lunes, 1 de abril de 2019

Resumen del libro "Imperiofobia y leyenda negra", de María Elvira Roca Barea (2016)

Resumen del libro "Imperiofobia y leyenda negra", de María Elvira Roca Barea (2016)

Resumen original y actualizado en:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2019/03/imperiofobia-y-leyenda-negra-de-maria.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación y licenciado en Sociología y Derecho.

Sociología, relaciones internacionales, propaganda, imperios, civilizaciones

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Ficha técnica

Título: "Imperiofobia y leyenda negra"

Subtítulo: Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español

Autora:  María Elvira Roca Barea

Edición: Siruela, Madrid, 2016

Número de páginas: 476

Méritos: Lleva 25 ediciones

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Biografía oficial de la autora

María Elvira Roca Barea ha trabajado para el Consejo Superior de Investigación Científica y enseñado en la Universidad de Harvard. Ha publicado varios libros y artículos de revistas especializadas, también ha dado conferencias dentro y fuera de España.

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Texto de la contraportada

"María Elvira Roca Barea acomete con rigor en este volumen la cuestión de delimitar las ideas de imperio, leyenda negra e imperofobia. De esta manera, podemos entender qué tienen en común los imperios y las leyendas negras que irremediablemente van unidas a ellos, cómo surgen creadas por intelectuales ligados a poderes locales y cómo los mismos imperios las asumen. El orgullo, la "hybris", la envidia, no son ajenos a la dinámica imperial. La autora se ocupa de la imperofobia en los casos de Roma, los EE.UU. y Rusia, para analizar con más profundidad y mejor perspectiva el Imperio español. El lector descubrirá cómo el relato actual de la historia de España y de Europa se sustenta en ideas basadas más en sentimientos nacidos de la propaganda que en hechos reales.

La primera manifestación de hispanofobia en Italia surgió vinculada al desarrollo del humanismo, lo que dio a la leyenda negra un lustre intelectual del que todavía goza. Más tarde, la hispanofobia se convirtió en el eje central del nacionalismo luterano y de otras tendencias centrífugas que se manifestaron en los Países Bajos e Inglaterra. Roca Barea investiga las causas de la perdurabilidad de la hispanofobia, que, como ha probado su uso consciente y deliberado en la crisis de deuda, sigue resultando rentable a más de un país. En un lugar común por todos asumido que el conocimiento de la historia es la mejor manera de comprender el presente y plantearse el futuro.

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ÍNDICE

(resumido)

PARTE I

Imperios y leyendas negras: la inseparable pareja

1. Leyenda negra: origen y significado de la expresión

2. Los imperios: del imperium al imperialismo

3. Roma y su leyenda negra

Roma como Imperio Inconsciente

4. Antiamericanismo: la leyenda negra contra EE.UU.

5. La rusofobia antes y ahora

6.La imperiofobia: modelo universal

PARTE II

1. Italia

Sangre mala y baja
Il Capitano Spavento y Lope de Vega

2. El Sacro Imperio, Países Bajos e Inglaterra: ¿guerras de religión o guerras antiimperiales?

3. Alemania: protestantismo y regresión feudal

Martín Lutero

La guerra civil del Sacro Imperio

4. Inglaterra: de las Invencibles a Tony Blair

La ley del silencio

5. Los Países Bajos: el triunfo definitivo de la propaganda

La guerra civil en los Países Bajos

La "guerra de papel": la creación del Demonio del Mediodía

6. La Inquisición y la Inquisición

El Santo Oficio

Las brujas

7. América

El estilo español de imperio: ciudad, camino y hospital

Propaganda: de fray Bartolomé a la izquierda indigenista

De las Leyes de Indias al Derecho Internacional


PARTE III

La leyenda negra desde la Ilustración a nuestros días. Asunción y negación

1. La hispanofobia en el Siglo de las Luces

Llegan las pelucas: la hispanofobia ilustrada

El fracaso imperial francés

La lucha a muerte por la administración de la moral: la destrucción de la Compañía de Jesús

La censura universal y el Index inquisitorial

El triunfo definitivo de la ley del silencio

2. El siglo XIX: nacionalismo, liberalismo y racismo científico

3. Siglos XX y XXI: Conclusiones

El Imperio Viejo y el Imperio Nuevo: de la guerra de Cuba a la revisión histórica.

La crisis del 2007: España y la prima de riesgo (PIGS y GIPSY)

Aquellos españoles y estos españoles

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RESUMEN

Comentarios iniciales: 

A nivel de Economía, interesa este dato que aporta: La Escuela de Salamanca (ciencia jesuita y dominica) designa a un grupo de iustnaturalistas y moralistas que desarrollaron su labor durante los siglos XVI y XVII. También se llama escuela española de Derecho Internacional, doctores en Salamanca, maestros de Salamanca. Sus iniciadores fueron Francisco de Vitoria, Diego de Covarrubias, Martín de Azpilcueta y Domingo de Soto. Algunos enseñaron fuera.

El Manual de confesores y penitentes de Martín de Azpilcueta y Jaureguizar, doctor Navarro (1492-1586) tuvo 81 ediciones. El Comentario resolutorio de cambios requirió hacer cinco cuestiones. Azpilcueta desarrolla por primera vez conceptos que solo mucho después serán estudiados, como el fenómeno de la inflación y los motivos que la provocan, así como el valor y los precios. Schumpeter dedica páginas a Azpilcueta en la Historia del Análisis Económico. Los define como los fundadores de la economía moderna. La autora dice que antes de ellos, vivían en la invisibilidad a causa de la "ley del silencio" que los hizo desaparecer de los manuales (la autora dice que no es un "despiste": cree que Adam Smith no los citó para no citar a un dominico.

Las principales ideas del libro

La autora parte de una idea principal: en tiempos de la Reforma (siglos XVI y XVII), el mundo se dividió en dos culturas antagónicas: la protestante o antiimperial (Inglaterra, Holanda, parte de Alemania, Escandinavia, Suiza) y la católica o imperio Habsburgo (España, Portugal, Irlanda, Italia, Austria, Francia, Flandes y parte de Alemania). Esta brecha que dividió a Europa se prolongó a lo largo de los siglos ante una guerra propagandística sin cuartel (sin tolerancia en ninguno de los territorios hacia los otros (salvo en Alemania, donde hubo libertad de cultos pero con los católicos relegados fuera de la Administración)) y el resultado fue que, a partir del siglo XIX, los logros católicos quedaron "silenciados" en la cultura protestante y anglosajona, que se convirtió en hegemónica. Esta propaganda anticatólica y el silencio sobre sus logros humanísticos y científicos (sobre si los autores eran religiosos, como Mendel) se prolonga hasta hoy día. El resultado del triunfo de la leyenda negra es que los países católicos son los PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia (ortodoxa) y España) o los GIPSIs (Grecia, Italia, Portugal, España e Irlanda) de la crisis del 2008, los países deudores que tuvieron que pedir el rescate bancario. El otro damnificado es Rusia (ortodoxo). Es una visión del mundo hegemónica que posterga los logros de los países católicos, dice la autora, incluso hoy, y los relega a ser eternos secundarios.

La autora también reflexiona sobre la caída del imperio español en América, que se considera como un gran fracaso de la mentalidad católica frente al dinamismo y el éxito del protestantismo, lo que es fácil de ver en el auge de Estados Unidos y el subdesarrollo de América Latina, espejo del fracaso del modelo español. Pero la autora recalca que esa comparación no tiene sentido, porque el imperio español ya estaba muerto a finales del siglo XVIII (unos años antes de la Independencia de las colonias) y que, de hecho, en la misma época también sucumbieron el imperio británico en América (derrotado por sus colonos) y se hundió el imperio americano francés, en el Missisipi (imposible de mantener por falta de colonos y la presión inglesa). Además, muchos han visto el imperio español como una vieja reliquia de un imperio medieval pero la autora recuerda que se trataba de un imperio con instituciones de la Edad Moderna que duró tres siglos y controló una enorme extensión mundial en cuatro continentes. Aunque se considera que España perdió su imperio en 1898 (con la guerra d Cuba y la pérdida de las Filipinas), el imperio ya había muerto antes de la invasión napoleónica. Añade que lo que luego hicieron los gobernantes de las repúblicas americanas independientes en el siglo XIX ya no le compete a España.

La autora repasa las historias de las "Invencibles" (Felipe II envió hasta tres armadas contra Inglaterra). Añade que Inglaterra ocultó el desastre de su propia ContraArmada, un fracaso estrepitoso de Francis Drake para conquistar Lisboa y sublevar a los portugueses y poner a un rey títere. Perdió a miles de hombres pero de eso no se habla. Ni de la derrota de Cartagena de Indias a manos de su defensor Blas de Lezo: un gobernador tuerto, cojo y manco.

Sobre la leyenda negra, cree que lo pasó es en Alemania (Sacro Imperio Germánico) y los Países Bajos hubo sendas guerras civiles contra el imperio de los Habsburgo (que era católico) y los protestantes captaron ese descontento como reacción a la centralización imperial. La autora recuerda que el imperio español (al igual que el romano) era homogeneizador: allí donde iba construía carreteras, ciudades, hospitales e iglesias, todo "estandarizado". El problema fue que al intentar modernizar Holanda con instituciones centralizadas, hubo una reacción por parte de los gobernantes locales que se negaban a hacer esas modernas reformas, añade la autora. La reacción de los Orange fue virulenta y ganó la batalla de la propaganda con todo tipo de pasquines y folletos con dibujos grotescos y mentiras contra los españoles. La autora reconoce que el bando católico intentó ser conciliador y contraatacó con extensos documentos jurídicos (para probar que no habían subido los impuestos) pero fue incapaz de comprender el efecto "huracán" de la propaganda de los independentistas holandeses, que no se combate con argumentos sino con otra propaganda igual de mentirosa, explica la autora. A ello se suma, que las imprentas en Holanda echaban humo imprimiendo pasquines incendiarios que tenían gran éxito en la población local. El modelo propagandístico también se extendió en Alemania (los luteranos) e Inglaterra (los anglicanos).

Otra parte de la leyenda negra procede de la brutal conquista de América por parte de los españoles.
La autora critica a Bartolomé de las Casas y dice que el monje que denunció las matanzas indiscriminadas de indios por los conquistadores españoles era un charlatán que solo decía mentiras o exageraba todo para enaltecer su causa, lo que en su época se le consintió al considerar que buscaba un bien más elevado. La autora no niega que el sacerdote tuviese buenas intenciones pero dice que De las Casas, al que poco menos que califica de renegado, no pudo ver tanta barbarie como denuncia pues apenas se movió de una zona de América donde recaló por lo que cuenta es de oídas o directamente inventado. Sin embargo, la autora dice que el testimonio de este honesto sacerdote causó un daño irreparable a la imagen de España ya que la utilizaron sus enemigos para difundir la leyenda negra de un país cruel y asesino de masas. La autora replica que mayor brutalidad fue la de los conquistadores de América del Norte, realizada por protestantes, donde apenas quedan indígenas tres siglos después, pues fueron exterminados metódicamente, y los que quedan están en los estados del Sur, territorio que antes pertenecía al imperio español (Nueva España). En cambio, en América del Sur, gobernada por españoles durante varios siglos, sigue habiendo a día de hoy millones de indígenas, prueba que refuta el genocidio. Añade que en la América colonial se intentó integrar a los indios nativos, se hicieron leyes de protección y que los religiosos y misioneros fueron la avanzadilla para establecer sistemas económicos de producción (luego obsoletos frente a la industria capitalista). Añade que América del Sur tenía cuatro universidades a plena producción antes de que se fundase Harvard y que algunos enclaves de la América hispana disponían de 40.000 libros frente a los 4.000 de los que presumía Harvard un siglo después.

