tejidos japoneses inundaron el mercado. El autor dice que las colonias donde estuvieron los japoneses (Corea y Taiwan) destacan hoy por ser algunos de los países más prósperos del mundo.

Respecto a Latinoamérica, la independencia sumió en el caos a muchos países. Uno de los países que logró posicionarse internacionalmente en el siglo XIX fue Argentina, que avanzó hacia la Pampa pero las tierras subastadas era muy áridas y se concentraron en pocas manos. Tras sus triunfos como exportador de carne, perdió fuelle y entró en decadencia al no poder industrializarse. Muchos otros países fracasaron al intentar poner en marcha su industria, que no era competitiva. Aunque sus productos fuesen más baratos, su calidad era muy mala.

Otro imperio analizado es el ruso. Ya de por sí, iba con atraso a causa de los sectores agrícolas con siervos. En cuanto al turco, se convirtió en cliente de los europeos, a los que compraba armas pero fue incapaz de desarrollar una industria y se dedicó al saqueo de sus vecinos con gobernantes secuestrados por sus cortesanos. Por su parte, un albañés llegó en el siglo XIX a gobernar Egipto e intentó montar fábricas de telares con el hilo de algodón egipcio pero no supieron manejarlas bien y estos negocios quebraron. Nuevamente, se impuso la ventaja competitiva, donde Egipto solo valía para exportar materias primas dejando la industrialización para Europa.

Respecto al auge de Inglaterra y Holanda, el autor no para en elogios ante el éxito de estos países por liderar el comercio internacional en Asia y la Revolución Industrial. Sin embargo, lamenta que el Reino Unido, que lideró la Revolución Industrial se hubiese quedado estancado en la industria del carbón a finales del siglo XIX, lo que supuso un grave retraso respecto a otras economías como la de Estados Unidos, que tomó la delantera al apostar por la cadena industrial y la electrificación a gran escala (caso de Henry Ford y el automóvil). En el sector químico, fue Alemania la que adelantó a todos al inventar el laboratorio moderno, debido a la importancia que dio a la educación.

En el caso de Inglaterra, impuso un libre comercio mundial porque le interesaba mientras que otros países como Japón (que fue obligado a eliminar los aranceles a productos europeos) o Estados Unidos se protegieron mediante todo tipo de trabas para impedir el acceso de productos extranjeros a su mercado.

Posteriormente, analiza el colonialismo en el siglo XIX y la descolonización en el XXI. Sugiere que los europeos hicieron carreteras y que cuando dejaron las colonias, las fábricas y viales quedaron abandonadas. Asegura que los nuevos países independientes empezaron a bajar su PIB tras unos años de crecimiento y bonanza por una mala gestión de los gobernantes, que apostaron por una industria pesada según las recomendaciones socialistas, a la vez que la población se duplicaba y generaba emigración (como el caso de la Argelia francesa).

Finalmente, el autor aborda cómo Estados Unidos, tras la Segunda Guerra Mundial se hizo con el comercio mundial pero se durmió en la "autocomplacencia" y la "autocondescedencia" y acabó superado por la industria de Japón, que impuso un trabajo en equipo, la colaboración de sus empleados para buscar la perfección y el modelo de "just-in-time" (el Toyotismo), inspirado en los supermercados americanos.

El libro termina en 1998. En general, la conclusión del autor es que aquellas economías liberalizadas y donde hay flujo de conocimientos y saberes, así como moral de trabajar duro, son las que alcanzan mayor riqueza mientras otras que son proteccionistas o ponen trabas a la libre circulación de ideas acaban arruinadas o atrasadas.

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CRÍTICAS DE OTROS AUTORES AL LIBRO DE LANDES


Críticas a David S. Landes y "La riqueza y la pobreza de las naciones" en el libro "Una herencia incómoda", de Nicholas Wade (2015)

El autor Nicholas Wade, en "Una herencia incómoda" critica a David S. Landes y su "La riqueza y la pobreza de las naciones". Señala que el historiador examina todos los factores posibles para explicar el auge de Occidente y el estancamiento de China, y llega a la conclusión de que, en esencia, la respuesta reside en la naturaleza de la gente. Landes atribuye el factor decisivo a la cultura, pero describe la cultura de tal manera que implícitamente se refiere a la raza. "Si hemos aprendido algo de la historia del desarrollo económico, es que la cultura supone toda la diferencia", escribe Landes. "Lo demuestra la empresa de las minorías expatriadas: los chinos en Asia Oriental y Sudoriental, los indios en África Oriental, los judíos y calvinistas en gran parte de Europa, y así sucesivamente. Pero la cultura, en el sentido de los valores internos y las actitudes que guían a una población, atemoriza a los estudiosos. Tiene un olor sulfúrico de raza y herencia, un aire de inmutabilidad", añade Landes. Y Wade le replica que Landes sugiere que la cultura de cada raza ha supuesto la diferencia en el desarrollo económico. El autor Wade concluye que las intensas presiones para la supervivencia ha obligado a europeos y chinos a adaptarse y añade que las instituciones que caracterizan a una sociedad son una mezcla de comportamientos determinados culturalmente e influidos genéticamente. Señala que el cambio cultural es muy rápido, como se demostró con Alemania y Japón, sociedades altamente militarizadas que, tras una brutal guerra, se convirtieron en países pacíficos, un cambio cultural demasiado rápido para ser genético. Landes cree que, además de la cultura, hay un componente genético que influye en el éxito, por ejemplo, de los chinos. Sospecha que el auge de China y el de Occidente son acontecimientos no solo de la historia sino también de la evolución humana.



jueves, 14 de diciembre de 2017

Introducción a Resúmenes de Libros de Historia

El blog Resúmenes de Libros de Historia recopila resúmenes de libros relacionados con la Historia, tanto económica como social.

Los resúmenes o reseñas se publicarán periódicamente, dos o tres al mes, cuando haya disponibilidad de tiempo. Se intentará que las obras sean recientes sin prescindir de los grandes clásicos.

Los resúmenes intentarán ser exhaustivos e incluirán anotaciones y comentarios del lector (previamente identificados)

Abarcarán asuntos como la Historia de las Civilizaciones, Historia Contemporánea, Historia Económica, Historia de España, y otras materias relacionadas.

La dirección del blog es:
https://resumendelibrosdehistoria.blogspot.com/

"El año 1000", de Valerie Hansen (2020)

  "El año 1000", de Valerie Hansen (2020) Subtítulo:  Cómo los primeros exploradores iniciaron la globalización Ver el link del re...