La autora también habla del "ninguneo" de los autores y científicos católicos, "borrados" de las historias de Ciencia elaboradas por los protestantes porque no los tomaban en serio porque muchos de estos eran religiosos (caso de los economistas jesuitas y dominicos). Fue el caso de Balmi, el promotor de la primera vacunación mundial contra la viruela y que, solo después de su éxito, Inglaterra tomó en serio a su inventor Jenner. Gestas como esa cayeron en el olvido internacional, dice.

La Inquisición también forma parte de la leyenda negra de España. Sin embargo, la autora dice que apenas condenaron a muerte a herejes (serían unos cientos o miles de víctimas) frente a los decenas de miles de brujas que ardieron en los países protestantes (recuerda que los calvinistas quemaron al refugiado Servet por hereje). En España, dice, ni siquiera se tomaban en serio a las brujas y los casos se archivaban como supercherías. Además, la Inquisición también acabó siendo un género de novela "gótica", donde se mezclaban sectas, lujuria... tradición que llega hasta libros como El Códice Da Vinci.

Otra cuestión es que se dice que España era intolerante pero la autora recuerda lo que le pasaba a los católicos que vivían en países protestantes, donde eran masacrados como chivos expiatorios o relegados fuera de trabajos o cargos en la Administración. Pone por ejemplo el caso de Irlanda, gobernada con puño de hierro por Inglaterra, pero también la discriminación de los católicos en el poder en Alemania, que se prolongó hasta el siglo XIX. Los ilustrados también criticaron la intolerancia católica pero en su propio país, Francia, había censura y libros prohibidos. Realmente, no había mucha libertad de expresión en las monarquías absolutas, que se diga.

La leyenda negra contra España siguió incluso en la Guerra de Cuba, donde el magnate de prensa Hearts se encargó de fabricar una guerra acusando de todo tipo de tropelías a los españoles en esas islas y que, según la autora, eran patrañas para vender más periódicos y convencer al público de la necesidad de entrar en guerra por una buena causa. Recuerda que los filipinos pronto se dieron cuenta de que habían cambiado a un dueño blanco por otro aún peor.

La autora también lamenta que algunos historiadores anglosajones (Kramer) sigan diciendo que Castilla tuvo "suerte" al conquistar América y montar un Imperio, que nadie entiende cómo lo pudo lograr ya que no se lo merecía. La autora replica que Colón visitó varios reinos en busca de patrocinadores y nadie tenía dinero para esa expedición salvo Castilla, que además disponía de experiencia de guerra de frontera y sabía como "integrar" nuevos territorios en sus dominios imponiendo las mismas leyes e instituciones. Otros países como Inglaterra o Francia intentaron copiar a España en América pero con poco éxito. Solo la irrupción de un nuevo país capitalista como Estados Unidos, con un nuevo modelo productivo, cambió la balanza pero eso fue ya en el siglo XIX, cuando España ya no estaba allí. Añade que ya en 1800, con la expedición Humbolt, el Imperio estaba en declive pues nadie vigiló de cerca al expedicionario y científico, que se llevó planos de ciudades americanas para ganarse el favor del nuevo presidente Jefferson, lo que prueba que el imperio americano ya estaba sin control efectivo y el gobierno hispano tenía una clara falta de reflejos al no prever la jugada del alemán. Este, en su ancianidad, reflexionó sobre cómo Estados Unidos estaba masacrando a sus indígenas e intercedió en vano por ellos; recordó que en las colonias españolas eran respetados.

La autora añade que todo Imperio ha sido vilipendiado por los conquistados, empezando por los griegos que tildaban de incultos y nuevos ricos a los romanos. Luego, le tocó a España pasar como país intolerante y cruel, mestizo, indolente... y luego a Rusia (que en el siglo XVIII se sacó de la manga un imperio que asombró a Francia), al que menospreciaban por rudos y bárbaros. Finalmente, ahora los europeos se burlan de los norteamericanos por horteras e incultos. La historia se repite.

La conclusión del libro es "y tú más", un argumento que ya ha sido criticado por autores norteamericanos que estudiaron el genocidio americano. Estos dicen que la explicación de los historiadores españoles es que los colonizadores hispanos fueron muy malos pero los ingleses en América del Norte aún fueron más malos y exterminadores. Ese decir, el "y tú más".

Resumen del libro "Así se domina el mundo", de Pedro Baños (2017)

Resumen del libro "Así se domina el mundo", de Pedro Baños (2017)

Resumen original y actualizado del libro:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2019/02/asi-se-domina-el-mundo-de-pedro-banos.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación y licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, geopolítica, relaciones internacionales, poder mundial, política internacional, globalización

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Ficha técnica

Título: "Así se domina el mundo"

Subtítulo: Desvelando las claves del poder mundial

Autor: Pedro Baños

Fecha de publicación: 2017

Editorial: Ariel, Editorial Planeta. Barcelona

Páginas: 468

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Biografía del autor Pedro Baños (hasta 2017)

El autor Pedro Baños es coronel del Ejército de Tierra y diplomado del Estado Mayor, actualmente en situación de reserva. Ha sido jefe de Contrainteligencia y Seguridad del Cuerpo de Ejército Europeo en Estrasburgo. Ha participado en misiones en Bosnia-Herzegovina (Unprofor, Sfor y Eufor) y hoy es uno de los mayores especialistas en geopolítica, estrategia, defensa, seguridad, terrorismo, inteligencia y relaciones internacionales.

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Texto de la contraportada

"Alianzas, manipulación, rivalidad, guerra psicológica... todas las claves de la geoestrategia mundial.

"Desde hace algunos años, debido a la compleja situación actual, la ciencia de la geopolítica - y su aplicación práctica, la geoestrategia. que tiene como objetivo la influencia de los países a escala mundial - está adquiriendo una importancia que en cierto modo había perdido tras la Segunda Guerra Mundial. Pero ¿cómo se relacionan los países? ¿Qué estrategias de poder utilizan?

A través de numerosos ejemplos, veremos que existen diversas estrategias clásicas, todas con un trasfondo de hipocresía y de aprovechamiento de las debilidades ajenas, que ha prevalecido a lo largo del tiempo. También descubriremos que durante toda la historia se han cometido una serie de errores geopolíticos que se siguen repitiendo. Aunque hoy en día las reglas han cambiado por una serie de condicionamientos - como los avances tecnológicos- que obligan a modificar las acciones geopolíticas, existen unos fundamentos inamovibles en este campo.

El coronel Pedro Baños, un experto estratega, nos adentra en las incógnitas de estos juegos de dominio entre países y nos desvela numerosas claves y trucos del poder mundial que se pueden condensar en unas eficaces reglas universales para conseguir nuestros objetivos, con títulos tan sugestivos como "El mundo visto como patio de colegio", "El portero de discoteca", "Empobrece y debilita a tu vecino", o "Miente, que algo queda".

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ÍNDICE

1. Geopolítica y geoestrategia

2. Cómo es el mundo

3. Principios geopolíticos inmutables
    El estado es un ser vivo
    La economía manda
    El determinante peso de la Historia
    No hay aliados eternos, sino intereses permanentes

4. Las geoestrategias inmortales
    La intimidación
    Cerco y contracerco
    Patada a la escalera
    Empobrece y debilita a tu vecino
    Simula y disimula
    El "breaking point"
    Fomenta la división
    La dominación indirecta
    Retuerce la ley para retorcer a tu enemigo
    Quítate tú para ponerme yo
    El que parte y reparte se queda con la mejor parte
    No hagas lo que los demás pueden hacer por ti
    La creación del enemigo
    El contrapeso
    Miente, que algo queda
    Las armas de comunicación masiva
    El pensamiento único
    El abuso de los pobres
    Siembra cizaña
    El fervor religioso
    La vía de escape
    El "buenismo"
    La creación de la necesidad
    El loco
    La sinergia
    Las copas de champán
    El burro y las alforjas
    
5. Errores frecuentes en geopolítica
    Ignorar la idiosincrasia de los pueblos
    Mostrar el poder exponiendo las debilidades
    No estar preparado para lo inesperado
    Confiar en vencer con rapidez y sin pérdidas propias
    Despreciar las religiones y ofender a sus fieles

6. Los pecados capitales de la geopolítica

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RESUMEN

Comentarios iniciales: El libro es muy ameno y se lee de un tirón. Sus capítulos se estructuran en una especie de lección magistral o análisis seguido de sus correspondientes ejemplos históricos o anécdotas diplomáticas o militares para ilustrar su estudio. Cada pieza de análisis es encabezada por una frase de un destacado historiador, militar, diplomático o político (Tucídides, Napoleón, Maquiavelo, Clausewitz, etc...).

Se observan algunos errores de traducción de textos procedentes del inglés como "deception" que es un falso amigo (no significa "decepción" sino "engaño").

Entre sus fuentes cita a los clásicos ( Robert D. Kaplan) y también a los generales chinos Peng Guangqian y Yao Youzhi, así como los estrategas Qiao Liang y Wang Xiangsui.

No obstante, el libro no muestra una potente teoría para interpretar el mundo y la política internacional (salvo la de que el más fuerte es el que manda) en el sentido en el que lo haría Kaplan con su análisis del factor geográfico ("La venganza de la geografía") y los movimientos poblacionales en las planicies. Más bien, la tesis de Baños es que los países son como personas armadas con garrotes y los más fuertes atizan a los débiles para robarles todo a la menor oportunidad. Es bastante crítico con las causas ocultas de la guerra pues, en su opinión, los movilizadores son hipócritas y engañan a la sociedad con causas humanitarias o en búsqueda de la paz mientras priman intereses económicos (defender a una compañía nacional) o geoestratégicos (necesidad de controlar un estrecho para cortar la salida al mar a un país rival).

Recuerda que, según el tratado bélico Wu Zi las motivaciones de la guerra son cinco: lucha por la fama, lucha por el beneficio, acumulación de animosidad, desorden interno y hambre. Recuerda también lo que dijo el conde Alexandre de Marenches en 1986: el conflicto internacional actual consiste en la lucha por el dominio de las materias primas y en el control psicológico de las poblaciones por los medios de comunicación, las Iglesias, la educación y la desinformación. También cita al militar Michael Howard que denunció los excesos de usar a los militares al servicio de intereses económicos. El autor advierte: "En un escenario de hipocresía y cinismo, confía solo en tus propias fuerzas".

En este sentido, considera efectivamente a cada país con su propia personalidad y características físicas: el matón de la clase (robusto y pendenciero), los amigotes del matón y sus desdichadas víctimas, los que hacen frente al matón y son independientes (pero excluidos del juego y condenados al ostracismo), el que finge ser amigo de todos (Suiza), y los que no pintan nada y son indiferentes para el resto (lo mejor es pasar desapercibido). Las naciones serían como "niños" en un patio.

Y luego están los desarrapados (6.600 millones), que ansían que cambien las tornas para ocupar el sitio de los ricos y los privilegiados (900 millones). El autor cree que hay una enorme desigualdad en el mundo. Otro problema, según dice, es que las nuevas generaciones de gran parte del mundo no han conocido las guerras ni sus horrores y podrían caer en el error de buscar honor y gloria, y botín rápido, y montar otro calamitoso desastre. Ve improbable otra guerra mundial (pero no imposible) ya que las grandes potencias apuestan por enfrentarse a través de países secundarios (Vietnam, Corea) y además ahora se actúa mediante "guerras híbridas" (en países interpuestos, manipulación de la opinión pública, guerra comercial y financiera, ciberguerra...).

El mundo actual sería una especie de estado natural sin Estado hobbesiano que imponga el orden (Kaplan). Y recuerda lo que dijo Friedrich Ratzel (en "Sobre las leyes de la expansión espacial de los Estados") sobre la expansión de los países más poderosos (cultura, economía) hacia una frontera viva y cuya lógica de absorber territorios más ricos en la periferia para ampliar su "espacio vital" (el Lebensraum). Por otra parte, el padre de la geopolítica fue el sueco Rudolf Kjellén, que consideraba que el Estado tiene vida (nace, lucha, se desarrolla, ejerce su influencia, entra en declive y muere y da lugar a otro sistema social). Otro geopolítico fue Karl Haushofer (que justificaba la expansión de la Alemania industrial en el siglo XX debido a su limitación de recursos y materias primas). 

En general, varios geopolíticos coinciden en ver una constante histórica en el hecho de que los grupos son expansionistas. El autor dice que tales necesidades de un Estado "vivo" siguen vigentes: el Estado debe cubrir las necesidades básicas de su población (alimentación) y la industria (materias primas y recursos energéticos).

Según esta teoría, el país más fuerte ahora es Estados Unidos, el cual es desproporcionadamente poderoso y prácticamente domina los mares y ejerce un poder real en todo el globo. Según el autor, tal poder americano está en declive y ahora tiene a dos rivales ganando protagonismo: Rusia, que intenta recuperar su esplendor e influencia, y China, una poderosa potencia comercial en expansión. Los frentes son diversos: hay choques con Rusia en el Ártico, en Europa del Este (donde se ha expandido la OTAN) y en Siria (zona de influencia rusa en el Mediterráneo) con China en el mar de China y el Pacífico. A ello se suma la carrera o pugna mundial por captar materias primas mineras y energéticas en África (en las que están involucrados Francia, EE.UU., y China, entre los más activos). Son los llamados "minerales estratégicos": primero fueron el hierro y el cobre, luego el petróleo, y ahora el uranio, cobre, cobalto, manganeso, cromita, tierras raras (de las que Corea del Norte tiene grandes reservas sin explotar), germanio, berilio, bauxita, litio, grupo del platino. El coltán ni siquiera es comercializado abiertamente.

La economía fue razón para las guerras púnicas (Cartago se convirtió en un rival comercial de Roma en el Mediterráneo), napoleónicas (Inglaterra, potencia manufacturera, hundió en Trafalgar la flota de España y Francia y se convirtió en dueña de los mares), la Guerra de Cuba (EE.UU. necesitaba controlar los pasos de Cuba para ir seguro al Canal de Panamá y las islas Filipinas era su puente en tierra para controlar el Pacífico) o la Primera y Segunda Guerra Mundial (guerras proteccionistas, el Imperio Británico contra la Alemania industrial necesitada de petróleo, independiente de los préstamos internacionales mediante el trueque sin interés y que estaba aumentando su flota, Japón y EE.UU. pugnando por el control del Pacífico) y las guerras de Oriente Medio (control del petróleo en Irán y equilibrio con Irak en una guerra de desgaste entre ambos, el interés de Francia en los hidrocarburos de Libia) y finalmente China-Corea (la guerra por el dólar de China, las minas de tierras raras (magnesita) de Corea del Norte). 

 Las necesidades estratégicas y críticas actuales están en Guinea (bauxita), cobalto (Congo), cromita (Sudáfrica, Kazajistán, India), manganeso (Gabón, Brasil, Ucrania), germanio, grafito y tierras raras (China), estaño (Indonesia), hierro (Brasil), uranio, niquel y paladio (Rusia) y el caso especial de Afganistán (lleno de oro, cobre, hierro, cobalto, tierras raras, litio, cromo, plomo, zinc, berilio, fluorita, niobio y uranio). Sin olvidar que el petróleo y el gas mueven el mundo y, en un futuro, el mundo estará en manos de quien controle la producción y distribución de electricidad (el país que sea dependiente, se convertirá en un esclavo tecnológico de los más desarrollados).

El autor también habla de las "guerras postmodernas", que se caracterizan por usar abrumadoramente instrumentos económicos y financieros para debilitar y derrotar al enemigo: concesión de préstamos, imposición de sanciones, informes de agencias de calificación, inversiones de fondos soberanos y capital riesgo, dominio de los mercados, control de las bolsas, manejo de la deuda y otras herramientas bancarias en evolución. Los estrategas chinos Liang y Xiangsui creen que en las guerras futuras aumentarán las hostilidades financieras.

La "neoglobalización" es la nueva globalización en la que el actor dominante sería China aprovechando las infraestructuras ya creadas por los occidentales (inundaría los mercados a precios baratos y los beneficios los derivaría al campo militar o ciberespacio). La Ruta de la Seda a Europa y su paralela por el mar (a África y Sudamérica) enlazaría el 60 % del mercado global. El autor vaticina que EE.UU. no se quedará de brazos cruzados y baraja Corea del Norte como campo de batalla entre las potencias (sin hacerse daño entre sí, claro).

Respecto a quien domina la economía mundial cita a la discreta e invisible familia Rothschild (tiene 2 billones de dólares; se ignora su capacidad real para influir en decisiones clave de alcance mundial), la casa Saúd (1,4 billones), los Walton (Wallmart, solo 152.000 millones), Koch (petróleo, 89.000 millones) y los Mars (dulces, 80.000 millones).

Por otra parte, el mercado mundial del grano está dominado por cuatro grandes, las ABCD: AMD (USA), Bunge (Brasil), Cargill (USA) y Dreyfus (franco-holandesa).
En cuanto a pesticidas, fertilizantes y alimentos transgénicos están Monsanto, Dupont y Dow (USA), Bayer (Alemania), Syngenta (Suiza) y ChemChina.

A todo ello se suma, según el autor, la "inteligencia económica" llevada a cabo por Francia, ya que el Estado pone facilidades a las empresas privadas para informarles de concursos, ventas, obras públicas... para ganar ventaja sobre otros países.

Esto es en cuanto a la Economía.

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Otros conceptos que maneja, además de la "guerra híbrida" (que mezcla presión mediática, bloqueo económico, ciberguerra, desestabilización interna de un país financiando a facciones y azuzando cizaña entre ellas) es el de "lawfare" (guerra jurídica en la que se usa el derecho internacional para deslegitimar al enemigo, por ejemplo, por no respetar los derechos humanos, elecciones tramposas, con lo que se logra paralizarlo financieramente). Lo curioso es que este derecho internacional solo se aplica a los países del montón pero los importantes no se someten a él. El autor recuerda que Japón, sutilmente, suele dejar caer que si le procesan por crímenes de guerra durante la Segunda Guerra Mundial, él podría sentar a EE.UU. por arrojar dos bombas atómicas contra dos ciudades llenas de civiles desarmados.

Otro concepto que usa es el de "soft power", que sería el que usaba Obama para mantener el control en el mundo sin presionar demasiado a sus oponentes, usando la diplomacia, el uso de la desestabilización interna, o violencia de baja intensidad (mediante ataques selectivos de drones). En todo caso, todos saben quién manda.

El autor habla de otros factores históricos. Recuerda que Corea del Norte fue bombardeada hace medio siglo por EE.UU. y perdió al 20 % de la población. El autor concluye que los siguientes dictadores presumieron de misiles intercontinentales y bomba nuclear para disuadir a USA de futuros bombardeos, lo que aplaudió la población al garantizarles seguridad. También menciona otros casos de países "indomables", caso de Afganistán (partido en dos en el siglo XIX por las intrigas del Imperio Británico para cortarle el paso a Rusia hacia el Índico y crear un tapón de tierra, con lo que dejó al pueblo pastún dividido por la mitad; el autor recuerda que Afganistán fue una piedra en el zapato para Alejandro Magno, Inglaterra, la URSS y EE.UU. debido a la fiereza de sus moradores de las montañas que solo obedecen la ley de venganza de su clan).

Otro de los factores es el cultural y recuerda la dificultad de que las ideas occidentales convenzan a los países de Oriente Medio para "occidentalizarse". El autor advierte que no todos los países piensan con la lógica de Occidente ni ven la democracia ni los derechos humanos ni la libertad de expresión tan atractivos, por increíble que les pueda parecer a los occidentales (y recuerda esas misiones "humanitarias" que dejan bombardeos y caos a su paso). En el caso de China, el autor cuenta que esta potencia se "vende" a los países africanos y sudamericanos como un país bueno que no se mete en los asuntos internos ni les da la consejos ni "moralina" como los occidentales.

El autor también refiere lecciones de estrategia que dio la historia pero también la vida misma. Recuerda por ejemplo el hecho de la "patada a la escalera": una vez que una potencia ha subido a la cima tira la escalera para que no suban sus rivales. Sería el caso de EE.UU. rodeando a la exURSS por Europa del Este y el Báltico (al expandirse su flanco la OTAN), boicoteando la presencia de Rusia en Siria y ejerciendo influencia en el Mar Negro y Aral, donde ya tiene bases americanas, así como en Thule (Groenlandia, para controlar el Ártico). En Asia, EE.UU. intenta mostrar músculo a China, con un gran despliegue en Corea del Sur, y China, a su vez busca crear un "mar interior" sin extranjeros.

La idea general es que por muy poderoso que sea un país, debe saber primero a qué se enfrenta cuando invade un país. Recuerda que el día-D del desembarco en Normandía, los aliados vieron frenado su avance por muros vegetales de 3 metros que habían creado los celtas 2.000 años antes. En otros países, un "patinazo" cultural generó graves tensiones: la revuelta de los cipayos en la India contra los británicos (por untar con grasa animal los cartuchos), las rebeliones religiosas en Afganistán o Pakistán porque los americanos hicieron algún sacrilegio, o la tenacidad vietnamita (que ya había echado a los colonizadores franceses) y con los que para EE.UU. fue imposible negociar  nada que no fuese la inmediata retirada americana del país. También está el caso filandés, cuya pequeña población se dividió en guerrillas y paró a los carros de combate soviéticos en 1939 durante todo el invierno hasta que Stalin tuvo que desistir. O cómo los guerrilleros españoles convirtieron en un infierno la presencia de las tropas napoleónicas en la Guerra de la Independencia (donde Napoléon perdió medio millón de hombres en cinco años, "gota a gota").

El autor recuerda que la guerra es "incontrolable" e "impredecible" y que aunque todos van con la idea de ganar suele haber "sorpresas". Un enemigo débil puede atacar el punto más vulnerable de su prepotente atacante. O el conflicto, previsto para unos días, puede encenagarse durante décadas (pone como ejemplo Afganistán, Vietnam).

El fervor religioso también es un catalizador para que las poblaciones vayan a la guerra pero el autor recuerda que, generalmente, los poderosos tienen otros intereses inconfesables (generalmente económicos o geopolíticos), por lo que suelen disfrazar toda guerra como una "causa justa" (un concepto que se remonta  a los monjes-guerreros de las Cruzadas y ahora a los "muhaidines"). Eso ha dado pie a guerreros fanatizados por una total fidelidad a una religión, del signo que sea, y que le han venido muy bien a algunos gobernantes. El autor recuerda la película de Rambo III, quien lucha junto con los talibanes (los "buenos") contra los soviéticos (los "malos") en los años 80 y 20 años después, se invierten las tornas, y son estos guerreros de las montañas con un férreo control del honor los "malos" porque pelean contra EE.UU.

Del mismo modo, remover demasiado un avispero lleno de exaltados guerreros fanáticos no es una buena idea, según explica el autor. Recuerda que si un enemigo débil no tiene salida para la derrota puede actuar a la desesperada, caso de la población que se suicidó en Numancia (cercada por los romanos) y de otras ciudades que siguieron la misma suerte para no claudicar. Eso lleva a la figura del terrorista suicida que actúa a la desesperada para defender su país o echar a los invasores más fuertes: se han visto muchos casos a lo largo de la Historia, desde los judíos kamizaces (zelotes) contra los romanos a las mujeres cargadas de explosivos que atentaban contra los alemanes en Varsovia, los ataques japoneses contra los portaaviones, los vietnamitas o los terroristas globales "muhaidines" de las torres del 11-S y otros cientos de ataques.

El autor también comenta cómo se divide el mundo en los "buenos" y "malos". Si un país no rinde pleitesía al más dominante, o no hace lo que él quiere, pasa a entrar en la lista de los "malos" y se convierte en un paria internacional si es que no lo invaden directamente. También está la técnica del "portero de discoteca" (solo un puñado de países tienen derecho de veto en la ONU, solo unos pocos son admitidos en el distinguido club del G-8, o no tienen por qué someterse a los dictados del FMI sino que reciben préstamos amistosos por otras vías). China usa ese poder de veto para "vender" a sus socios comerciales que si tienen algún problema con Occidente, puede bloquear cualquier decisión de la ONU.

Otro factor es la influencia cultural y la presión en la opinión pública. El autor relata tantos ejemplos de cómo las grandes potencias interfirieron en la opinión pública de otros países y lo siguen haciendo (para amoldarlos a sus intereses crean institutos de opinión, financian partidos que defiendan estos intereses) que no le cabe más que concluir que "todos lo hacen". Un caso paradigmático es el del magnate de la prensa Hearst que lanzó en 1898 una campaña mediática contra España (que les tocaría hacer el papel de los "malos") para convencer con todo tipo de falsedades a los estadounidenses de que había que declarar la guerra para liberar a los cubanos de la opresión. En una guerra rápida, EE.UU. se hizo con el control de Cuba, Filipinas y Puerto Rico mientras que España, que desde 1808 era una potencia menor, perdió sus últimas colonias oceánicas. Ningún país europeo se atrevió a desafiar a USA, convertida ya en una gran potencia.

La conclusión del autor es que el mundo sigue siendo inestable y es probable que aumenten los "microestados" y las fragmentaciones de países por una sencilla razón: son más fáciles de controlar por los grandes (en concreto EE.UU., Rusia y China). En vez de haber grandes estados medianos o incluso continentales (como la UE), o un poder fuerte de la ONU, existe un mosaico de países débiles o instrumentales (caso de Panamá o Yemen) que tienen importancia geoestratégica y tienen que amoldarse a lo que digan los países más poderosos. A todo ello se une que entre los propios aliados se espían (como se ve en los papeles y cables diplomáticos de Wikileads, etc...) por lo que conviene ir con precaución en el mundo global.

viernes, 1 de marzo de 2019

"Una herencia incómoda", de Nicholas Wade (2014)

Resumen del libro  "Una herencia incómoda", de Nicholas Wade (2014)

Resumen original y actualizado en:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2018/09/una-herencia-incomoda-de-nicholas-wade.html

Resumen elaborado por E. V. Pita, doctor en Comunicación y licenciado en Economía y Sociología

Sociología, genética, población, evolución social, cultura, historia humana

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Título: "Una herencia incómoda"

Subtítulo: "Genes, raza e historia humana"

Título original en inglés: "A troublesome Inheritance: Genes, Race and Human History"

Autor: Nicholas Wade

Publicado en inglés en el 2014

Editorial en español: Ariel, Planeta, Barcelona, 2015

Páginas: 295

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Biografía del autor

Licenciado en Ciencias Naturales por el King's College de la Universidad de Cambridge. Fue editor de la revista Nature y se convirtió después en su corresponsal en Washington. Posteriormente se unió a la revista Science para acabar en el New York Times como editor especializado en asuntos de ciencia, espacio, tecnología, defensa y genética.

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Texto de la contraportada

"Buceando en las nuevas evidencias que ha dejado la descodificación del genoma humano, Nicholas Wade nos adentra en las bases genéticas de la raza y su rol fundamental en la historia de la humanidad.

Pocas ideas han sido más perniciosas que aquellas que afirman que hay razas inherentemente superiores a otras. Por esa razón, el debate sobre las diferencias biológicas entre razas han sido completamente proscrito del ámbito científico. La evolución humana, se insiste desde un inusitado consenso, acabó en la prehistoria.

No obstante, el consenso parece ser erróneo. Wade demuestra a lo largo de este libro que la evolución humana siguió su curso, que el aislamiento en que han vivido las distintas poblaciones a lo largo de los siglos han propiciado este desarrollo y que existen distinciones, divergencias, en el comportamiento y por tanto en las sociedades mismas. Que, en consecuencia, atributos como el ahorro, el pacifismo y la alfabetización, propios de las clases medias, han sido lentamente inoculados genéticamente desde la población agraria, culminando en la Revolución Industrial y la emergencia de las sociedades modernas.

Este libro rechaza sin ambages la noción de superioridad racial y demuestra cómo la información genética es vital para entender nuestra historia y las sociedades que la integran, y que la mejor forma de servir al interés público es buscando incesantemente, sin miedo, la verdad científica".

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ÍNDICE 

1. Evolución, raza e historia

2. Perversiones de la ciencia

3. Orígenes de la naturaleza social humana

4. El experimento humano

5. La genética de la raza

6. Sociedades e instituciones

7. La reconstrucción de la naturaleza humana

8. Adaptaciones judías

9. Civilizaciones e historia

10. Perspectivas evolutivas sobre la raza

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RESUMEN

Comentarios iniciales: El autor recalca que el concepto de raza es muy polémico y tiende a ser eliminado en los trabajos científicos porque las políticas que ensalzaron la superioridad y jerarquía de unas razas sobre otras (racismo) desembocaron en graves crímenes en el pasado. Pero, científicamente, según dice, es un hecho que existen tres tipos de raza humana, levemente diferenciadas genéticamente y culturalmente (africana, asiática y caucásica-amerindia), aunque a decir verdad la casi totalidad del genoma humano es idéntico en toda la población mundial, a excepción de algunos alelos (variaciones). El autor indica que estas pequeñas variaciones genéticas (en las que incluye dos razas más como la australiana o la amerindia, y etnias como la judía) han permitido a los distintos pueblos adaptarse al medio ambiente y salir exitosos. Indica que la evolución sigue funcionando, incluso a nivel de inteligencia, en la que los individuos soportan la presión social o se vuelven más pacíficos y cooperativos. En el caso de los judíos, estos se especializaron en oficios de contabilidad y finanzas. Su supervivencia dependía de saber manejar los números, razón por la que su CI es mayor (promedio de 110 frente a la media de 100 americana-europea) que el resto de la población porque, generación tras generación, esta etnia favoreció genéticamente a los más inteligentes.

El autor indica que la evolución humana es un proceso continuo que ha avanzado durante los últimos 30.000 años, con total seguridad, hasta el presente. Desde que los humanos se dispersaron de África hace 50.000 años, las poblaciones de cada continente evolucionaron en gran parte de manera independiente una de otra desde que cada una se adaptaba a su propio ambiente regional. Bajo estas presiones locales, se desarrollaron las principales razas de la humanidad: africanos, asiáticos orientales y europeos, así como otros grupos secundarios. Pero aclara que la naturaleza humana es la misma en todo el mundo. Las sociedades humanas pueden diferir ampliamente, pero los individuos que las componen, no. Añade que la evolución humana ha sido reciente, copiosa y regional. Muchos genes se han visto favorecidos por la selección natural por la presión evolutiva reciente (un 8 % entre los últimos 30.000 y 5.000 años). Considera cambio genético el hecho de cambiar la edad reproductiva del primer hijo o la edad de la menopausia (algo que se observa en las sociedades actuales modernas). Algunos expertos concluyen que "estamos evolucionando y nuestra naturaleza es dinámica, no estática".

La raza africana sería la subsahariana, la asiática oriental serían chinos, japoneses y coreanos, y los caucásicos (europeos, pueblos de Oriente Próximo y del subcontinente indio). En estas razas, dice el autor, han cambiado los genes como el color de la piel y el metabolismo nutricional, sino también aspectos de la función cerebral (de maneras que aún no se comprenden bien). En las razas mixtas (como los afroamericanos) se cuelan un 20 % de genes europeos.

A nivel científico, el autor dice que es indudable que hay diferencias entre las poblaciones pero son muy sutiles. Lejos de ser distintas, las razas difieren simplemente en la cualidad que los genetistas denominan frecuencia relativa de los alelos (es decir, cuántas veces sale en una misma población un determinado gen o cualidad). "Tales diferencias existen porque, una vez que se hubieron distribuido por todo el globo, las diversas poblaciones fueron en gran parte independientes unas de otras, y por ello siguieron sendas evolutivas diferentes. En contra tiene a pensadores de izquierda que ven la raza como un constructo social, no una realidad biológica y se oponen "rabiosamente" a cualquier discusión de base biológica de la raza. "Sus ideas son honorables pero sus tácticas no tanto", dice. Lamenta que cualquiera que saque el tema sea tachado de "racista cientifico" y demonizado como racista, por lo que la izquierda académica ha eliminado del debate casi toda discusión sobre la diferenciación acádemica. El autor aclara que aunque haya distintas razas ninguna es superior a otra y que si esto se midiese en términos de éxito evolutivo, lo sería la etnia han, que tiene 1.000 millones o más de miembros solo en China. El autor ha recibido muchas críticas de genetistas académicos.

El autor también recalca que la evolución darwiniana no terminó en la prehistoria en África sino que los humanos que salieron de África también evolucionaron en dos ramas diferenciadas: Por un lado, los que hace 50.000 años salieron de África y se dirigieron al norte (y regresaron al huir de las glaciaciones), al Cáucaso, la India y Oriente Próximo se tornaron blancos (que era el ADN original, luego oscurecido para hacer frente al clima tropical africano). Y por otro lado, hubo otra división, los asiáticos orientales (en concreto, la etnia han, la más numerosa del mundo) adquirieron otros atributos (pelo lacio y grueso, ojos rasgados, rostro redondeado, etc...). Por su parte, los aborígenes de Australia se quedaron "congelados" en el tiempo de hace 46.000 años, en pleno Neolítico, y se adaptaron a un entorno hostil.

Otro de los puntos en los que incide el autor es la influencia de la cultura. Cree que juega un papel fundamental en la historia de las civilizaciones y moldea el carácter o virtudes como el ahorro. Señala que, aunque a nivel individual, un individuo se parece a otro, las sociedades no se parecen en nada (China, Occidente o África). Unas culturas aún no han salido del tribalismo (caso de África o los países árabes) y otros son grandes estados modernos (siendo China la primera que creó uno). A ello se suma que la cultura define a una población (Nota del lector: por ejemplo, los protestantes aman el trabajo duro, la frugalidad y las innovaciones, los mediterráneos apuestan por el ocio, la buena comida y la salud, los chinos por el trabajo y el esfuerzo, razón por la que triunfan fuera de sus países sin que los lugareños sean capaces de imitarlos; si solo fuese un hábito cultural, los inmigrantes se adaptarían a la nueva cultura y serían menos trabajadores). A ello se suma que algunas organizaciones gubernamentales son disfuncionales, caso de los gobiernos autoritarios que frenan la innovación, pero también cree que si los habitantes aceptan esos gobiernos fuertes es porque han heredado el gen de obediencia a la autoridad (ya que los rebeldes y pendencieros fueron eliminados o murieron sin dejar descendientes generación tras generación hasta que quedó una población homogénea, pacífica y genéticamente dócil que no cuestiona la autoridad).

Uno de los ejemplos más impresionantes del libro se refiere al experimento realizado por genetistas rusos que seleccionaron zorros agresivos, dóciles e indiferentes al hombre. Pasadas 25 generaciones y 40 años de experimentos, los zorros dóciles se asomaban en sus jaulas para que los investigadores les diesen caricias mientras que los agresivos les intentaban morder. El grupo de control, los zorros sin ningún caracter especial, seguían teniendo la misma naturaleza de siempre. El autor sugiere que si es posible domesticar a una población de zorros, los gobiernos antiguos también podrían haber hecho lo mismo con las poblaciones de agricultores a lo largo de generaciones, hasta labrar su carácter dócil. Por ejemplo, con leyes que castigaban la rebeldía y premiaban la obediencia al gobernante. Todo desobediente que se salía de la norma, era marginado y perdía la oportunidad de propagar su herencia genética. De esta forma, la población agrícola se curtió en determinados caracteres pasados 2.000 años.
Posteriormente, habla del gen MAO-A, que influye en la agresividad y que varía sustancialmente entre las razas y las etnias, lo que sugiere que este gen ha sido sometido a presión evolutiva.

Viene a decir que la historia de las Civilizaciones es un darwinismo social aplicado en estado puro. En Europa, en la Edad Media no cuajó un estado fuerte y, prácticamente, cada uno hizo lo que quiso, pese a las protestas del Papado, que tampoco tenía una fuerza aplastante. Nadie podía dominar al resto. De esta forma, surgieron las universidades medievales independientes sin que nadie pudiese controlarlas totalmente, lo que favoreció la innovación. En el 1500, Europa ya era la ùnica potencia mundial, destacando los ingleses, que tenían un alto índice de alfabetismo para la época y pronto contaron con un Parlamento. Las otras naciones europeas pronto les imitaron, el autor dice que es porque tenían la misma base genética y entendían estos progresos, mientras que Oriente Próximo, África y China se estancaron y renunciaron al progreso para eludir la "intoxicación" occidental. En el fondo, viene a decir que en cada civilización hay un acervo genético común (heredado y que evolucionó generación tras generación) que permite a los habitantes sobrevivir en ese ambiente. Resumiendo este argumento, en China, la población obedece a un Estado fuerte, burocrático y autoritario (que funciona como una máquina bien engrasada desde hace 2.200 años); en Europa y Estados Unidos, sus habitantes compiten por ser el más innovador; y en África, cada familia gobernante ayuda a sus parientes, amigos y vecinos de su tribu (porque la selección natural favoreció a quienes mantenían fuertes lazos familiares y la fidelidad a los más allegados para sobrevivir).

Una de las tesis del autor es que los genes de los supervivientes de cada raza (que solían ser los más ricos) se transmitieron a otras clases sociales más bajas, de forma que poco a poco toda la población se homegeneizó y adquirió las virtudes de las élites que triunfaron en un entorno difícil. Cuenta que la "presión malthusiana" barrió a las familias más pobres (a lo largo de generaciones, los más pobres murieron o no pudieron transmitir sus genes) mientras que los ricos conseguían superar las hambrunas y transmitir sus genes a sus descendientes. Continúa diciendo que algunos de los hijos de los más ricos perdieron su posición social, de forma que los mismos genes de supervivencia se transmitieron a las clases medias y poco a poco a sus miembros adquirieron una predisposición a favor del ahorro, la frugalidad y el trabajo duro. Esto lo ilustra también con una supuesta tradición judía azkenasí (los judíos asentados en Europa y EE.UU.) en la que los comerciantes ricos casaban a sus hijas con los estudiantes más sobresalientes para ser rabinos, a fin de que sus nietos fuesen altamente inteligentes (pero el autor se pregunta si esto no será un mito, ya que la tendencia natural de un comerciante rico es casar a su hija con el hijo de otro comerciante rico como él y no con un estudiante listo pero muy pobre).

[nota del lector: a nivel general, el autor presupone que los ricos sobreviven más que los pobres por que tienen unas cualidades genéticas excelentes que les permiten superar las hambrunas o los momentos de escasez pero también podría ser que se debe a cuestión de simple suerte, como el hecho de heredar una enorme fortuna desde la cuna  (una trampa genética) o que súbítamente un vago haya ganado la lotería sin que nada tuviesen que ver otras cualidades genéticas como el amor por el trabajo duro, el emprendimiento o la virtud del ahorro. Y, por otra parte, Wade no parece tener en cuenta que los pobres pueden ser genéticamente más aptos para sobrevivir a graves hambrunas, habilidad labrada generación tras generación para superar duras penalidades. En todo caso, el autor sí dice que tras una hambruna, sobreviven madres fuertes y esos genes los transmiten a la siguiente generación].

Lo que viene a decir es que algunos pueblos triunfaron porque se propagaron los genes de la personalidad pacífica, el trabajo duro, la docilidad, la obediencia, etc... y tuvieron más éxito que otros más agresivos y violentos, en perpetua guerra y acosados por el hambre, que a día de hoy siguen siendo estados fallidos, sobre todo en la tribal África. (se entiende mejor si ahora se pretende que Estados Unidos se convierta en una federación de tribus, nadie entendería ni sabría cómo hacer eso, ya que el "software" genético de la población está programado para actuar en grandes unidades colaborativas). Lo mismo ocurrió con Europa, que favoreció la inventiva, la discusión y el debate, el cuestionamiento de la autoridad en favor de la razón, unas cualidades que le permitieron progresar más rápido que otros pueblos. El autor pone como prueba que cuando Inglaterra lanzó la Revolución Industrial todos los países europeos se aprestaron a copiarla mientras que en China y el Imperio Otomano no entendían la utilidad de algunos avances técnicos ni sabían cómo copiarlos. Un ejemplo es la invención del telescopio, rápidamente copiado por Galileo, que inmediatamente descubrió cuatro lunas de Júpiter, y por otros científicos. Los jesuitas lo exhibieron como gran novedad ante el emperador chino pero sus sabios solo lo usaron para los cálculos de las festividades y no vieron qué podía tener de utilidad práctica aquel juguete. En el caso del imperio otomano, le dieron un uso militar pero no vieron mayor utilidad, además de prohibir publicar libros impresos, ya fuese de Ciencia o de cualquier otra cosa, lo que le costó un retraso tecnológico de dos siglos.

Wade también examina el papel de las religiones. Sostiene que en el acervo genético hay genes que contribuyen al sentimiento de colaboración, identificación y unidad de la tribu extensa, lo que hace que muchos pueblos estén unidos por una religión y una cultura común. Recalca que el cambio cultural es más rápido que el genético hasta el punto de convertir culturalmente, en un par de generaciones, a naciones agresivas y militaristas en países pacíficos y defensores de los derechos humanos. Aunque Wade supone que la población de dichos países sigue conservando genéticamente esa agresividad que les permitió sobrevivir en el pasado. [Nota del lector: también podemos suponer que ese fuerte militarismo les condujo a brutales guerras donde los más agresivos y violentos murieron en encarnizadas batallas que se libraron de forma industrial (y donde la fuerza física del soldado ya no era decisiva) y, por ello, solo volvieron a casa los soldados más prudentes que se quedaron a cubierto o que tuvieron más suerte en el campo de batalla. De esta forma, el 50 o 70 % de la población con genes más violentos desapareció en esas guerras y el gen se diluyó en las siguientes generaciones].

En la segunda parte del libro, el autor plantea la cuestión de si el comportamiento social humano, y por lo tanto, la naturaleza de las sociedades humanas, ha experimentado un cambio evolutivo en el pasado reciente. En su opinión, "existe al menos una hipótesis plausible de que la selección natural no ha ignorado modelar el comportamiento social de una especie muy social. Si las sociedades humanas han continuado evolucionando a lo largo de los últimos miles de años, un proceso de este tipo iluminaría de manera considerable muchos aspectos de la historia y del mundo moderno". Cree que ayudaría a explicar por qué hay instituciones, que bajo gruesas capas de cultura descansan sobre el comportamiento social humano, que tienden a diferir de una sociedad a otra en pautas a largo plazo.

Cree pausible que un pequeño componente evolutivo ha contribuido a la rica diversidad de las sociedades humanas y ve probable esa alternativa. Sin embargo, el autor lamenta que el dogma dominante en las ciencias sociales sostiene desde hace décadas que todas las diferencias de las sociedades humanas son puramente culturales y cualquier cuestionamiento de esta hipótesis genera agitación. Añade que, en el caso del genoma, "es evidente que estamos abriendo un archivo de datos completamente nuevo acerca de la historia humana".

Termina el libro examinando por qué las sociedades humanas no han podido ser modeladas totalmente por la cultura sino que hay que dejar un margen a la genética. Por ejemplo, no explica de manera satisfactoria, dice el autor, por que las diferencias entre las sociedades humanas se hayan tan profundamente arraigadas como parece ser el caso. Argumenta que si las diferencias entre una sociedad tribal  y un estado moderno fueran puramente culturales, será fácil modernizar una sociedad tribal importando las instituciones occidentales (pone como ejemplo Haití, Irak, Afganistán). Añade que no se puede asumir la tesis cultural de que la mente es una hoja en blanco que nace desprovista de comportamientos innatos. Les reprocha que piensen que la importancia del comportamiento social sea demasiado trivial para que haya sido modelada por la selección natural.

Recalca su tesis de que hay un componente genético del comportamiento social humano, tan crítico para la supervivencia humana, sujeto a cambio evolutivo y que ha evolucionado en el tiempo. La evolución en el comportamiento social ha avanzado de manera independiente en las cinco razas principales y en las demás, y que las leves diferencias evolutivas en el comportamiento social están en la base de diferencias en instituciones sociales prevalentes entre las principales poblaciones humanas.

Aporta como pruebas que las estructuras sociales de los primates, incluidos los humanos, se basan en comportamientos modelados genéticamente. Heredaron la misma plantilla. Además, estos comportamientos sociales genéticamente modelados apuntalan las instituciones alrededor de las cuales están construidas las sociedades humanas. En tercer lugar, la evolución del comportamiento social ha continuado durante los últimos 50.000 años y a lo largo del periodo histórico (falta la prueba que identifique los genes que modelan los circuitos neuronales del comportamiento social y la demostración de que han estado sometidos a selección natural en cada raza). Añade que en las diversas poblaciones actuales puede observarse que el comportamiento social ha evolucionado (pone como ejemplo los 600 años anteriores a la Revolución Industrial inglesa, cuando la población se volvió menos violenta, más alfabetizada y ahorrativa; lo mismo ocurrió con los agricultores asiáticos o con los judíos). Añade que las diferencias significativas son las que hay entre las sociedades humanas, no entre sus miembros individuales. Leves variaciones apenas perceptibles se combinan para crear sociedades muy diferentes.



CRÍTICAS DE WADE A OTROS AUTORES

Críticas a Jared Diamond y "Armas, gérmenes y acero" en el libro "Una herencia incómoda", de Nicholas Wade (2015)

El autor Nicholas Wade, en "Una herencia incómoda" critica a Diamond y lo libro ´"Armas, gérmenes y acero" en las páginas 235 a 237. Se refiere a la explicación del auge de Occidente como una cuestión geográfica, defendida por el geógrafo Diamond. Argumenta dicho autor que Occidente es más poderoso que otros simplemente porque tuvo una ventaja inicial al gozar de condiciones naturales más favorables para la agricultura. La naturaleza de la propia gente o de sus sociedades no tiene nada que ver con ello, en su opinión. Toda la historia humana estuvo determinada por características geográficas como las especies de plantas y animales de que se disponía para su domesticación o las epidemias endémicas en una población pero no en otra. Asegura que Diamond hace afirmaciones "extravagantes" y los lectores de este popular libro pasan por alto una pista sobre la naturaleza del texto: está guiado por la ideología, no por la ciencia. Asegura el crítico que los "bonitos" razonamientos de Diamond acerca de la disponibilidad de especies domésticas o de la difusión de enfermedades "no son evaluaciones desapasionadas de los hechos sino que están enjaezadas al caballo galopante del determinismo geográfico de Diamond, que a su vez está concebido para apartar al lector de la idea de que los genes y la evolución pudieron haber desempeñado algún papel en la historia humana reciente". Añade que "sin duda la geografía y el clima han sido importantes, pero no en la medida abrumadora que Diamond sugiere". Y recuerda que Europa y Asia Oriental, altamente urbanizadas, casualmente están en la misma latitud pero fueron impulsadas en líneas diferentes.

Wade ve lagunas serias en dicho libro. Una es la suposición antievolutiva de que sólo importa la geografía, no los genes. Recalca que el determinismo geográfico es tan absurdo como el determinismo genético, puesto que la evolución tiene que ver con la interacción entre ambos.
Además, Wade reprocha a Diamond que no tuviese en cuenta el auge de la ciencia moderna, la Revolución industrial y las instituciones económicas gracias a las que los europeos escaparon de la trampa malthusiana. Pone como ejemplo que los aborígenes de Australia seguían en el neolítico cuando llegaron los europeos con sus instituciones y convirtieron el continente en un país de economía productiva. Por eso, Wade dice que está claro que el ambiente no es lo único que influye.

Wade reprocha que Diamond diga que "la selección natural que promueve genes para la inteligencia ha sido probablemente más despiadada en Nueva Guinea que en sociedades más densamente pobladas y políticamente complejas... En capacidad mental, los neoguineanos son probablemente superiores, desde el punto de vista genético, a los occidentales". Pero Wade replica: "no hay prueba alguna de que esta improbable conjetura sea cierta".

También califica de "extraña" la afirmación de Diamond de que es más probable que la inteligencia se vea favorecida en sociedades de la Edad de Piedra que en las modernas. Wade replica que en las sociedades modernas la demanda de inteligencia es mayor y que los asiáticos orientales y los europeos tienen puntuaciones más altas de CI que los que viven en tribus o son cazadores-recolectores.

Críticas a David S. Landes y "La riqueza y la pobreza de las naciones" en el libro "Una herencia incómoda", de Nicholas Wade (2015)

El autor Nicholas Wade, en "Una herencia incómoda" critica a David S. Landes y su "La riqueza y la pobreza de las naciones". Señala que el historiador examina todos los factores posibles para explicar el auge de Occidente y el estancamiento de China, y llega a la conclusión de que, en esencia, la respuesta reside en la naturaleza de la gente. Landes atribuye el factor decisivo a la cultura, pero describe la cultura de tal manera que implícitamente se refiere a la raza. "Si hemos aprendido algo de la historia del desarrollo económico, es que la cultura supone toda la diferencia", escribe Landes. "Lo demuestra la empresa de las minorías expatriadas: los chinos en Asia Oriental y Sudoriental, los indios en África Oriental, los judíos y calvinistas en gran parte de Europa, y así sucesivamente. Pero la cultura, en el sentido de los valores internos y las actitudes que guían a una población, atemoriza a los estudiosos. Tiene un olor sulfúrico de raza y herencia, un aire de inmutabilidad", añade Landes. Y Wade le replica que Landes sugiere que la cultura de cada raza ha supuesto la diferencia en el desarrollo económico. El autor Wade concluye que las intensas presiones para la supervivencia ha obligado a europeos y chinos a adaptarse y añade que las instituciones que caracterizan a una sociedad son una mezcla de comportamientos determinados culturalmente e influidos genéticamente. Señala que el cambio cultural es muy rápido, como se demostró con Alemania y Japón, sociedades altamente militarizadas que, tras una brutal guerra, se convirtieron en países pacíficos, un cambio cultural demasiado rápido para ser genético. Landes cree que, además de la cultura, hay un componente genético que influye en el éxito, por ejemplo, de los chinos. Sospecha que el auge de China y el de Occidente son acontecimientos no solo de la historia sino también de la evolución humana.

Críticas a Daron Acemoglu y James A. Robinson y "¿Por qué fracasan los países?"  en el libro "Una herencia incómoda", de Nicholas Wade (2015).

El autor Nicholas Wade, en "Una herencia incómoda" critica al economista Acemoglu y al científico político Robinson. Estos concuerdan con Francis Fukuyama al considerar que las instituciones son fundamentales para comprender cómo funcionan las sociedades humanas. Y llegan a esta conclusión por una ruta independiente. Fukuyama identifica el papel de las instituciones en gran medida mediante patrones históricos: Acemoglu y Robinson ponen énfasis en el análisis político y económico. Aseguran que la mayor parte de la desigualdad entre los países del mundo ha surgido desde la Revolución Industrial, antes de cuya época el nivel de vida era casi uniforme, salvo para el exclusivo club de la élite que dirigía cada país. Según ellos, una lista de los 30 países más ricos del mundo incluiría ahora la Gran Bretaña y los países que iniciaron la Revolución industrial. Si nos remontásemos un siglo atrás, la lista sería parecida, salvo Singapur y Corea, nuevos miembros del club. Su tesis es que hay instituciones malas e instituciones buenas o, como ellos las denominan, extractivas e inclusivas. En las primeras, una pequeña élite extorsiona a sus súbditos y se opone al cambio tecnológico porque desorganiza el orden político y económico. Mediante su avaricia, la élite empobrece a todos los demás e impide el progreso, por lo que caen en un círculo vicioso. En cambio, las instituciones buenas permiten el imperio de la ley y los derechos de propiedad compensan el esfuerzo. No hay sector bastante poderoso para bloquear el cambio económico. Un círculo virtuoso entre política y economía mantiene una prosperidad creciente. Al comparar Inglaterra y Etiopía, vemos que Inglaterra es un país parlamentario desde 1688 que se hizo rico y que Etiopía fue absolutista durante varios siglos más y siguió pobre. Admiten que los países absolutistas pueden generar riqueza temporalmente transfiriendo mano de obra de la agricultura a la industria (URSS, China). Si las instituciones inclusivas son la única cosa que importa a la hora de conseguir la prosperidad, de ahí se sigue que la ayuda exterior es inútil a menos que empiece con la reforma institucional, por lo que son necesarias para romper el ciclo de la pobreza.

Para Wade la tesis de Acemoglu y Robinson parece "razonablemente satisfactoria" pero los autores tienen gran dificultad a la hora de explicar cómo surgen las instituciones buenas o, cómo pueden establecerse en un país que no las tiene. "La respuesta honesta, desde luego, es que no hay una fórmula para construir dichas instituciones". Wade replica que no tienen ninguna fórmula que ofrecer porque creen que las instituciones buenas han surgido por casualidad, como rizos aleatorios en las mareas inexplicables de la historia. Argumentan que las instituciones cambian por la "deriva institucional", como si fuese un proceso aleatorio genético o por coyunturas críticas. Pero Wave replica: "¿La suerte es una explicación? ¿Y no la divina providencia o algún signo del Zodíaco? Los autores se ven impelidos a alcanzar estas explicaciones nada satisfactorias porque han descartado la posibilidad obvia de que las variaciones en el comportamiento humano sean la causa de las buenas o malas instituciones. Así se ven obligados a dar de nuevo explicaciones que no lo son, como la suerte o la senda contingente de la historia".

Wade añade que la riqueza de las sociedades humanas no ha seguido alguna senda aleatoria a lo largo del último milenio, sino que más bien, como Acemoglu y Robinson observan, una parte del mundo se ha hecho, de manera uniforme y constante, cada vez más rica a lo largo de los últimos 300 años. Esto no es un accidente, ni suerte, y disponemos de una explicación razonable en términos de la evolución humana", dice Wade. La explicación es que ha habido un cambio evolutivo en el comportamiento social humano que ha facilitado la nueva estructura social, postribal, sobre la que se basan las sociedades e instituciones favorables. Y añade que "los países pobres son los que no se han librado totalmente del tribalismo y del trabajo bajo instituciones extractivas que reflejam su limitado radio de confianza. Añade que, al igual que la invasión de los agricultores de tierras de cazadores-recolectores hace 10.000 años, "ahora nos encontramos en un nuevo proceso de transición en el que las poblaciones han salido ya de las fuerzas modeladoras de la agricultura malthusiana y otras se encuentran en el ajetreo del proceso mesoindustrial".

viernes, 1 de febrero de 2019

"En deuda, una historia alternativa de la economía", de David Graeber (2012)

 Resumen: "En deuda, una historia alternativa de la economía", de David Graeber (2012)


Sociología, economía política, estructura social, cambio social, historia económica, estructura económica

Resumen, comentarios y anotaciones de E.V.Pita, licenciado en Sociología y Derecho

Ver el resumen original y actualizado en el siguiente link:
http://evpitasociologia.blogspot.com/2012/12/en-deuda-una-historia-alternativa-de-la.html


Título: "En deuda, una historia alternativa de la economía"
Título original: "DEBT: The first 5.000 Years"
Autor: David Graeber
Fecha de publicación:  2012
Editorial en español: Ariel

Texto de la contraportada: 

"De la mano de David Graeber, antropólogo y líder del movimiento Occupy Wall Street, llega este libro provocador, sugerente e incisivo que desmonta muchas de las creencias y aseveraciones que el capitalismo ha logrado convertir en mantra".

INDICE

Capítulo 1... De la experiencia de la confusión moral
Capítulo 2...El mito del trueque
Capítulo 3...Deudas primordiales
Capítulo 4... Crueldad y redención 
Capítulo 5.... Breve tratado sobre las bases morales de las relaciones económicas 
Capítulo 6... Juegos con sexo y muerte
Capítulo 7... Honor y degradación, o las bases de la civilización contemporánea. 
Capítulo 8... Crédito contra lingote y los ciclos de la historia
Capítulo 9... La Era Axial (800 a C - 600 dC)
Capítulo 10....La Edad Media (600-1.450)
Capítulo 11....La era de los grandes imperios capitalistas (1450-1971)
Capítulo 12.... (1971 - Inicio de algo aún por determinar)

Resumen 

Graeber empieza su libro con una anécdota en un coctel. Una abogada que trabaja para una oenegé se sorprende porque él aboga por la condonación de que las deudas y ella le replica: "Pero las deudas hay que pegarlas". A partir de ahí, Graeber reflexiona sobre la creencia general de que di alguien pude prestado debe devolver hasta el último céntimo sin percatarse de que el prestamista también debe correr un riesgo, pues de lo contrario prestaría montones deG dinero a cualquiera que entrase por la puerta del banco para pedir un crédito para cualquier disparate o fantasía. Aquí habla del concepto de "riesgo moral" [nota del lector: Stiglitz y Krugman lo han abordado con profundidad en sus libros] que permitió a los bancos comerciar con hipotecas basura en la creencia de que los inversores nunca perderían sus ahorros porque el Gobierno correría a socorrerlos con dinero público.
Otro concepto es el de "préstamo" internacional de una potencia a un país pobre  entendido como "tributo" como hacía Roma con sus pueblos sometidos.
Recuerda que en 1973 hubo un exceso de capital por los altos precios del petróleo y los bancos concedieron créditos ilimitados al Tercer Mundo. Los intereses eran bajos pero luego se dispararon al 20% y los países se quedaron entrampados. El FMI fue el brazo ejecutor de los acreedores que reclamaron reformas estructurales, generalmente contra programas públicos de educación, sanidad y ayuda social. Graeber dice que su movimiento lucha por la condonación de una deuda que ven injusta pero al menos ha logrado que el FMI deje de exigir políticas de austeridad. [nota del lector: Stiglitz y Krugman también han explicado los mecanismos del FMI para imponer políticas de austeridad que llevan a los países a la recesión].

Por otro lado, Graeber analiza la relación entre el deudor y el prestamista, que se vuelve desigual y asegura que muchos levantamientos populares desde la Antigüedad se producen para cancelar una deuda onerosa y repartir de nuevo la riqueza. Incide en que el acreedor impone la cuantía de la deuda y que algunos países pobres como Haití han sido boicoteados con la invención de deudas tan injustas y absurdas como el pago de la invasión fallida de Napoleón a la isla.

Capitulo 2 El mito del trueque

Graeber, como antropólogo, cuestiona el mito del trueque como antecesor de la economía. Dice que surge de un capítulo de la riqueza de las naciones de Adam Smith donde dice que el dinero es anterior al crédito y los préstamos y surge como medio de pago para facilitar los intercambios que eran difíciles con el primigenio sistema de trueque ya que siempre tendrías que encontrar a alguien que quiera lo que tu ofreces por lo que buscas. Sin embargo, Graeber sostiene que Adam Smith se ha inventado lo del trueque porque las sociedades del neolítico y de cazadores-recolectores  ya tienen otros sistemas más funcionales que consisten en el "me llevo esto y ya te lo pagaré" o "cógelo del fondo común" o "tienes un collar o unos zapatos muy bonitos, me los llevo". El trueque no se usa porque, efectivamente, no vale para los intercambios salvo excepciones (cambio de sal por pieles, tabaco por vestidos, donde la sal y el tabaco funcionen como moneda).

A donde quiere llegar Graeber es a que estos intercambios primigenios funcionan mediante el préstamo y el crédito, en la confianza de que lo que hoy se lleva uno lo apunta el otro para cobrarselo algún día. Y, según Graeber, nadie prestó atención a que la deuda y el préstamo son mas antiguas que el dinero  ( un medio de pago aceptado por todos).

Capítulo 4.
Concepto: La curva de Laffer representa la relación existente entre los ingresos fiscales y los tipos impositivos, mostrando cómo varía la recaudación fiscal al modificar los tipos impositivos. Fue difundida por el economista Arthur Laffer en 1980, aunque cinco siglos antes el economista nor-africano Ibn Jaldún ya había teorizado sobre la relación entre los tipos impositivos y la recaudación, y también John Maynard Keynes unos pocos años antes. (extraído de Wikipedia).
Reagan la puso en práctica y no funcionó.Lo importante aquí es que Laffer es considerado el padre de la economía de la oferta (de incremento de trabajo).

Capítulo 12
Una de las ideas más importantes del libro es que mucha gente quiso hacer posible la utopia de Adam Smith, como ilustrado, sobre el libre mercado como una forma de crear un enriquecimiento general. Luego se extendió la idea de que todo asalariado podría tener casa y  seguridad social y pensión de por vida. Sin embargo, Graeber admite que tal idea es insostenible en la práctica como tan poco lo es el crecimiento ilimitado necesario para que sea realidad. Y recuerda que la imagen del obrero inglés en una fábrica en la que cobra su cheque puntualmente y su hijo se convierte en doctor se consiguió muy tarde, en el siglo XX, y que nadie se acuerda de los otros millones de peones de las colonias que trabajaban en condiciones de semiesclavitud para los británicos, lo mismo que ahora lo hacen los niños de las fábricas de los países emergentes. [nota del lector: ver No logo, de Naomi Klein]. En este sentido critica a apóstoles de la globalización como Thomas Friedman o Nial Fergunson por creer que la globelización o los microcréditos van a erradicar la pobreza. Este cree que el capitalismo está agotado desde 1975, cuando se hizo evidente que el crecimiento ilimitado era imposible, lo mismo que pagar altos salarios por alta productividad, y que la economía solo podía crecer con deuda, salarios bajos y alta productividad. Es decir, que los préstamos fáciles para comprar casas y las tarjetas de crédito crearon en las décadas siguientes la ilusión de que cualquiera podría tener su casa. Lo que ha generado es una montaña de deuda y, tras las quiebras bancarias, solo se le ha perdonado a los bancos pero no a los deudores. Estos son pecadores por haberse endeudado. Graeber  cree que hay un cambio de ciclo y que al capitalismo tal y como lo conocemos le quedan dos décadas [nota del lector: lo mismo dice Niño Becerra en su libro sobre la crisis de 2010].
Hay dos curiosidades que comenta Graeber: que en 1971, Nixon desvinculó el dólar del patrón oro, lo que a su vez generó una elevada inflación [nota del lector: esto da algo de sentido a la razón por la que aparece repentinamente la inflación y que los monetaristas atribuyeron al efecto de las políticas  keynesianas ]. El dólar siguió aceptándose en el mundo porque era respaldado por el poderío militar.
La otra curiosidad es que, según el autor, el Irak de Sadam Husein fue invadido en 2003 porque desvinculó su moneda del dólar y la asoció al euro. [nota del lector: habría que comprobar esto en las hemerotecas]. Y la tercera curiosidad es que miles de lingotes de oro de la reserva federal están guardados en pasadizos subterraneos a escasas manzanas de las Torres Gemelas destruidas el 11-S del 2001. Cuando un país le paga a Alemania, por ejemplo, una carlinga robotizada cambia un lingote de sitio, del deudor al acreedor.
Por último, Graeber considera que la deuda por préstamos  contratados por los países emergentes es, en realidad, un tributo que se paga al país más poderoso. Aquellos países que no quieren pedir prestado se les sugiere que lo hagan. Y luego, para devolver el préstamo, aprieta las tuercas el FMI. [nota del lector: En línea con otros autores, como Stiglitz, Graeber considera que el FMI es un instrumento para garantizar que los acreedores internacionales cobran puntualmente]
En conclusión, Graeber viene a decir que a lo largo de la historia hubo varias crisis de deuda que llevaron a la esclavitud a muchos deudores insolventes hasta el punto de que los gobernantes borraron la "pizarra" y anularon las deudas como en el año del Jubileo de la Biblia, donde se perdonan las deudas. A lo largo de la historia también ha habido cambios de moneda real por "virtual", lo que pasó en la Edad Media (donde se operaba con monedas romanas inexistentes) y en la actual era electrónica.


(en próximas semanas continuará el resumen)



martes, 1 de enero de 2019

"Los señores de las finanzas", de Liaquat Ahamed (2009)

Resumen del libro: "Los señores de las finanzas", de Liaquat Ahamed (2009)


Sociología, estructura social, estructura económica, historia del sistema financiero

Comentarios y resumen de E.V.Pita, licenciado en Sociología y Derecho.

Resumen original y actualizado en el siguiente link:
 http://evpitasociologia.blogspot.com/2012/04/los-senores-de-las-finanzas-de-liaquat.html

Título: "Los señores de las finanzas"
Subtítulo: Los cuatro hombres que arruinaron el mundo.
Título original: "Lords of finance"
Autor: Liaquat Ahamed (2009)
Premios: Pulitzer 2010

Editorial en España: Deusto

Liaquat rescata la historia de los cuatro presidentes de los bancos de Inglaterra (Montagu Norman), Francia (Emile Moreau), Alemania (Hjalmar Schacht) y la Reserva Federal de Nueva York (Benjamín Strong), considerados en los años 20 como el club más selecto del mundo. En aquel tiempo los bancos centrales eran privados y su papel era vigilar el patrón oro que compartían 59 países y asegurarse que no hubiese inflación.

En los primeros capítulos, Liaquat explica la Belle Epoque en la que el libre comercio internacional y los avances tecnológicos creó una época de bonanza aunque en los ultimos años previos a 1914 hubo temor a una guerra, que los expertos auguraron corta porque era contraria al crecimiento económico de los países.
El autor cuenta la estrafalaria vida de Montagu Norman o la escalada social de Schacht hasta los días en que comienza la contienda de la Primera Guerra Mundial.
Tras estudiar los cuatro perfiles profesionales y de clase social de los cuatro directores de los bancos centrales, Liaquat comenta que en los albores de la Primera Guerra Mundial, un grupo de banqueros de Wall Street se reunió secretamente en una isla de cazadores de Georgia para montar un banco central de Reserva Federal de EEUU aunque luego el Senado lo descentralizó aunque pasó a ser el de Nueva York el más importante y el que tomaba las decisiones. En aquellos tiempos, regía el patrón oro.
Respecto a la Guerra Mundial, las bolsas se hundieron a medida que Austria invadía Serbia, Rusia entraba en guerra, Alemania invadía Bélgica e Inglaterra y Francia le declaraban la guerra. Francia puso a salvo sus reservas de oro como tenía planificado y el banco central alemán ya había acumulado suficientes reservas para financiar un año la guerra. Todos daban por supuesto que el conflicto duraría un año hasta que se agotase el dinero pero duró cuatro porque pidieron préstamos. Al final del conflicto, hubo 10 millones de muertos aunque solo fue devastado un pequeño territorio de Bélgica, las monedas europeas perdieron entre 2 y 4 veces su valor, EEUU tenía el doble de reservas de oro y Europa dificultades económicas y sociales, ya que el Imperio Alemán desapareció.
En el siguiente capítulo, Liaquat describe las negociaciones para fijar la indemnización de guerra de Alemania, que estimaron en 100.000 y rebajaron a 12.000 millones de dólares. Keynes advirtió en un libro que Alemania solo podría pagar 6.000 millones sin poner en peligro al resto de la economía mundial. No le hicieron caso y los alemanes asumieron el pago de la deuda y la pérdida de territorios, lo que, a la larga, generó resentimiento entre los perdedores.
En el siguiente capítulo, Liaquat explica cómo se produjo la hiperhinflación en la República de Weimar de Alemania tras la devaluación del marco, donde la gente cobraba varios billones de marcos y el director del Banco Central continuaba la emisión de billetes porque así se lo pedían los gobernantes, lo que no hacía más que alimentar la hiperhinflación. Cuando cobraban el salario cada día, los trabajadores tenían media hora para gastarlo antes de que perdiese su valor.
Hay una frase de Liaquat sobre la economía alemana y su perfectamente engrasada maquinaria burocrática: "El kaiser Guillermo II dirigía el pais como una fábrica".
Respecto a los gobernadores de los bancos centrales, cada uno tenía su estilo. Strong procedía de una familia rica vinculada a la banca J.Morgan que representaban a los bancos más poderodos. El inglés Montagu procedia de un entorno aristocrático y el banco central se transmitía por turnos entre las siete familias más adineradas de Inglaterra desde el 1600. Por parte del francés, este era un servidor del Estado, y Sachs, el alemán, otro funcionario.

En el capítulo 8, Liaquat explica que Estados Unidos reclamó las deudas a los aliados, lo que generó malestar entre los europeos. Solo Inglaterra debía 5.000 millones aunque los demás debían a Londres 11.000 millones. Keynes tuvo un plan que consistía en que EE.UU. prestaría dinero a Alemania para que pagase a los aliados y estos a EE.UU. pero el plan fue rechazado. Mientras, Europa estaba arruinada y algunos reprochaban a EE.UU., al que apodaban el usurero tío Shilock, que hubiese entrado tarde en la guerra y que fuese el único país beneficiado. Calvin Coleridge acabó por decir: "Pero ellos lo pidieron prestado,no?".
La idea de separar las deudas y de las indemnizaciones fue la tesis americana, que consideraba que la multa a Alemania le disuadiría de iniciar otra guerra y que las deudas no deberían perdonarse porque los prestamos había que pagarlos. Keynes recomendó a los deudores ganar tiempo para desesperar a los acreedores. Así, los británicos pagaron 80 céntimos por dólar, los franceses 40 y los italianos menos.

El capítulo 9 está dedicado al patrón oro. Tras la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos acumulaba la mayor parte de las reservas de oro mientras que otros países, con cuantiosas deudas de guerra, tuvieron que hacer frente a una elevada inflación (3 o 4 veces el valor de la moneda antes de la guerra), lo que perjudicaba a los ahorradores , o a la de devaluación de las monedas y un proceso de deflación y caída de precios. Keynes hizo una fortuna de 120.000 dolares apostando a que las monedas europeas como el marco, franco o libra se desplomarían, lo que así ocurrió. Otra idea de los directores de los bancos centrales era cortar el crédito para reducir el valor de la moneda y ajustarlo al valor del oro pero a costa de generar una recesión y crear millones de parados [Nota del lector: parece una situación similar a la crisis de 2008]. Esta política monetaria de apretarse el cinturón dio sus frutos en EE.UU., que tras varios años de privaciones volvió al crecimiento. Keynes dijo que había que abandonar el patrón oro, algo que en realidad ya hacía Strong, el director de la Reserva Federal porque retiró de la circulación el oro y creó un sistema de cambio por billetes, en concreto del estable dólar. Pronto descubrieron otros trucos como subir o bajar los tipos de interés de la moneda en función de si la economía se recalienta o hay que generar crecimiento [nota del lector: algo que hoy es muy común]. Otra idea fue que el banco central interviniese en el mercado continuo mediante la compra de deuda pública.

El capítulo 10 aborda los intentos de Alemania para estabilizar su moneda desprestigiada por la hiperinflación. Schacht, que aun no presidía el Reichsbank (a cargo del viejo Havenstein, padre de la hiperinflación), econsiguió eliminar el Reichmark y pasar al Rentenmark, una moneda que estaba respaldada por la tierra ya que Alemania carecía de reservas de oro. Tras un corte en el grifo del crédito y una reducción de la cuarta parte de los funcionarios, la nueva moneda se estabilizó y los agricultores volvieron a llevar sus productos a los mercados y la economía volvió a generar confianza. El siguiente paso de Schacht fue contactar con el banco de Inglaterra para que autorizase la concesión de créditos a Alemania y aplazase el pago de deuda de guerra. El plan era comprar oro a EE.UU.

En el capítulo 11, el Banco de Inglaterra en 1924, tras la visita de Shacht, decide apoyar a Alemania, que propone basar su nueva moneda en la libra esterlina. La posterior comisión Dawes, integrada por prácticos americanos liderados por el general Dawes, logra avanzar en la solución de la deuda de guerra pero sigue sin determinar las indemnizaciones, que oscilaban entre los 8.000 y 12.000 millones de dólares. La clave del plan Dawes era que EE.UU. concediese créditos al Reichsbank, este pagase sus deudas a los aliados y a su vez estos saldasen los créditos de guerra con EE.UU. pero "nadie podia predecir qué pasaría cuando la música dejase de sonar".
Durante las deliberaciones, el franco se desplomó hasta que la banca Morgan concedió un préstamo de 100 millones a Francia. J.P.Morgan se convirtió en una agencia de préstamos internacionales de máxima influencia.

En el capítulo 12, aborda la decisión del ministro de Hacienda, Winston Churchill, de volver al patrón oro a pesar de que Keynes le advirtió de que estabilizar la libra un 10% supondría aumentar el paro, cerrar empresas y entrar en recesión mientras Francia seguía creciendo pese a tener un franco inestable. Pero Churchill le hizo caso a Norman, del Banco de Inglaterra, que a su vez estaba de acuerdo con Strong, de la reserva federal Norteamericana. Lo cierto es que la mayoría de las reservas de oro estaban almacenadas en EE.UU. pero así no tenía con quien comerciar. Que Inglaterra volviese al patrón oro fue un grave error y a los dos años los mineros hicieron huelga. La City londinense había cedido su puesto a Wall Street.

En el capítulo 13, aborda las maniobras de la Banque de France, gobernada por 200 familias, para estabilizar el franco. Moreau quiso evitar una recesión en 1926 y mantener las exportaciones francesas competitivas por lo que compró francos para mantener estable la moneda en 25 Francia por dólar pese a la oposición de las familias Rothschild y Wendel. Los colaboradores de Moreau creían que el tipo de interés era la clave que decidiría los pagos de la guerra. Era una vía intermedia entre la inflación alemana, que beneficiaba a los deudores y castigaba a los ahorradores, y la inglesa, que penalizaba al contribuyente.

El capítulo 14, está dedicado al boom de la burbuja inmobiliaria en Miami en 1927 [Nota del lector: Galbraith lo describe muy bien en su libro sobre el crack de 1929] y la duplicación del valor de las acciones en Wall Street, así como el auge de compañías como General Motors, y la entrada de divisas en Francia, país que acumula numerosas libras convertibles en francos. Por otra parte, Schacht, el mago de las finanzas alemán que salvó el marco, se convierte en el tercer banquero más influyente del mundo. Mientras, Norman y Moreau se pelean. En última instancia, los cuatro señores de las finanzas salvan una crisis provocada por el recalentamiento de la economía de Francia, lo que demuestra lo interconectada que estaba la economía mundial.

El capítulo 15, aborda las preocupaciones que se ciernen en 1926: la burbuja bursátil de EE.UU, los excesivos préstamos extranjeros a Alemania y un patrón oro cada vez menos funcional. Los banqueros se reunen en Long Island y la Reserva Federal, con un modesto recorte de los tipos, respaldó la libra facilitando el crédito y el oro volvió a fluir a Gran Bretaña. Pero no conseguían controlar la deflación y los precios mundiales seguían cayendo. Sin embargo, ya no era posible sostener la idea de que la libra pudiese cambiarse por oro. Strong, muy enfermo, fallece en 1927 tras intentar convencer a Norman del peligro de la libra.

En el capítulo 16, aborda la burbuja de Wall Street.  El Dow Jones pasó de 200 a 380 en una era feliz para los especuladores, muchas de ellas mujeres.Washington empezó a dar la alarma contra la burbuja. El Fed recibió el encargo de desinflar la burbuja sin menoscabar la economía aunque Strong, antes de fallecer (le sucedió Harrinson), había dicho que el Fed debía mantenerse al margen y esperar que el frenesí se extinguiese por sí solo. El problema se extendió a los bancos centrales europeos porque Nueva York absorbía el capital extranjero. Las presiones para reducir el crédito a los especuladores resultaron inútiles porque el dinero venía de todos lados, incluso fondos orientales. Alemania se benefició de la expansión hasta 1929, cuando entró en recesión y tenia que pagar las deudas de guerra. Se inició la conferencia Young o Dawes II, para renegociar la deuda de 600 millones de dólares anuales (el 5% del PIB) durante 37 años por otra menor de 525 que luego rebajó a 500. Keynes advirtió que así Alemania no iba a recibir préstamos ni salir de su agujero y advirtió de una crisis inminente. Empezaron a subir los tipos pero el Dow Jones seguía subiendo. Algunos empezaron a vender sus carteras en primavera. Norman advirtió que Gran Bretaña iba a salirse del patrón oro.

El capítulo 17 comenta los albores de la crisis de 1929. El Fed inyectó dinero en el mercado pero las acciones ya estaban en caída hasta el 50% del PIB (50.000 millones de dólares). Rusia tuvo que vender sus cuadros. El Fed paró sus ajustes, lo que fue un error, y la economía cayó en otra depresión y la producción cayó un 10%.

El autor ve cuatro causas de la Gran Depresión: las indemnizaciones de guerra lastraron la economia mundial, la pretensión de los banqueros centrales de volver al patrón oro, que solo sirvió para regular la moneda en EE,UU., donde se disparó la burbuja bursátil. Después de 1929, los bancos centrales pasaron a manos de directores sin la capacidad de Strong, fallecido en 1928, y Moreau se valía del banco central para temas politicos (afianzar el predominio francés) más que económicos.
El autor concluye que la Gran Depresión fue provocada por una ausencia de capacidad decisoria, por una falta de comprensión del funcionamiento de la economía. Sin embargo, las advertencias de Keynes fueron tenidas en cuenta y "desde entonces no hubo una catástrofe económica como la de 1929 a 1933". [Nota del lector: ¿y qué pasa con la de 2008-2012? ¿Es una minicrisis?]

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